[Crítica] “Valerian y la ciudad de los mil planetas”, de Luc Besson

Basada en un famoso cómic francés, “Valerian y la ciudad de los mil planetas” es un filme independiente* que pretende superar a los millonarios blockbusters estrenados año a año por las grandes productoras de Hollywood. Esto no debería resultar sorprendente, considerando que la película viene de la mano de Luc Besson, cineasta francés que por años ha filmado producciones europeas al estilo norteamericano. No obstante, aunque visualmente se trata de una de las cintas más impresionante en lo que va del año, Valerian carece de una narrativa suficientemente intrigante como para convertirse en un referente del calibre de “El Quinto Elemento”, también de Besson.

[*N.E.: El filme ha sido producido de manera independiente al sistema de estudios hollywoodense, al respecto pueden leer este artículo de IndieWire: “Cómo Luc Besson hizo un filme indie de US$180 millones que no puede fracasar”).

La película me recordó mucho a las precuelas de “Star Wars” de George Lucas, no solo en términos visuales —ambas producciones hacen un gran uso de efectos digitales de alta gama—, si no también en su estilo de actuaciones, y hasta en el tipo de historia que cuenta. Nuestros protagonistas son los agentes Valerian (Dane DeHaan) y Laureline (Cara Delevingne), quienes trabajan para el Gobierno de la Federación Humana en un futuro distante donde la raza humana interactúa y convive pacíficamente con miles de especies alienígenas en una mega ciudad flotante llamada Alfa (la “Ciudad de los mil planetas” del título).

Su más reciente misión consiste en viajar a un planeta vistoso, conseguir a una criatura poco común, y llevarla donde su Comandante, Arun Filitt (Clive Owen). Desgraciadamente, el jefe tiene otro problema entre manos: una misteriosa maldad se está manifestando desde el núcleo de Alfa, y no parece haber manera de detenerla. Además, también tenemos la historia de una misteriosa raza de bellos alienígenas celestes, quienes probarán ser importantísimos para la misión de Valerian y Laureline.

La trama de “Valerian” es muy sencilla y directa; su misión es, a falta de una mejor expresión, salvar al universo, y para ello necesitan utilizar un par de macguffins que consiguen rápidamente. Es por ello que Besson siente la necesidad de tomar desvíos de cuando en cuando, presentando escenas que, aisladamente, resultan muy entretenidas, pero que poco o nada tienen que ver con la trama. El problema de estas secuencias es que parecen servir más para demostrar la espectacularidad de los efectos visuales de la película, que para avanzar la historia o desarrollar a los personajes —un ejemplo es la gratuita escena de baile con Rihanna (que interpreta a Bubbles, una criatura que se puede convertir en lo que sea), o una secuencia de acción en donde Valerian tiene que evitar que Laureline sea devorada por un monstruoso rey alienígena. Quitamos estos momentos de la película, y la trama no cambia en lo absoluto.

Claramente, Besson está enamorado del mundo que ha logrado plasmar en pantalla, y con justa razón. “Valerian” es una cinta técnicamente impresionante, llena de imaginación, capaz de desarrollar fantásticas secuencias como la misión en el Gran Mercado, donde nuestros personajes tienen que entrar y salir de diferentes dimensiones paralelas para cumplir su objetivo. El problema viene cuando el foco de una escena es lo visual, y no lo narrativo —es en esos momentos que Besson pierde a su público, haciendo que se pregunten exactamente cuál es el punto de lo que están viendo.

No obstante, “Valerian” contiene secuencias verdaderamente espectaculares, como la anteriormente mencionada misión en el Gran Mercado, o una persecución que involucra a Valerian atravesando diferentes niveles en la gran ciudad Alfa. Los alienígenas digitales, interpretados a través de captura de movimiento, son simplemente hermosos, y el diseño de toda criatura, planeta o ciudad en la película es notable. Besson incluso llega a incluir un par de referencias a sus trabajos pasados, como unos extraterrestres que, por su diseño, me recordaron mucho a los guardianes de los Cinco Elementos de “El quinto elemento”.

Como Valerian, Dane DeHaan es convincente, desarrollándolo como un guerrero intrépido y valiente que no siempre sigue las reglas (razón por la cual cierta escena durante el tercer acto, donde manifiesta que es solo un soldado que siempre obedece a sus superiores, simplemente no funciona). Cara Delevingne es incluso mejor, cosa que me sorprendió considerando su fama como supermodelo, y su terrible trabajo en “Escuadrón Suicida” (aunque eso fue más culpa del director David Ayer que de Delevingne). Laureline es fuerte, encantadora, sarcástica y llena de vida; Delevingne convence en las secuencias de acción, y mantiene una fuerte química con DeHaan. Clive Owen está tristemente desperdiciado como el Comandante, y aunque Rihanna brilla en su gratuita escena de baile, demuestra tener un limitado talento actoral en sus escenas más dramáticas.

“Valerian” presenta una sociedad casi utópica, en donde la raza humana ha logrado convivir con miles de criaturas de todo color, tamaño, sexualidad e idiosincracia, respetándolos y aprendiendo de sus conocimientos. Resulta curioso, entonces, que la cinta esté llena de comportamientos anticuados, que contradicen lo que la historia supuestamente está tratando de presentar. Besson, un hombre blanco de más de cincuenta años, probablemente tenga una visión muy “a la antigua” del mundo, y por ende cuenta esta historia desde dicha perspectiva; pienso que “Valerian” se hubiese visto beneficiada por un guionista más joven, con un punto de vista más fresco.

El hecho de que Valerian quiera casarse con Laureline, por ejemplo, y que esté obsesionado con ello, se siente fuera de lugar, así como muchas de las interacciones entre ellos, donde Laureline aparece como la damisela en peligro (¡siempre grita el nombre de Valerian cuando la capturan!). La película comienza con una tensión sexual ya existente entre ellos; claramente se gustan, a pesar de que Valerian es un mujeriego (lo dicen… pero nunca lo demuestran), por lo que resulta rarísimo el que su único obstáculo sea el matrimonio.

“Valerian y la ciudad de los mil planetas” es una visual y técnicamente sobresaliente, y al mismo tiempo una cinta que está más preocupada por presentar criaturas divertidas, mundos maravillosos y secuencias de acción coloridas, que en desarrollar una narrativa competente. Durante la primera hora del filme esto parece ser suficiente, pero poco a poco las deficiencias de Besson como narrador se van haciendo evidentes, y la película va pasando de algo sumamente original y divertido, a un producto mucho más previsible y tradicional. El filme se mueve a un buen ritmo, pero considerando que Besson es capaz de dirigir películas más redondas como “El quinto elemento” o la gran “León: El Profesional”, uno simplemente no puede evitar sentirse decepcionado.

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1 comentario

  1. Bicou
    12 de diciembre de 2017 at 13:21 — Responder

    Me alentó a escribir este comentario las coincidencias que tengo con esta crítica. En efectos visuales, sonido, vestuario, etc, la película es 10 puntos en 10. Sin dudas, técnicamente tiene todo lo que puede ofrecer la industria del cine de hoy. Pero al terminar la película uno sale con una sensación a poco, como que no convenció… En definitiva, el cine no es solo efectos especiales.
    Observo: 1-La actriz que hace el rol de Laureline me pareció dura e inexpresiva, parece una de esas modelos rubias que desfilan en la pasarela con una mirada vacía. Hubiera merecido el papel una actriz más cálida, más atrapante, más actriz en definitiva. 2-Esa obsesión del protagonista por casarse. Por un lado se dice que es terrible mujeriego y por otro lado quiere matrimonio a toda costa. Quizás si fuera un personaje con más edad (imagino a Bruce Willis en el 5to Elemento) que estuviera cansado de tanto trajín y quisera asentarse y cambiar de vida, podría ser más creíble, pero en un muchacho veinteañero medio alocado, con una vida a mil por hora, es raro. Sin poder imaginar además cómo sería un matrimonio en esa vida espacial de tanta acción, viajes permamentes y misiones casi suicidas con riesgo de morir a cada momento baleado, cortado al medio o comido por alguna bestia. 3- Los seres del planeta que se extingue se parecen demasiado a los de Avatar, solo falta darles una mano de pintura azul. 4- El alienígena gordo y achanchado que negocia en el mercado me cayó muy familiar, ya visto. ¿Eres tú, Jabba? 5- El personaje de Clin Owen sigue clichés muuuy gastados, el mililtar duro y con mucho mando que termina revelándose como malo y jugando en contra, uno ya lo adivina y sabe en qué va a terminar. Además Owen tiene una expresión muy infeliz para hacer de malo, no asusta a nadie, a la historia le falta un malo en serio. 6-El ser pequeño y dulce que pone huevos haciendo gestos cariñosos con los ojitos, es insoportable de ver, parece salido de los Teletubbies. Me fastidió. 7- La escena final, de la pareja besándose encerrada en una cápsula, ya la vimos en el final del 5to Elemento. 8- A la película le faltó una historia de fondo, fuerte e interesante, que justificara una película tan larga (Quizás por eso resulta larga). La película dedica mucho tiempo a cosas circunstanciales, a buscar alguna cosa, a rescatar a alguien, a huir de algo. Hay momentos que uno pierde el sentido de la trama, no sabe para qué pasan ciertas cosas. 9- Muy pobre las mini historias de gritos de socorro y rescates para generar suspenso. Valerian rescata a Laureline de los monstruos gordos que la pescan, a la siguiente Laureline busca y rescata a Valerian de la caverna, y así siguen… Volvimos al cine mudo cuando todo el suspenso estaba en el rescate de alguien atado de las vías del tren………….. Esperemos la próxima de Besson, a ver si nos sorprende con algo más sólido. Lamentablemente se perdió de sacarle al jugo a Jean-Claude Mézières, que es uno de los monstruos del cómic de ciencia ficción.

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