Uchuraccay, desapariciones forzadas y fatalismo: “Malabrigo” como metáfora

Uchuraccay, desapariciones forzadas y fatalismo: “Malabrigo” como metáfora

Malabrigo (1986) fue una coproducción en la que participaron Perfo Studio, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico, ZDF de Alemania y Channel Four de Inglaterra. La dirigió Alberto Durant, quien además escribió el guion en colaboración con Jorge Guerra.

En el filme se cuenta la historia de Sonia Zalvidea (Charo Verástegui) quien va al puerto de Malabrigo en busca de su marido Víctor Mendieta, el contador de la fábrica de harina de pescado, y se encuentra con un pueblo fantasma. La fábrica ya no produce a causa de la sobreexplotación. El contador Mendieta no aparece; nadie da razón de él. Luego del estallido de un explosivo en la fábrica, Mendieta figura como uno de los fallecidos a consecuencia del incidente; sin embargo, no hallan el cadáver y Sonia está segura de que la información es falsa. Tras la muerte misteriosa de un periodista que la ha citado para darle un dato, Sonia recibe un rollo fotográfico de manos de Belisario, un personaje fantasmal, y descubre una foto reveladora.

El director Alberto Durant ha sostenido que Malabrigo surgió de la “necesidad de contar la historia de Uchuraccay” (entrevista a Alberto Durant, 9 de enero de 2001). Como sabemos, en Uchuraccay (alturas de Huanta) tuvo lugar en enero de 1983 una matanza de ocho periodistas a manos de comuneros de la localidad, quienes habrían sido incitados por sinchis e infantes de marina a que matasen a todo extraño que llegara a pie al lugar. Durant relata que conversó sobre el proyecto de llevar el drama de Uchuraccay a la pantalla con Francisco Adrianzén, quien se hallaba tentado a contar lo sucedido a la manera de El caso Mattei de Francesco Rossi (entrevista a Francisco Adrianzén, 8 de setiembre de 2000). Durant, no obstante, optó por un tratamiento alegórico después de visitar Puerto Chicama en el norte del país; según el cineasta, al encontrar un pueblo abandonado con huellas de un antiguo esplendor pensó que la película podría tener connotaciones mayores si se filmaba en ese lugar y se planteaba como una reflexión sobre el Perú entero y no solo sobre Uchuraccay.

La sensación de duelo

El argumento de Malabrigo está planteado como el de un policial con ciertos toques de cine fantástico. Sin embargo, la película tiene un tema social explícito: la sobreexplotación de harina de pescado; y dos temas político-sociales implícitos: la matanza de Uchuraccay y la práctica de la desaparición forzada de personas, que logran detectarse si se ubica al filme en un contexto histórico y a partir de rasgos argumentales y de puesta en escena.

Desde los primeros minutos de la película, el puerto de Malabrigo da la impresión de ser un gigantesco cementerio. El pueblo abandonado, el viento que se escucha todo el tiempo, las mujeres vestidas de negro antes y durante la procesión, y el velorio de las víctimas de la explosión crean una permanente sensación de duelo que aludiría a la que se vivía en Ayacucho por entonces.

Inciden en ese efecto espectral y fúnebre las trazas del hotel de Malabrigo, que es añejo y amplio, con un gran restaurante de antiguos lujos, y el mismo empleado de la casa de huéspedes, un anciano de nombre Otoniel que mezcla recuerdos con hechos actuales, así como la presencia recurrente del fantasma del fotógrafo Belisario, padre de Otoniel, a quien Sonia puede ver y de quien recibe el rollo de película. De otro lado, el hotel descrito tiene alguna semejanza con el hostal Santa Rosa de Ayacucho, que por aquellos años de 1983-1986 albergaba a periodistas y activistas de derechos humanos que viajaban a la zona. A un nivel más bien anecdótico se puede añadir que el dueño del hostal ayacuchano también era español, como el de la ficción, y tenía el mismo nombre: Paco.

El incendio de la fábrica por efecto de una bomba parece remitir, por su parte, a los continuos estallidos que se percibían en la ciudad de Huamanga durante los años 1983-1984. Malabrigo como pueblo fantasma evoca, asimismo, a la capital de Ayacucho en el sentido de que es un lugar en el que varias personas han desaparecido y del que muchas otras han emigrado. Además, algunas de las que se han quedado allí (como la esposa del dueño del hotel y el jefe de policía) quieren irse, pero no pueden.

Desaparecidos y Uchuraccay

Un tema central del filme es, precisamente, el de los desaparecidos. Sonia va a la comisaría a sentar una denuncia por la desaparición de su esposo, y el policía encargado de registrarla le pregunta si está segura de que su marido no se ha ido con otra mujer. El comentario de que probablemente las personas buscadas habían fugado del hogar con otra pareja sentimental era recurrente en las estaciones policiales de Ayacucho, e inclusive acogido por algunas autoridades del gobierno en esos años. En la misma escena, la cámara muestra a dos mujeres vestidas de negro, y una de ellas le dice a Sonia, desalentada: “Señorita, aquí cuando desaparecen, nadie da razón nunca”. 

La alusión a la matanza de Uchuraccay, pese a las transformaciones que sufrió el proyecto de Malabrigo, se mantiene en cierto modo en el filme. Las ropas de las viudas de los obreros de la fábrica remiten al luto de las llamadas “viudas de Uchuraccay”, quienes por entonces se presentaban vestidas de negro ante los medios de comunicación exigiendo conocer toda la verdad sobre la muerte de sus familiares. En la película hay, además, como queda dicho, un periodista asesinado, supuestamente por enterarse de un dato clave que estaba por comunicar a Sonia; y la foto reveladora proporcionada por Belisario recuerda a las placas tomadas por el reportero Willy Retto (una de las víctimas de Uchuraccay) en la que se veía a los periodistas hablando con los comuneros poco antes de la matanza. Según Durant, su intención era que Malabrigo estuviera atravesada por la idea de que “la imagen era una manera de encontrar la verdad” (entrevista a Alberto Durant, 9 de enero de 2001).

En general, junto a la atmósfera insana y el hálito fantasmal que flota sobre el pueblo, lo que se respira en Malabrigo es un aire de guerra; y es esto lo que explícitamente dice Paco, el dueño del hotel, a Sonia: “Mire señora, yo llevo veinte años aquí y le diré algo: esto tiene la dureza de la guerra, de la Guerra Civil Española”. El tema, pues, de la guerra asoma, y como una guerra civil; pero el filme plantea, además, una especie de fatalismo histórico. Belisario, el fotógrafo del pasado quien le da la foto reveladora a Sonia, también fue víctima de desaparición en su época. Malabrigo se convierte, así, en una metáfora del país (como quería Durant), y la perspectiva es dolorosa, pues alude a una historia cíclica de muertes violentas, desapariciones e injusticia.

Al final de la película, Sonia corre en la playa en busca de libertad. El último plano del filme es uno del mar que alude a la libertad y la paz como bienes deseados, pero también a la imposibilidad de huir de ese lugar siniestro e inseguro que simboliza al país, un país que da un “mal-abrigo” a los suyos. En otros dos filmes del mismo director se insistirá sobre esta fatalidad: en Alias La Gringa el personaje podrá salir, pero a costa de perder su identidad; en Coraje la protagonista retornará para morir asesinada.

N.E.: “Malabrigo” se presentó en el Festival de Lima el 7 de agosto del 2022, en una versión remasterizada en HD, como parte de la sección Espacio Filmoteca PUCP.



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