[Crítica] «Apariciones» (2022), de Mario Pozzi-Escot

apariciones san martin

El cine de Mario Pozzi-Escot Parodi (Lima, 1947) se remonta a «La muralla verde» de Armando Robles Godoy. Allá por los años 70 se dedicó a la construcción de la escenografía de uno de los filmes más representativos del desaparecido director y del cine nacional. Por estos días lo tenemos de vuelta, en una obra experimental, su segundo largometraje titulado “Apariciones” (2022).

«Apariciones» es un largometraje que mezcla la ficción con el documental. Desvaneciendo el sentido de temporalidad, al presentar un personaje de nuestra cultura popular como San Martín de Porres en vestimentas contemporáneas por momentos, paseando por Lima en la actualidad. Imagen que no solo pretende desmitificarlo, sino darle un sentido completamente distinto al cristiano, hasta el punto de convertirlo en una presencia irruptiva dentro de la ciudad.

En este devenir, el actor Zito Zegarra observa todo tipo de personajes que van transcurriendo en la película, mientras él repite una y otra vez quién es. La presencia del actor por las calles sucias y caóticas de Lima remarca una necesidad por asumir identidades desde el realismo, pero sobre todo y quizás lo más importante, desde la crítica social y política. 

Pozzi-Escot no pretende exponer una cinta complaciente, concesiva, sino todo lo contrario. Hurga en imágenes y situaciones incómodas que rompan por completo el panorama pasivo de una ciudad que sufre las diferencias sociales y culturales de manera muy agresiva. 

La indigencia atrapa la atención del lente, y no se modifica ni el encuadre para proyectarla. En ese tipo de marcos de la realidad, Martín de Porres Velázquez denuncia un sistema político fuera de la sumisión religiosa y la comodidad de su santificación. Ese marco visual no permite la posibilidad de discusión ante una realidad que golpea a cualquier indiferente. 

Mario Pozzi-Escot, director de «Apariciones».

Este constante juego de realidad y ficción también hace rebote entre la historia del santo peruano y la confrontación con la realidad contemporánea. A pesar de que nos cuenta la historia de un hombre heredero de conocimientos ancestrales, lo que se aprecia en las tomas es una Lima árida y caótica, en desconexión con la propia naturaleza. 

Martín Porres Velázquez, es decir, San Martín de Porres, es un santo afroperuano, como todos saben. Esta verdad tangible le da la vitrina al director para exponer el racismo, la marginalidad y los efectos del libre mercado, el individualismo y la corrupción en el desarrollo de los más necesitados. 

Si bien la intención del realizador parece ser golpear al espectador con una urbe en conflicto con la dignidad humana, el constante repetir de los textos del protagonista terminan por bajar esa intensidad que logra con la potencia de sus imágenes. La denuncia, sin embargo, termina siendo efectiva y vigente a cualquier época de la historia peruana, porque lo que refiere el film es a denunciar el hambre, la explotación y violencia social en todas sus formas.

Dato: Mario Pozzi-Escot dirigió su primer film el 2009, la película experimental «Tríptico», de 90 min. de duración, tres capítulos integrados cada uno de 30 minutos: «Delirium», «La Vibi» y «Mortis». Se estrenó el 2010 en el Auditorio del Centro Cultural de San Marcos, y luego tuvo otras presentaciones esporádicas, como esta en Barranco el 2014.



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