Nunca me abandones (2010)

Never let me go
Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley

A imagen y semejanza

Recuerdo haber leído con gula y ansiedad la primera novela de Alex Garland, La playa (1996), llevada al cine, de manera mediocre, por el oscarizado Danny Boyle en 2000. Garland entró, posteriormente, a formar parte del cine con la escritura de guiones donde la ciencia ficción es un ingrediente principal. Mark Romanek es un artista mimado por el MoMA de New York gratificando su delicado trabajo audiovisual. Las estrellas más rutilantes de la música han recurrido a él para sus videos musicales (Madonna, David Bowie, Beck, Michael Jackson, Keith Richards, Lenny Kravitz, Coldplay) y es autor de Retrato de una obsesión (2002).

El japonés nacionalizado británico Kazuo Ishiguro es un escritor con una sensibilidad extraordinaria, que mira al interior de sus personajes devaluando el exterior o escenario. Autor, entre otros títulos de The Remains of the Day (1989) o Cuando fuimos huérfanos (2000): “creador de atmósferas muy singulares, que oscilan entre recuerdos personales y los acontecimientos históricos de la época que rodea a sus personajes y sus países, moviendo su pluma con absoluta delicadeza de cuidadoso mayordomo inglés”.

La colaboración entre estos tres suntuosos artistas no podía sino dar una de las películas más sugerentes, cautivadoras y magnéticas de los últimos meses, me refiero a la adaptación que los tres han realizado de Nunca me abandones (Never Let Me Go), la última novela de Ishiguro.

Situada en lo que podríamos llamar chic sci-fi, en la que prevalece lo emocional sobre el adorno del mundo físico en el que se sitúe a los personajes. En este caso una sociedad, aunque ambientada en las últimas décadas del siglo XX, su tecnología médica ha centrado su lucha contra la enfermedad en la creación de clones para extraer sus órganos. ¿Cuál es la diferencia que marcan sus responsables, especialmente el realizador Mark Romanek con respecto a otros proyectos de temática similar? Recordemos La isla, artificioso producto de Michael Bay, o la más similar en su magnitud poética con la que nos ocupa, Blade Runner, de Ridley Scott, cuestionando el alma de los replicantes y su deseo de alargar sus vidas.

Never let me goNunca me abandones podría tener muchas lecturas, en realidad podríamos considerarla la película de las mil metáforas, tantas como espectadores la degusten, y se interroguen sobres sus simples propuestas asimilándolas al automatismo del propio ser humano y el sentido de la vida, o si hemos cumplido con nuestro cometido, si es que tenemos alguno. Al fin y al cabo nos comportamos de manera tan autómata como cualquier androide programado, y a veces, cuando el amor entra en esta realidad todo da un vuelco y se transforma en humanidad, deseos, envidias, venganzas, sufrimientos, crear y sentir, el arte como espejo del alma.

A través de escasamente tres personajes, Kathy, Tommy y Ruth que forman un ménage à trois muy particular se debate sobre la copia y su origen (la evolución que ha traído al hombre nos lleva hacia su copia), tesis que ya debatió Kiarostami en Copia certificada. Sumar a ello un colegio a lo Harry Potter llamado Hailsham, arquitecturas y paisajes cuyo clasicismo crea un extraño contraste con el fantastique de la propuesta; unos pocos secundarios que dan sombra al filosófico y melancólico argumento. ¿Es realmente más humana la vida de la directora del centro y de la tal Madame que la de sus pupilos?

La narrativa, la estética, la historia de estos tres clones y su devenir está expresada con un equilibrio en lo esencial, difícil de ver en el cine, ya sea de autor, ya mainstream. El lenguaje de las pequeñas cosas que tan bien recoge Ishiguro en sus novelas es mostrado fielmente en esta desesperada adaptación: los pequeños objetos del mercadillo de Hailsham; la cassette que escucha Kathy; los dibujos de Tommy; el caballito de la infancia de Ruth; la sentada de los tres personajes frente al mar otoñal; las frías estancias de los hospitales y los movimientos gélidos de los médicos; y esas miradas tan bien trabajadas por los tres actores, especialmente Andrew Garfield (lo mejor de La red social) y Carey Mulligan.

Hay cierta angustia en cada plano, en la infancia tan ausente de conflictos, en el miedo a traspasar cualquier verja, en la mirada angustiosa pero resignada a las profundidades de su finalización, en el amor desesperado desde la infancia. Hay un estelar trabajo de guión, cinemático y literario unido a un estudiado movimiento y expresividad de sus actores que convierten a Nunca me abandones en lo mejor de la cartelera.

Nunca me abandonesNever Let Me Go

Dir.: Mark Romanek | 105 min. | Reino Unido y EE.UU.

Intérpretes: Carey Mulligan (Kathy), Andrew Garfield (Tommy), Keira Knightley (Ruth), Charlotte Rampling (Srta. Emily), Sally Hawkins (Lucy), Isobel Meikle-Small (joven Kathy), Ella Purnell (joven Ruth), Charlie Rowe (joven Tommy).

Guión: Alex Garland.

Estreno en España: 18 de marzo de 2011.

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2 comentarios

  1. Lazaro
    26 de abril de 2011 at 13:42 — Responder

    muy buena crítica, la película recoge esta atmósfera literaria y nos inserta en un contexto ficcional, que, sin embargo, no deja de reparar en pequeñeces que nos humanizan y llenan la vida de sentido.

  2. pepe
    20 de abril de 2012 at 19:58 — Responder

    Pues a mi me sorprende que si esta basada en los años 50 muestren una cinta de cassete . extraigo de wikipedia

    En 1963, la casa Philips lanzó al mercado los primeros reproductores-grabadores para cintas de casetes y las primeras cintas en 1963.

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