A Wounded Fawn

Dirigida por Travis Stevens

Escrita por Nathan Faudree y Travis Stevens

Protagonizada por Sarah Lind, Josh Ruben y Malin Barr

Lo que hace “A Wounded Fawn” es desarrollar una historia de terror que, a pesar de sentirse algo previsible al inicio, logra descender a la locura y el surrealismo, utilizando mitología griega para presentarnos imágenes verdaderamente perturbadoras. Se trata de un filme de género bastante atípico, en donde el director Travis Stevens subvierte muchas de las expectativas que uno podría tener, cambiando de perspectiva cuando uno menos se lo espera, y yendo en contra de las típicas historias de asesinos seriales y víctimas femeninas que con tanta frecuencia se han visto en el cine. Puede que “A Wounded Fawn” no sea para todos, pero no se puede negar que se siente refrescante.

La película comienza con una subasta, en la que varias personas participan para adquirir una estatua griega que representa a la Ira de las Erinias —un trío de diosas que buscan venganza por parte de indefensas víctimas. Es ahí donde conocemos a Kate (Malin Barr) quien, curiosamente, no termina siendo nuestra protagonista. Porque luego de un evento particularmente sangriento, “A Wounded Fawn” pasa a enfocarse en Meredith (Sarah Lind), una curadora de museo que acaba de empezar a salir con Bruce (Josh Ruben), quien la está llevando de fin de semana a una cabaña en el bosque. De manera similar a “Fresh” (la cual pude ver en el Festival de Sundance de este año), “A Wounded Fawn” parece estar tomando la trayectoria de “cuento de moraleja”… hasta que, por supuesto, Stevens nos engaña nuevamente, y pasa a enfocarse en la perspectiva de Bruce.

En pocas palabras: si lo que buscan es una historia previsible sobre asesinos, víctimas, y sangre, no la encontrarán acá. Sí, hay bastante gore, pero siempre como parte de imágenes surrealistas y confusas (manos saliendo de agujeros en el cráneo, mujeres quemándose el trasero en una chimenea caliente, diosas con “rostros” francamente terroríficos debajo de sus máscaras). Y sí, la película tiene mucho qué decir sobre los peligros del mundo de las citas en el mundo moderno, así como la masculinidad tóxica y el abuso. Pero “A Wounded Fawn” transmite todos estos temas a través de una trama sorprendente, muy ligada a la mitología griega, y visualmente impactante —el color rojo parece estar siempre presente, y Stevens le otorga un look bien setentero a su película, con una imagen granulada, sombras fuertes y algo de suciedad en el encuadre. No será una obra maestra, pero lo que “A Wounded Fawn” ciertamente no hace es conformarse con los clichés del género.

El visitante

Dirigida y escrita por Martín Boulocq

Protagonizada por Enrique Aráoz, Svet Mena y César Troncoso

“El visitante” es una interesante crítica y exploración de la influencia que tiene la iglesia evangélica y sus representantes en Latinoamérica —específicamente, en Cochabamba, Bolivia. Lo que tenemos acá es un drama sutil que se concentra en los obstáculos que tiene que sobreponer su protagonista, desarrollando temas relacionados a las diferencias de clase, la discriminación, la manipulación por parte de figuras religiosas, y la redención. Manejando un ritmo más bien lento y planos que no suelen moverse mucho, el director Martín Boulocq logra construir una historia que jamás se torna melodramática o telenovelesca.

El protagonista de “El visitante” es Humberto (Enrique Aráoz), un ex alcohólico que acaba de salir de la cárcel, y que retorna a Cochabamba para visitar a su hija, Aleida (Svet Mena), quien ahora vive con sus adinerados abuelos, Elizabeth (Mirella Pascual), y Carlos (César Troncoso). Después de todo, la madre de Aleida y ex esposa de Humberto ha muerto hace un tiempo ya. No obstante, por más de que el ex convicto haya llegado con todas las ganas de redimirse ante los ojos de su familia y de la sociedad, dispuesto a encontrar trabajo y recuperar a su hija, dicho objetivo no será tan fácil de lograr como a él le gustaría.

Si hay algo que “El visitante” logra demostrar, es que existen demasiadas similitudes entre países latinoamericanos —la película se hubiera podido desarrollar en ciertas zonas de nuestro Perú, por ejemplo, sin requerir demasiados cambios en el guion. Pero lo que también hace es mostrarle al espectador la manera tan hipócrita en la que pastores como Carlos (interpretado con aplomo por Troncoso) manipulan a las masas, mientras ellos se hacen ricos con su dinero (basta ver la espectacular casa en la que vive con su esposa y nieta). Agréguenle a eso la fotografía sencilla pero de corte realista, y una narrativa suficientemente emotiva, y “El visitante” se convierte rápidamente en una experiencia con la que resulta fácil empatizar (e indignarse). Se trata de una película cálida, pues, pero que jamás explota a sus protagonistas ni a la situación en la que se ven involucrados.

Jerry and Marge Go Large

Dirigida por David Frankel

Escrita por Brad Copeland, basada en el artículo de Jason Fagone

Protagonizada por Bryan Cranston, Annette Bening y Rainn Wilson

Resulta algo sorprendente ver una película tipo feel-good, totalmente previsible y convencional, en un festival como el de Tribeca, pero eso es precisamente lo que ha sucedido este año con “Jerry and Marge Go Large”. Basada en una historia real, lo que tenemos acá es una cinta que carece de sorpresas o novedades, pero que igual funciona, principalmente, gracias a sus verosímiles actuaciones centrales, y a un tono más bien ligero y, a falta de una mejor expresión, cómodo. Puede que no se trate de una experiencia retadora o particularmente profunda, pero lo que sí logra hacer “Jerry and Marge Go Large” es deleitar a su público.

Bryan Cranston interpreta a Jerry, un genio de los números que ha trabajado por más de cuarenta años en una fábrica de Kellogg’s. Pero cuando finalmente se jubila, regresando a casa para estar tranquilo con su esposa, Marge (Annette Bening), se da cuenta que no tiene nada qué hacer. Es así que encuentra un defecto notable en un sistema de lotería local: haciendo los cálculos respectivos, encuentra que si apuesta con una cantidad grande de tickets, debería ser capaz de ganar en absolutamente todos los sorteos. Emocionados, Jerry y Marge comienzan a poner su teoría a prueba, primero ganando cantidades pequeñas, y luego involucrando a todos sus amigos del pueblo donde viven, fundando una empresa (completamente legal). No obstante, no serán los únicos en darse cuenta de esta increíble oportunidad.

Si debo usar una sola palabra para describir a “Jerry and Marge Go Large”, es agradable. Se trata de una película relajante y encantadora, donde los conflictos no son demasiado graves, los obstáculos a los que se deben enfrentar Jerry y Marge no son particularmente complicados, y los protagonistas son inteligentes y buenos, y los antagonistas (principalmente un estudiante de Harvard, engreído y egoísta) son malos. Nuestros protagonistas tienen que aprender a valorar su nueva situación juntos, y Jerry en particular tiene que darse cuenta de que los números no son lo más importante en su vida. Súmenle a eso unas sólidas actuaciones por parte de Cranston y Bening, y “Jerry and Marge Go Large” se transforma en una experiencia entretenida y ligera. Absolutamente rudimental y estereotípica y hasta manipuladora, por momentos, sí, pero… encantadora.