[Crítica] Festival de Berlín: «Heroínas», de Marina Herrera

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En su cortometraje debut «Heroínas» (2022), la directora Marina Herrera Badell nos traslada a Acos, distrito de la provincia de Acomayo (Cusco) donde nació Tomasa Ttito Condemayta, para recrear e invocar la memoria de una de las precursoras menos recordadas y homenajeadas de la Independencia. Para ello, presenta la historia de un culto ficticio que un grupo de mujeres le profesan al cráneo de quien fuera lugarteniente de la rebelión liderada por Túpac Amaru II en 1780, y que se conserva en una casa campesina de la localidad. 

Como si se tratara de una santa laica y popular, la osamenta es objeto de veneración y celebraciones. Las seguidoras, de distintas edades, cuentan a la cámara lo que la legendaria cacica de Acos ha significado para sus existencias como ejemplo de “mujer campesina, valiente y milagrosa”. La película muestra esos testimonios entre otros elementos agregados por la puesta en escena (las fieles entregan machetes y cuchillos como ofrendas, la lectura de una carta de Tomasa a Micaela Bastidas, esposa de Túpac Amaru II), con los que se va armando el retrato de la heroína. Esos instantes son capturados de manera frontal, con planos que privilegian el espacio de la habitación convertida en altar, y casi ausencia de imágenes del entorno geográfico, concentrando la mirada en torno al culto y a sus protagonistas. 

En sus veinte minutos de duración, el corto también se toma tiempo para captar a las mujeres en sus quehaceres cotidianos: un llamado telefónico del equipo de producción, o el descubrimiento de coincidencias sugerentes (la cabra que servirá de alimento a las oferentes lleva el nombre de Tomasa), momentos que dotan de espontaneidad y aligeran la solemnidad del acontecimiento.

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Lo peculiar de “Heroínas” radica en la forma híbrida con que trae a la memoria a una protagonista casi olvidada de las luchas por la Independencia, desde un retrato social que evita la mirada historicista o patriotera, lugar recurrente al que suelen caer realizaciones conmemorativas de este tipo, y considerando que el corto ha sido producido en el marco de las celebraciones oficiales por el Bicentenario del Perú.  Al igual que en «Una novia en Nueva York» (1987), notable corto peruano de Gianfranco Annichini, se pasea por esa línea divisoria, casi invisible, entre documental y ficción.

Así como en “De todas las cosas que se han de saber” (2021), de Sofía Velázquez, aquí también una directora reconstruye, con elementos recreados y de no ficción, a una figura disidente del pasado peruano, y lo narra desde las vivencias personales e idealizaciones colectivas de un grupo de personas de nuestro presente.


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