
I had final cut, and I cut my own throat.
La imagen de Apocalipsis ya, de Francis Ford Coppola, es una buena marca del espíritu intrépido y excesivo de Dennis Hopper, uno de los últimos referentes de creatividad y rebeldía de Hollywood, que se despidió hoy a los 74 años de edad, víctima de cáncer a la próstata. Pocos como él para expresar las contradicciones de un autor que, además, era una estrella, proveniente de las viejas canteras de la industria, donde a los 20 ya había actuado al lado de James Dean en Rebelde sin causa y Gigante. Década y media después forjó su propia leyenda con sus míticas Easy Rider (1969) y The Last Movie (1971), filmada en nuestro país. Justamente con esa película empezaría a cortarse la yugular, como indica en la frase citada. Tuvo demasiados problemas con su productor, no se proyectó en el mundo durante mucho tiempo y retomó la dirección recién en los 80. En esa etapa de madurez, que siguió a una urgente desintoxicación de alcohol y drogas, se convirtió en uno de los grandes actores secundarios del cine estadounidense, luciéndose en productos tan diferentes como Terciopelo azul y Máxima velocidad. Vean un fragmento de la delirante The Last Movie.

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