«Rapto»: Entrevista con Frank Pérez Garland y Vanessa Saba

Luego del estreno de «Rapto», primera película del género de thriller dirigida por Frank Pérez Garland, y coescrita con Vanessa Saba, conversamos con ambos realizadores.

La película no ha logrado la acogida del público que esperaban sus productores: al cierre de su primera semana de estreno sumó menos de 20 mil espectadores. En ese contexto, en la siguiente conversación ambos realizadores comparten sus reflexiones sobre la experiencia de estrenar películas de corte comercial en nuestro medio. Detallan además aspectos de la realización de «Rapto», desde la elaboración del guion pasando por el trabajo con los actores, hasta la inclusión de una temática social inédita en el cine de Pérez Garland.

En la parte final de la entrevista, nos comenta además sobre sus siguientes proyectos, que incluyen la nueva secuela del musical con Tondero, pronta a filmarse, y otras posibles historias con un trasfondo político:

Juan Carlos Ugarelli (JCU): ¿Cómo surgió la idea de hacer una película con elementos de suspenso, acción y policial?
Vanessa Saba (VS): Fue a raíz de una conversación que tuvimos con Frank sobre la pena de muerte, una reflexión sobre ese tema.

Frank Pérez Garland (FPG): Vanessa en esa época estaba escribiendo la primera “Margarita”. Como a la mitad de ese proceso, que tomó como dos años, veníamos hablando de la pena de muerte, de la justicia y de la venganza. Y cansada un poco del género infantil, ella tuvo la idea de escribir “Rapto”. Al comienzo pensé: “Bueno, si le va a servir para distraerse un poco, mejor”. Luego ya se fue convirtiendo en una historia que empezó a tomar forma. También coincidió con que mi socio el productor Gustavo Sánchez viajó al Festival de Guadalajara el 2015 y conoció a Ignacio Rey, que ha sido coproductor de “Mi amiga del parque” de Ana Katz. Nacho se enganchó con la historia que Gustavo llevó, que era algo que podría hacerse en coproducción con otro país.

Pasando el tiempo la empresa de Nacho Rey quiebra y nos coloca con su amigo Fernando Sokolowicz, que es el productor de “El ciudadano ilustre”. Ahí es que entran los actores Osmar Núñez y Juan Nemirovsky, y entra Pablo Desanzo que es el fotógrafo. Y en el camino entra Alberto Rojas Apel a ayudar a Vanessa en el guion.

VS: Tuvimos tres script doctor. Primero fue la española Ana Sanz-Magallón, después Augusto Cabada, y Alberto Rojas entró hacia el final, el último año probablemente.

Laslo Rojas: ¿Y cómo fue el trabajo con Frank durante la escritura del guion?
FPG: Este fue sin duda el guion en el que menos he participado. Lo trabajamos así: ella me presentaba avances y teníamos sesiones de chamba, nos sentábamos a conversar durante una semana. Pero este es el guion que más he respetado durante el rodaje.

LR: Es que en el thriller el guion tiene que funcionar como un reloj, no es que puedes cambiarle muchas cosas.
FPG: Sí, y al mismo tiempo cuando haces una película pretendiendo llegar a un público amplio, no puedes ser tan sutil lamentablemente, porque el público peruano no tiene tanta capacidad como el argentino, por ejemplo. Entonces tienes que ser muy expositivo y muy obvio en un montón de cosas. En Perú tienes que meterle full música y hacer las cosas que la gente espera ver cuando paga un boleto. Igual lo disfrutas al hacerlo, yo me he vacilado dirigiendo la película.

LR: Este el primer thriller que hacen. ¿Qué referencias tuvieron de otras películas del género?
VS: La película que terminó siendo la referencia más grande fue “La sospecha” (“Prisoners”) de Denis Villeneuve. “Seven” también en algún momento, para algunas atmósferas.

JCU: Vanessa, ¿qué fue lo más difícil de escribir un thriller?
VS: Las correcciones, porque había que desarmar todo para volverlo a armar. Era como un rompecabezas cada vez que entraba a correcciones. Quería cambiar una cosita, pero se caía por acá y por allá. Fue bien trabajoso, pero también bien paja porque es un género que a mí me gusta mucho verlo y también escribirlo ha sido entretenido.

JCU: Frank, como director, ¿cuál fue el mayor reto al filmar un thriller?
FPG: Lo que fue más complicado ha sido tratar de encontrarle algo visualmente que no se parezca a lo que yo venía haciendo antes, más que el thriller per se. Porque el thriller tiene complicaciones que algunas no las he aprendido, algunas las he aprendido después de hacer la película y otras las he podido aprender en el proceso. Pero el musical y el género familiar también tienen sus complicaciones. En “Rapto” me he sentido más cómodo que en las dos “Margarita” por ejemplo.

LR: «Rapto» tiene un elemento que es novedoso en las películas que han hecho hasta ahora, que es esa mirada al aspecto social, a las diferencias de clases. ¿Lo tenían pensado así desde el inicio del proyecto?
VS: Sí, esos son temas de los que nosotros hablamos mucho y que tal vez no los habíamos abordado antes en nuestro trabajo como cineastas.

Como decía al inicio, la película surge desde una conversación sobre la pena de muerte, y eso nos llevó a tratar estos otros temas que ocupan nuestra conversación diaria. Queríamos incluirlos en una película que pretendía llegar a un cierto público masivo, porque nos parece que es una conversación que debe estar sobre el tapete. Nos gustaba la idea de lograrlo a través de una película comercial, como hacen otras producciones extranjeras, que presentan conversaciones sobre temas sociales a través del entretenimiento.

LR: Hay una frase muy dura en la película, dice algo así como: «Si quieres meter a la cárcel a alguien de clase alta, necesitas que lo haga alguien de su misma clase».
FPG: Sí, ese fue un texto de Vanessa.

VS: Veía eso por un lado, por otro lado está la búsqueda de la verdad. Porque podemos fingir que buscamos la verdad, o podemos buscarla realmente. Eso es lo que la película intenta mostrar, al menos un poquito: lo que podríamos ser como nación si es que fuéramos capaces de vernos realmente como somos.

FPG: Es que la película sí tiene un discurso político bien fuerte, solo que no lo hemos dicho hasta ahora porque la idea era hablar de la película como un film comercial, un thriller. Nunca hemos hecho esto en una película, y acá fue una decisión pensada de incluir estos temas.

LR: Frank, tú eres consciente de las críticas que has recibido a lo largo de tu carrera, señalando que solo haces películas sobre personas de clase acomodada, con problemas que para algunos pueden parecer banales…


Anneliese Fiedler y César Ritter en «Margarita».

VS: Por ejemplo, yo recuerdo una crítica de Claudio Cordero a «Margarita» donde decía que le parecía una película que sucedía en Suiza, a diferencia de «La peor de mis bodas» que sí parecía peruana. Eso no lo entendí.

FPG: Sí, yo hablé con Claudio sobre eso. En realidad, fue una opinión reveladora para mí, y esto se lo dije, porque yo no pienso en eso, la raza para mí no es un tema. Yo no diferencio a la gente por el color de piel o de etnia. Así por ejemplo, elegí a Anneliese Fiedler para que haga de cajera de un supermercado en “Margarita”, porque es una buena actriz y quería trabajar con ella, no pensé que la cajera debía tener rasgos mestizos, no se me ocurrió. Así como también tengo los halagos de Ebelin Ortiz, que me dijo que fui el único tipo que le dio el papel de una millonaria en una serie de TV. En «Mi problema con las mujeres» ella llegó a probarse el vestuario pensando, «dónde está mi uniforme de empleada», y le dijeron «no, esta es tu ropa, eres la dueña de la casa». Ese día vino y me dijo muy emocionada, con lágrimas en los ojos, que no lo podía creer. Hasta ahora repite esa anécdota. Y yo no lo pensé así, no la elegí porque era afroperuana, sino porque me parece una buena actriz.

VS: Hay una frase en la película: «Solo cuando todos seamos culpables habrá democracia». Si quieres, todo lo que les estamos tratando de decir ahora, se sintetiza en esa frase, que quiere decir, cuando todos nos hagamos responsables, y aceptemos lo que cada uno hizo, podremos empezar bien, de cero.

FPG: A propósito, recién leí una crítica que hicieron en Fandango, donde decían que la película pasaba esos temas un poco por agua tibia, o algo así. Yo digo, pero qué esperaba ese tipo, ¿que hagamos un tratamiento más duro del tema? ¡Ahí sí ya no iba nadie a ver la película! Es algo bien difícil de abordar desde una película comercial.

LR: Cuando conversé con Ricardo Maldonado sobre «Calichín», me comentaba que en una película comercial como esa igual intentaba incluir elementos en la narración que retaran un poquito más a la audiencia.
FPG: Sí, esas cosas hacíamos un montón. Por ejemplo, en «Locos de amor 2» teníamos una escena dramática de seis minutos entre Vanessa y Carlos Alcántara. Eso en «Locos de amor 1» no hubiera pasado, porque esa era una película mucho más ligera.

Esos cambios ya no se están haciendo, porque los productores ven que la primera película hizo 1.2 millones de espectadores y la segunda hizo 900 mil, entonces ya no aceptan cambios. De todas formas, «Locos de amor 2» corrió ciertos riesgos, cambiar todo el elenco por ejemplo, parece una tontera pero es una decisión que tomó un montón de tiempo. Corrimos algunos riesgos, aunque no lo parezca.

JCU: ¿Cómo fue el proceso de casting en “Rapto”?
FPG: Para el personaje de Martín habíamos estado pensando bastante tiempo en otro actor, que al final no se concretó por temas de tiempo. Por suerte a la semana apareció Alejandro Holguín. Él era más formal a la hora de hablar, muy educado, habla de forma elocuente y precisa. Y para ese personaje se necesita calle, así que ahí hubo un trabajo por hacer.

LR: Me llamó la atención el personaje de Martha Figueroa, tiene la última frase de la película, y nunca claudica en su postura.
VS: Eso fue una idea de Frank. No sé si eso se lee cuando una ve la película, pero la aristócrata es ella…

FPG: Y su esposo es como un advenedizo. Ella es de una derecha recalcitrante. Esa señora es el Perú pre Velasco que todavía sigue vigente.

LR: Cuando se enfrenta a la novia de su nieto, ahí la abuela marca las diferencias.
FPG: María Fernanda Valera, que hace de la novia, es encantadora y fue bacán trabajar con ella, pero yo quería que para ese personaje la actriz sea más blanca todavía, para que ese enfrentamiento con la abuela sea más duro, y no sea un tema de raza. Porque esa gente no es solamente racista, es clasista.

JCU: ¿Cómo fue el trabajo con los actores argentinos Osmar Núñez y Juan Nemirovsky?
FPG: Lo primero que hice fue sacarme de encima “Relatos salvajes” y las películas que Osmar ha hecho con Diego Lerman. Para mí fue muy importante restarle importancia, porque sino, no habría sabido cómo hacerlo. Cuando llegaron, con el primero que trabajé fue con Juan. Estaba muy nervioso, porque era la primera vez que trabajaba fuera de su país y le dije: “Vamos a hacer un ensayo, una escena muy rápida”. Lo hizo en un tono tan bajo que tuve que pedirle que suba, porque el nivel de los argentinos es de un gran naturalismo.

Osmar Núñez y Stefano Salvini en «Rapto».

JCU: ¿Y con Osmar qué tal fue la experiencia?
FPG: Cuando él llegó e hizo sus primeras escenas, fue una clase maestra. Hicimos un corte para almorzar y me acerqué primero donde Gustavo Bueno, y le dije medio en broma, medio en serio: “Gustavo, tenemos que hacer otra cosa, porque si no vamos a hacer un papelón”…

VS: ¿Por qué le dijiste eso?

FPG: Porque Osmar actuaba como han visto en la película. Y Gustavo y los demás estaban en un tono diez veces más arriba. Osmar era increíble, algunas escenas quedaban en la primera toma. Es de otro planeta, yo nunca había visto algo así.

LR: Tuviste cuidado para que no se note un desnivel actoral entonces.
FPG: Las escenas de Osmar tienen mucha más exigencia para Stefano Salvini, para Giovanni Ciccia y para quien estuviera al frente. A todos los que han actuado con él les pedía: “Mantén un tono más bajo, ten cuidado con la voz”. Las escenas que tenían que ver directamente con Osmar tenían que estar a otro nivel.

LR: Respecto a las locaciones, destacan el edificio donde sucede el incendio, o las calles de barrio donde vive el personaje de Alejandro Holguín. Son elementos que aportan cierta personalidad a la película. ¿Cómo fue ese trabajo de scouting?
FPG: Trabajar con Gustavo Sánchez tiene un montón de ventajas. Yo nunca había contado historias en esa Lima, la conozco porque conozco mi ciudad, pero nunca la había filmado. Me junté entonces con Gustavo, porque yo no quería pecar de naif al representar esa zona de la ciudad. Tenía miedo de armar tránsitos, coreografías de personas. Porque para armar eso, y decir está bien, tiene verdad, debes realmente haberlo vivido. Y a mí siempre me ha costado filmar algo que no conozco, sentir que puede tener verdad una textura que quizá haya visto antes, pero que no he observado con detenimiento, algo que no es parte de mi entorno. En cambio, Gustavo es un tipo que ha crecido en Barrios Altos, tiene calle, conoce de cerca esa Lima, entonces él me ayudó a trabajar las locaciones, las grabamos en un barrio de Chorrillos. Él me decía cómo se debían colocar los extras en las calles, como debían pararse o caminar, la actitud que debían tener.

La locación de la fábrica es el edificio Nicolini. [N.E. Donde ocurrió el incendio de «Las Malvinas», en junio del 2017]. Yo no lo podía creer cuando llegamos ahí, era impresionante. Les cuento algo: nuestro operador de cámara estuvo ahí como bombero durante aquel incendio, así que este rodaje fue muy fuerte para él. Y no es un bombero común, sino que es el tipo que va a rescatar a otros bomberos, en situaciones donde hay mucho peligro. Realmente, fue muy intenso rodar en esa locación.

LR: Sobre las locaciones del barrio, recuerdo una escena en la que Sebastián mira por la ventana dentro de una casa, y vemos que la pared del fondo está abierta, detrás está la ciudad gris y agreste.
FPG: Esa locación fue increíble, pero me costó mucho filmar ahí porque el techo era muy bajo. El director de fotografía me decía que sería complicado, porque no podía poner luces. Yo dije, qué importa, no pongas luces, ya vemos luego cómo lo armo, pero debía tener ese fondo de la casa. Ya tenía la casa de los ricos, con un tremendo jardín con una gran vista. Y aquí era una gran vista, pero de toda la pobreza de esa zona de la ciudad.

JCU: ¿Hay un género en el que quieras incursionar que no hayas hecho aún?
FPG: Me ha gustado esto de poder hablar un poco sobre mi país, no digo que sea en la próxima película que estrene, que será «Locos de amor 3», pero sí espero que suceda en la siguiente película que escriba. Puede ser la que estamos trabajando ahora, que está ubicada en los años de la renuncia de Fujimori, y otra parte de la película ocurre durante el golpe de Velasco, es decir está ubicada entre los dos hitos de la política peruana contemporánea que yo considero los más importantes. Es una historia sobre la paternidad, sobre un padre y su hija, en una provincia del país. Por ahora estamos en eso, armando el contexto, el trasfondo de la historia. Es un proyecto recién, no sabemos aún si se convertirá en un guion finalmente.

Probablemente el cine que hagamos nosotros de ahora en adelante esté más teñido con ese trasfondo social, porque ya estamos hartos realmente de lo que vemos día a día, en la política en general. Yo nunca he hablado de estos temas en mi cine, pero ahora veo cosas como cuando PPK indulta a Fujimori, todo el mundo se indigna porque Fujimori va salir libre, lo cual lo entiendo y lo comparto, pero a PPK lo dejaron pasar piola. ¡Este maldito compró votos! ¡Delante de todo el Perú! Eso es tan fraude como cualquier reelección de Fujimori. Toda la prensa se quedó mirando solo la consecuencia, y a este pituco que compró votos no lo siguieron como persiguen a otros. Eso me molesta.

También quería hacer una película -que no sé si la vaya hacer- sobre Maritza Garrido Lecca. Cuando se supo que ella iba a vivir en La Aurora, en Miraflores, cuando salió de la cárcel, yo vivía en esa zona. Una vecina me pidió firmar una carta para prohibirle a Garrido Lecca que viva ahí. Yo por supuesto me negué, y la señora me increpó, le parecía terrible que yo no firme. Yo le decía, pero esa persona ya está libre, estuvo 25 años presa.

Entonces, pensando en todo eso, le decía a Vanessa, porqué no hacemos una película sobre ella, de lo que vive ahora que ha salido de la cárcel. Imagínate qué puede pensar esa señora, que siendo jovencita, linda, con plata, con el Perú a sus pies, se mete a Sendero, protege a Abimael, y se va presa 25 años. Lo perdió todo por una convicción política. Espero en algún momento encontrar una manera de contar esa historia que valga la pena.

Entrevista realizada por Laslo Rojas y Juan Carlos Ugarelli, en Barranco el 8 de marzo de 2019.

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«Rapto»: Entrevista con Frank Pérez Garland y Vanessa Saba