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[Crítica] «La bronca», una cinta emocionalmente devastadora

La bronca, dirigida por los hermanos Daniel y Diego Vega, es una película peruana que transcurre íntegramente en Montreal, Canadá, con personajes de una familia de migrantes que luchan por sobrevivir; pero en la que las tensiones, aparentemente relacionadas con la adaptación a un nuevo país, tendrán otro origen. Es un filme finalmente amargo, que pone en la picota las historias de emprendedurismo exitoso en familias migrantes y que ofrece una inesperada visión internalizada de la guerra interna en el Perú a inicios de los años 90. Sutilmente tensa y con un desenlace emocionalmente devastador. Actuaciones exactas y sobresalientes.

Como las anteriores cintas de estos directores, “La bronca” tiene un enfoque inicial algo distanciado, lo que se ve favorecido por un entorno gélido, cubierto de nieve y en una época del año en el que el sol se oculta a media tarde. En este ambiente se van produciendo diversas interacciones entre un hijo adolescente recién llegado, su padre y madrastra ya instalados en el país, un tercer personaje (amigo del padre) y una hermanita menor. Lentamente se van generando las tensiones en esta familia migrante, las que se desprenden de la forma en que cada uno de ellos intenta reproducir sus hábitos de subsistencia y relaciones “peruanas” en un entorno cultural distinto: Canadá. Tensiones que relacionan tanto con el entorno laboral del padre como con el ámbito escolar del hijo. A ello se suma la tensión intergeneracional propia de la adolescencia y las relaciones sentimentales que el joven intentará desarrollar en el entorno de una familia patriarcal.    

En tal sentido, se aprecia que el machismo, de un lado, permite al jefe de hogar “sacar los pies” a cada rato, generando, por otro lado, un conflicto con el hijo al entrar este en competencia con un tercero del entorno doméstico por razones sentimentales. Los encuentros licenciosos (puterío) que para la pareja de varones adultos representan un desfogue a los problemas laborales y el aislamiento local, se convierten en un espacio de presión sobre el hijo adolescente, en busca de una relación más bien estable. El enfoque de la familia patriarcal es complejo ya que combina relaciones de pareja y relaciones padre-hijo; pero, al mismo tiempo, esto no impide la ruptura del lazo afectivo paterno que estallará finalmente en un acto de violencia brutal que da título a (y engloba al conjunto de) la cinta. Este momento inesperado es lo más fascinante de la película, no solo en sí mismo, sino porque nos revela de golpe toda la tensión muy sutilmente acumulada a lo largo de la obra. De esta forma, el episodio que da título al filme  evidencia una tensión presente y creciente a lo largo de todo el metraje. No se trata solo de la resolución de un conflicto externo sino del surgimiento de conflictos internos de todos los personajes, un segundo conflicto –larvado y hasta entonces oculto– originado por un factor sociopolítico subyacente (guerra interna en el Perú).

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Ese episodio ilumina de pronto toda la película. Entendemos entonces muchas cosas que estaban contenidas bajo la frustración del hijo en las algo desmadejadas escenas iniciales que ahora sí nos parecen estar perfectamente ordenadas y alineadas. Se trata de una obra compacta, en la que –pese a las apariencias iniciales–, nada falta ni sobra. Hemos presenciado así la sólida construcción de los personajes y el desarrollo de unos conflictos que se van revelando como un remolino que arrastra a los protagonistas hacia un desenlace desolador. 

La frialdad inicial, el distanciamiento inicial, al borde del desapego emocional, se trastoca completamente y emerge una realidad que va más allá del drama familiar, hacia una reflexión sobre los efectos del conflicto armado interno y el terrorismo en la mente de toda una generación.

Al mismo tiempo, se trata de un ejercicio de desterritorialización, es decir, de la involuntaria recreación de un ámbito geográfico cargado de determinadas vivencias (es decir, de localidad) en otro muy distinto, sin haber logrado encajar. Finalmente, este filme es un ejemplo de las muy distintas maneras que existen para contar una historia; en este caso, la que hace uso de un tratamiento desdramatizado hacia una intensificación dramática perfectamente hilvanada. Muy buena película.

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1 comentario

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