“El cine indígena también puede ser artístico”. Conversamos con los directores de “Río verde”, filme peruano estrenado en la Berlinale 2017

Conocí a Diego Sarmiento el martes pasado en la Berlinale. Fue casualidad, pues la entrevista que teníamos pensada sería aun días después. Lo vi a la entrada del Instituto Cervantes de Berlin, saliendo de la misma mesa redonda sobre Cine Iberoamericano a la que yo había ido. Vi que se detuvo a disfrutar por unos segundos el sol, que tan poco se había mostrado en la ciudad en los últimos días. Me llamó la atención la calma que Diego irradiaba a pesar del gesto vigilante de sus cejas. Me presenté, él abrió los ojos y me saludó con una sonrisa. A los pocos minutos caminábamos junto a sus dos acompañantes, Jair Guillén y una amiga de ellos. Me enteré que Diego vive en Cusco, mi ciudad natal y que sin saberlo nos unía el mísmo círculo de artistas. Tarde o temprano nos íbamos a conocer. Conversamos hasta llegar al Potsdamer Platz y quedamos en ponerle fecha concreta a la entrevista. De despedida, también una sonrisa y mi consejo de visitar Kreuzberg, el barrio más polícromo de todo Berlín (y obviamente con los mejores puestos de kebaps).

Horas más tarde fui al Delphi Palast a la premiere de Río Verde. El tiempo de los Yakurunas, el único largometraje peruano que se presentó en esta edición de la Berlinale. La sala estaba llena y las expectativas eran grandes. Pronto me encontraba sumergida en una excursión de 70 minutos por uno de los pasajes más íntimos del Amazonas. Sin contar con un narrador en off, la película de los Sarmiento nos contaba la historia de distintos personajes, nativos de la selva, unidos por el cauce de un río ancho y (aparentemente) calmo. Calmado era también el ritmo de las escenas, el tiempo parecía diluirse como el agua que se te escapa entre los dedos. El único elemento que parecía marcar el inicio y fin de la historia eran los cánticos de un hombre que permaneció invisible detrás de la pantalla.

Rio verde - Berlinale 2017
Los directores Alvaro y Diego Sarmiento, junto a Jair Guillén (der.), codirector de fotografía de “Río verde”, en la Berlinale 2017.
Observo por unos segundos a mi alrededor y la sala entera está sumergida también en el absoluto silencio de la contemplación. Veo ojos que no parpadean y bocas entreabiertas. La historia sigue y con ella el sinfín de detalles en la vida de los Yakurunas. No aquellos de la leyenda, sino unos de carne y hueso que parecen haberse acostumbrado a la presencia de la cámara, asumiéndola casi como a un niño curioso que quiere entender los secretos del fuego y de la caza. La vida de estos Yakurunas se desenvuelve lentamente ante el espectador, mostrándose sin un objetivo definido, así como la realidad del día a día se desenvuelve ante los ojos de cada uno. La diferencia está en que la suya es una ventana abierta a otra realidad, aparentemente inimaginable y ajena a la mayoría. Los Yakurunas existen, me di cuenta de eso al final del filme. Salí de la sala con mil preguntas en la cabeza, con muchas ansias por la entrevista con los directores.

Aquel jueves, también soleado, los hermanos Sarmiento tenían una entrevista con la Deutsche Welle. Esperé pacientemente a que terminaran para, al fin, poder empezar con mis preguntas. Alvaro traía una camisa roja y antes que nada guardó sus lentes con detalles del Festival de Locarno. Mientras él se arreglaba el cabello, llegó Diego con un sweater verde, camisa blanca y un diminuto pin rojo del oso berlinés. Estamos en el Berlinale Lounge, el pabellón de prensa. Después de una pausa para las fotos de rigor frente a la conocida pared azul del festival, empezamos:

¿Cómo surgió la idea para hacer “Río verde”?
Diego: Hace cinco años fuimos a hacer un taller de video documental para niños y jóvenes en la amazonía peruana y nos terminamos quedando ahí casi un año. Por medio de ese taller conocimos a otras personas y en el mismo taller surgió el cortometraje Hijos de la tierra que estuvo en Berlinale Generation del 2014. Los niños que aparecen en ese cortometraje nos presentaron a sus padres, a su familia y ellos son algunos de los personajes del documental “Rio Verde”. Nosotros vivimos entre el Cusco y la amazonía, y a partir de ahí en el proceso de edición se fue construyendo la película. Hicimos varios viajes y fue Álvaro quien trabajó el material con los editores. La edición demoró bastante tiempo.

¿Cómo se formó el equipo con el que trabajaron?
Álvaro: Diego fue quien hizo más trabajo de cámara. Trabajamos con una asistente de sonido rumana que conocimos en el Talent Campus de Berlin 2014. Marco Panatonic fue nuestro asistente de sonido, él vive en Cusco y es un conocido nuestro desde hace ya un par de años. Jair Guillén es amigo de Diego, estudiaron juntos en la Universidad Católica. Alex Cruz y Fabricio Deza son nuestros dos editores, con quienes ya tenemos años trabajando y apreciamos mucho el trabajo que hacen. Todos vivimos en Cusco, entonces es muy fácil reunirnos y trabajar juntos. Es como una pequeña comunidad de cineastas.

¿Por qué titularon a su película como “El tiempo de los Yakurunas”?
Diego: Es un título metafórico. Literalmente “Yakurunas” son las personas que habitan debajo del agua, pero esta película no es sobre esas personas, sino sobre aquellos que viven cerca de los márgenes del río. Entonces, es un termino poético en quechua que nos gustó, es una leyenda muy difundida en la Amazonía con alto valor representativo.

Ustedes dejaron Lima por Cusco y la selva hace ya varios años. ¿Cuáles fueron sus motivos?
Alvaro: Bueno, nuestro primer documental sobre La Oroya fue como un retorno a nuestras raíces, porque nuestra madre es de Huancayo. Nuestros abuelos son de Cerro de Pasco y nuestro segundo documental fue en Cerro de Pasco. Entonces es una cuestión familiar, es volver a nuestras raíces a través del cine y mostrar la realidad de estas regiones.

Además no me identifico con el cine que se produce en Lima. Precisamente por la calidad de cine que se hacía en Lima, la no representación de la población indígena o su aparición muy en segundo plano, siempre como sirvientes, etc. A mí eso me enfadaba bastante. Yo me retiré de la Universidad de Lima y me fui a estudiar a Brasil por cuatro años. Fue ahí que aprendí lo que era el cine indígena. Hice mi tesis sobre la ONG “Video nas Aldeias”, que hace 25 años enseña y capacita a los indígenas para hacer películas, tanto en teoría como en técnica. Yo volví de Brasil con el deseo de hacer ese tipo de cine, ese era mi compromiso.

El tema de las comunidades nativas en Perú no aparece con frecuencia en la prensa y tampoco está muy presente como motivo artístico. ¿Qué quieren lograr al interesarse más en las comunidades indígenas del Perú?
Diego: Eso depende de cada producción. No es que haya siempre el mismo objetivo en todas nuestras producciones, pero nos interesa revalorar, mostrar y difundir la cultura indígena.

Alvaro: Si bien nuestras producciones anteriores se han visto poco en Perú, yo creo que sí existe un público al que le interesa la producción cultural. El interés por ver un documental significa que ese espectador quiere aprender algo. Este tipo de cine tiene una función educativa. En cuanto a “Río verde”, si se estrena comercialmente en Perú llegaría a 5 mil o 10 mil espectadores, pero creo que fácilmente podría ir a 50 festivales, como nuestros cortos anteriores que han estado en un promedio de 30 a 40 festivales. Digamos que por festival lo vean mil espectadores, en total serían unos 50 mil espectadores a nivel mundial. Es un número importante, a pesar de ser pequeño en comparación un blockbuster. A la gente sí le interesa este tipo de temáticas que nosotros presentamos y creo que con eso todos estamos felices.

En “Río verde”, para distanciarse de la mirada etnográfica, ustedes tratan de transmitir la sensación del tiempo que se vive y percibe en la selva. ¿No es un poco peligroso jugar con este concepto, pensando en un público más amplio?
Alvaro: A mí me interesa hacer un cine autoral. Es definitivamente para un público más restringido, al que le gusta un tipo de películas sobre culturas, el llamado World Cinema. Por ejemplo, hay gente que disfruta conocer la gastronomía de Tailandia o Vietnam a través del cine. Hay gente que disfruta películas muy pequeñas. Nosotros apuntamos a ese público, que quiere descubrir otras partes del mundo, poco exploradas a través del cine. “Río Verde” no es una película comercial para nada, no buscamos apelar a un público grande. Es una película que es como una pintura, para expresar nuestra propia sensibilidad artística y el que la disfrute, ¡bienvenido!

Diego: Así como hay cine de animación, de ficción, de género, nosotros creemos que también podría haber cine arte indígena, cine ficción indígena, cine de animación indígena, cine creado por los mismos indígenas, etc. El cine indígena no tiene que ser solamente de protesta contra algo, también puede ser algo más artístico. Y eso es lo que nos interesa difundir, hacer una paleta de tipos de cine indígena.

¿Qué ventajas concretas les ha dejado esta Berlinale?
Diego: Por un lado, a nivel de distribución, estrenar en la Berlinale es muy importante, porque ya hay más facilidades para mover la película en otros festivales. Se forma una especie de red a partir de lanzar tu película en un festival grande como este. En cuanto a fondos, no hay beneficios necesariamente. Esta es la tercera vez que estamos en la Berlinale, pero eso no significa que siempre se gane algo en cuanto al concurso. Eso depende del jurado.

Función de “Río verde” a sala llena, en el Zoo Palast de la Berlinale. (Foto: Sonia Ortiz)

Pasando al ámbito nacional. ¿Se puede vivir de cine a tiempo completo en Perú?
Diego: Bueno, todo es posible. Eso depende del tipo de comodidades que uno busca. Actualmente sí nos dedicamos a nuestra producción al cien por ciento.

Alvaro: Yo sí creo que se puede vivir del cine. Nosotros vivimos de esto, pero de una forma muy modesta. Desafortunadamente no siempre ganamos premios del gobierno, porque es un sector muy competitivo y a veces al jurado simplemente no le interesa lo que nosotros hacemos, a pesar de que ya tenemos cierto espacio ganado a nivel internacional. Pero con dinero o sin dinero nosotros vamos a continuar haciendo nuestras películas.

Ahora que Salvador del Solar es el Ministro de Cultura, ¿creen que estamos un pasito más cerca de tener una nueva ley de cine?
Diego: Yo creo que podríamos estar más cerca, es un tema político y es difícil. A veces el Ministerio de Cultura depende de decisiones del Ministerio de Economía y de otras entidades. Puede haber una buena predisposición, pero igual se necesita una fuerza del gremio, de la pequeña industria de cine que hay en el Perú. Eso no depende solo de Salvador. Sin embargo, definitivamente la nueva Ley de Cine es ahora más posible que antes. Pero también es importante que se apoye a todas las artes y no solo al cine, porque es el conjunto lo que representa al país.

De alguna manera ahorita nosotros estamos representando al país y es como un premio poder ser parte de la Berlinale, pero ese no es el objetivo final. Sí debería haber un poquito más de apoyo. Por ejemplo, nosotros hemos ganado el concurso de DAFO y Promperú nos ha apoyado al menos con los pasajes para los directores –infelizmente, porque queríamos venir por lo menos también con los editores–, pero es triste comparar el compromiso de otros países latinoamericanos para con sus representantes. Las embajadas se ocupan del equipo completo, les ayudan económicamente, ya que es costoso venir en grupo desde Latinoamérica. Yo creo que por lo menos de la embajada peruana podría involucrarse un poco más en estos casos.

¿Qué próximos proyectos tienen?
Diego: No quisiéramos revelar muchos detalles, pero estamos en la etapa final de un documental que ganó un fondo del Ministerio de Cultura el 2014 [N.E.: Se trata del documental “Sembradoras de vida”], y en paralelo siempre estamos desarrollando ideas y produciendo cortos.

Alvaro: Nuestra producción es realizada siempre de una manera muy artesanal, muy familiar, muy casera, ese es nuestro estilo. Como cuando uno compra un producto hecho a mano. Por ejemplo, yo me levanto, desayuno, edito en mi propia casa, entonces no necesito trabajar como si fuera una superproducción.

Para cerrar, ¿por qué hacen cine?
Diego: Cada artista busca una manera de expresar sus emociones, en nuestro caso ha coincidido que nosotros dos hagamos esto y de alguna manera nos complementamos. Creo que estamos felices haciendo esto y este tipo de festivales aumentan las ganas y la inspiración para seguir haciendo cine. Uno se va nutriendo.

Los hermanos Sarmiento, junto a la autora de esta nota, Carmen Salas, en la Berlinale 2017.

Extra: Nuestra colaboradora Sonia Ortiz, actriz y directora radicada en Alemania, también conversó con los hermanos Sarmiento en el festival berlinés. Esta es su nota en video:

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1 comentario

  1. Elio Córdova
    20 de febrero de 2017 at 20:58 — Responder

    Felicitaciones a Diego y Álvaro Sarmiento, hay que tener coraje y pasión para hacer este tipo de cine en nuestro país. Sigan por favor.

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