[Crítica] «The Holdovers» (2023), de Alexander Payne


The Holdovers” representa un retorno triunfal para Alexander Payne a la pantalla grande. Lo que tenemos acá es un drama con toques cómicos que, en formato de guion, podría sentirse absolutamente estereotipado y previsible pero que, gracias a sus excelentes caracterizaciones, mejores actuaciones, y sólida dirección, termina ganándose a sus espectadores. “The Holdovers” es el tipo de película que podría calificarse como feel-good; tiene mucho qué decir sobre la condición humana, y aunque inicialmente podría argumentarse que transmite todo eso de forma cínica, tanto el filme como su protagonista se van suavizando mientras la historia avanza.

“The Holdovers” se lleva a cabo entre 1970 y 1971 en un internado en Nueva Inglaterra. Nuestro protagonista es Paul Hunham (Paul Giamatti), un profesor de Historia Antigua odiado tanto por los alumnos como por sus colegas: es renegón, estricto y de convicciones fuertes. Y este año, tiene que quedarse en el campus durante las vacaciones de invierno para cuidar a los “holdovers” del título: alumnos que se ven obligados a quedarse durante Navidad y Año Nuevo por distintas razones. Entre ellos se encuentran el rebelde Angus Tully (el novel Dominic Sessa); el bully Teddy Kountze (Brady Hepner); el relajado Jason (Michael Provost), y dos chicos de primaria, Alex (Ian Dolley) y Ye-Joon (Jim Kaplan).

Lo que inicialmente parece ser una crónica de la estadía de estos chicos en el campus mientras son supervisados por Paul, eventualmente se torna en una exploración de la relación entre un profesor estricto, y un alumno al que inicialmente subestimaba. Además, aparte del profesor y los chicos, también se encuentra en el colegio la cocinera Mary Lamb (Da’Vine Joy Randolph), quien acaba de perder a su hijo en Vietnam, y no se encuentra de humor para trabajar. Entre ella y Paul y especialmente Angus, irán descubriendo que tienen mucho más en común de lo que creían.

“The Holdovers” se siente como una producción bien a la antigua, de más de una forma. No solo se trata de un drama íntimo que se lleva a cabo en pocas locaciones —reales— y que involucra conversaciones verosímiles entre seres humanos complejos. Si no que también ha sido construida y editada como si se tratase de un filme de los setentas. Payne grabó todo con cámaras digitales, sí, pero le ha agregado, junto a su equipo de posproducción, algo de ruido y textura de celuloide a la imagen, incluyendo, incluso, una secuencia de títulos iniciales como las de los filmes de aquella época. Todo esto sirve para sumergirnos en un contexto muy específico, y sentir que estamos siendo testigos de una historia que muy bien podría haber ocurrido de verdad hace más de cincuenta años.

No se trata de un recurso utilizado con fines superficiales, sin embargo. Payne hace un excelente trabajo ubicándonos en el campus donde Paul y sus alumnos han tenido que quedarse, situando diferentes escenas tanto en sus interiores como exteriores —el comedor de estudiantes, la cocina, los salones de clase, la oficina de Paul, y los bosques y jardines congelados alrededor de los edificios. “The Holdovers” logra generar una atmósfera palpable de Navidad, cómoda pero a la vez fría cuando tiene que serlo. Uno entiende por qué los chicos mueren por irse del colegio en vacaciones —muy aparte de que tengan ganas de ver a su familia—, pero a la vez, Payne logra retratar a la escuela como un lugar en el que uno no pasaría unas vacaciones tan malas con la compañía correcta.

Sin embargo, el foco de la película está en los personajes, y es ahí donde logra brillar. Giamatti interpreta a Paul como un hombre de considerables frustraciones y grandes pasiones —ciertamente ama lo que hace y los temas que tiene que enseñar, pero se desespera mucho con sus alumnos, a veces olvidando que su trabajo también consiste en tenerles paciencia y transmitir su pasión por la historia. Se trata de una interpretación compleja que logra humanizar a un personaje potencialmente caricaturesco, y que, incluso, me animaría a decir que va mejorando mientras la historia avanza (y el personaje se va suavizando). Incluso ciertas decisiones muy particulares de caracterización, como su estrabismo o su mal olor, son tratadas con respeto.

Por otro lado, de los chicos, destaca más el Angus de Dominic Sessa. El joven actor lo interpreta como un adolescente complicado; como alguien que viene del privilegio, pero que tiene muchos problemas personales y familiares, los cuales impiden que pueda avanzar en el colegio (de hecho, ya ha sido botado de otras tres instituciones). Se trata de una interpretación verosímil, que brilla incluso más cada vez que debe interactuar con el personaje de Giamatti. Y también resalta la Mary Lamb de Da’Vine Joy Randolph, una mujer aparentemente ruda que está pasando por un duro periodo de duelo, y que encuentra en sus interacciones con Paul e incluso Angus, una suerte de paz que poco a poco la ayuda a dejar el dolor atrás.

“The Holdovers” es el tipo de película que ya no se estrena con frecuencia en cines (y que de estrenarse, va directo a streaming, con poca fanfarria y menos reproducciones). Como se mencionó líneas arriba, representa un retorno triunfal al cine para Payne luego de la decepcionante “Downsizing”, pero también funciona (casi) perfectamente como un drama medido, ocasionalmente emotivo, bellamente actuado, y dirigido como si de una producción setentera se tratase. Sin llegar a subestimar a su público, “The Holdovers” se termina convirtiendo en un “crowdpleaser” que debería apelar hasta al espectador más cínico que uno pueda encontrar, lo cual ya de por sí la hace destacar en un mercado que no suele favorecer a este tipo de producciones (al menos en el mainstream).

Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de Focus Features.

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