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Víctima en garra del sadomasoquista

Kasa Okupada es una película de las que gusta hablar. Antojadiza en bizarrías, desprolija en imagen y sonido, salida a flote sólo por cinefilia -que es amor a filmar más que a ver cine -, tiene su encanto en el desparpajo de su hechura. Divierte el poco rubor de su director a la hora de adosar cada disparate que se le ocurre a sus secuencias, las hace imprevisibles, libertinas, empero en un contexto lóbrego, donde sólo hay víctimas y victimarios: brujas, sadomasoquistas y sus presas.

¿Es estridente la visión del director Rafael Arévalo acerca de la juventud? No tanto. Las distracciones de hoy poco tienen que ver con fresadas. Si de algo se permite reflexionar el director es sobre el estado de esta juventud, sus ocupaciones y de cómo estas degeneran a vicios fatuos y perversos, aunque los muestra lúdicamente, cual videojuego RPG.

Kasa Okupada narra sobre los preparativos de un sacrificio humano a cargo de un par de brujas, no obstante, desvaría en el trayecto al epílogo. En la ficción de Arévalo son abarrotes del mercado negro “lágrimas de gato hermafrodita”, artículo no excéntrico mas sí muy ridículo que está al alcance de un dealer metalero, quien luego se enfunda una máscara de luchador mexicano en pos de venganza. Apuntemos, con sorna, que las brujas que sacrifican pordioseros son chicas de boutique, los irracionales sadomasoquistas son vagos de clase media: jóvenes crapulosos que, inclusive, conviven con invisibles consejeras de esotería. Sin olvidar a la monja no virgen que pasea sus penas por Breña y Cercado, en las más desconcertantes escenas gratuitas de la película.

Arévalo acomoda sus recursos al servicio de su producto. Supera la traba de contar con un sonido directo de baja audición –propio de la cámara LD (low definition) que utiliza-, adecuando su película a las características de una silente, en la que delega a la música el tono del drama y/o acción.

kasa okupada

Las escenas en interiores están grabadas sin el micrófono ambiental de la cámara, les descarta el sonido directo para sonorizarlas íntegramente con rock, creando una atmósfera dark casi aislada de la realidad, como si sucediera todo en un videoclip fantástico. En algunas situaciones la música se sincroniza con los actos, se funde en el vértigo y acierta su inclusión, sin embargo, en la mayoría de los casos la misma música se percibe acelerada en torno a los acontecimientos, entorpece los planos cerrados donde se producen los diálogos, los recarga. La música está en un primer plano en la película sin requerirlo, dejando extrañar algunos silencios para distender el visionado.

El micrófono ambiental vuelve para las escenas en exteriores, que más que escenas son transiciones efímeras hacia los encierros, prolongados y determinantes en la sucesión del relato. El viento apenas de deja sentir al oído y de inmediato se superpone más música, de presencia permanente en todo el largo.

Por su condición de película silente, aparecen los carteles para los diálogos, a los que se les da buen uso. El acierto en su utilización evidencia al director como seguidor del cine de la etapa primigenia. Los parlamentos son cortos y contundentes, lo cual agiliza el devenir de la historia, algunos son pretenciosos pero siempre dejan datos implícitos que logran mantener el interés hasta el final sobre la develación de algunas cuestiones y definiciones.

En Kasa Okupada, Rafael Arévalo ha plasmado una parafernalia sórdida, aceptable a regañadientes en una pesadilla narrativa, de inicio-nudo-desenlace, donde todos podemos ser personajes del mal. Se gesta en lo caótico y nunca deja de enrevesarse. En esa intención de auto-anudarse radica su principal atractivo, en su deseo de ser rara sin notarse posera.

Kasa OkupadaKasa Okupada. Dir. Rafael Arévalo | 66 mins. | Perú

Intérpretes: Ricardo Canales (“Víctima”), Tilsa Otta Vildoso (“Trash”), Isabella Melody Moore (“Isis”), Lana (“Lovecraft”), Molly Cocodrilo (“Ánima”), Claudia Mendoza (“Hermana Celeste”), Julio García Sifuentes (“Padre Francisco”), Roberto Cuba (“Torturador 1”), Rafael Arévalo ( “Torturador 2”), Marta Postigo (Martirio) y Jorge Pérez Ruibal (“Jodorowsky”).