Antes de 1982, Woody Allen dejó sólo unas cuantas veces de estrenar una película cada doce meses. A partir de esa fecha, entrega puntualmente al año un producto dirigido y escrito por él. Llueve o truene.

En compañía de Diane Keaton o Mia Farrow, en la ficción y la realidad, o junto a la joven surcoreana con la que vivió un escándalo a principios de los años 90. Actuando o sin actuar, con presupuestos mayores o menores, en su querido Manhattan o en Europa. Y entonces lleva más de 40 largometrajes y siente que ya puede hacer lo que quiera en la pantalla, habiendo hecho al menos una docena de obras maestras o notables. Hacer una película, prepararla, filmarla, pulirla, es un hábito de vida para Woody, que en diciembre próximo cumplirá 77 años.

Desde mediados de los años 90, a menudo un sector de la crítica recibe sus obras con un gesto de reclamo, acentuando el hecho de que el estreno de turno “no es lo mejor de él” y preguntándose para qué sigue filmando. Hasta nuestro Nobel Mario Vargas Llosa, habitual distraído en temas cinematográficos, lo menoscaba al ponerlo, en medio de su rollo de la civilización del espectáculo, como signo de una supuesta decadencia autoral en el cine mundial que sólo él ve. Efectivamente, las últimas dos décadas de la filmografía de Woody, de tránsito a la vejez, no mantiene un nivel uniforme pero tampoco lo pretende, porque le ha encontrado el gusto a realizar obras menores en medio de un catálogo tan amplio, rico y continuo.

De Roma con amor se ubica con desenfado en la Città Eterna y juega con una serie de símbolos de la italianidad. Entre otros personajes, disfruta su tono liviano en el tenor insospechado que sólo proyecta toda su voz cuando está bañándose en la ducha, entonando los clásicos de la ópera cual Paul Potts antes de un concurso televisivo; y en el italiano promedio que trabaja anónimamente día a día para sacar adelante a su familia y de pronto se ve asaltado sin razón alguna por los paparazzi, esa suerte de pandilla urbana que Fellini bautizó hace más de medio siglo en La dolce vita, que lo convierten en celebridad y objeto de noticia de su cotidianidad más pedestre, si se afeita, se sirve mucho azúcar o le pica una pierna.

Para ello, el autor utiliza dos intérpretes muy distintos y complementarios. Un verdadero cantante prestigioso, Fabio Armiliato, que es reconocido básicamente por los italianos y debuta como actor en el rol de Giancarlo, el hallazgo del viejo productor que encarna Woody, y uno de los comediantes más característicos de su país, Roberto Benigni, como Leopoldo, la efímera figura–rehén de los medios de comunicación. Asimismo, en esta trama coral hay un amorío frustrado entre la inocente y fiel Milly y un divo maduro que ella admira, y los papeles, más gruesos y menos satisfactorios, de Alec Baldwin, como un conocido y veterano arquitecto, y Ellen Page, como una inestable y emergente actriz.

De esta manera, al igual que muchas cintas de Allen –no sólo “Celebrity”–, De Roma con amor gira en torno de los tortuosos mecanismos de la insulsa fama, como un sistema con vida propia que no deja de buscar ejemplares incluso entre los menos llamados, una idea ya desarrollada en Pícaros ladrones. Aunque no deja de haber trazos arbitrarios y toques de surrealismo a lo Buñuel, sobre todo en las situaciones que afronta Benigni, todo está filtrado por una mirada risueña, levemente cáustica, y alejado de acentos más amargos y cínicos.

Así como en Medianoche en París, pero sin alcanzar el nivel de esa cinta, el relato respira el aire de las calles históricas de la ciudad, su arquitectura, sus sitios arqueológicos, y muestra a los turistas norteamericanos extraviados en ellas, en un marco general de fáciles cruces y encuentros infieles en una capital que luce ansiosa, divertida y cercana.

To Rome with Love

Dir. y Guión: Woody Allen | 112 min. | Estados Unidos, Italia y España | 2012

Intérpretes: Woody Allen (Jerry), Penélope Cruz (Anna), Roberto Benigni (Leopoldo), Alec Baldwin (John), Alessandra Mastronardi (Milly), Ellen Page (Monica), Fabio Armiliato (Giancarlo), Jesse Eisenberg (Jack), Judy Davis (Phyllis), Ornella Muti (Pia Fusari).

Estreno en el Perú: 16 de agosto de 2012