Dirigida y escrita por John Patton Ford (Emily the Criminal) y muy ligeramente inspirada en la película británica de 1949 Kind Hearts and Coronets, Jugada maestra (How to Make a Killing, 2026) es un thriller con toques de comedia negra que, a pesar de contar con algunos agujeros lógicos que seguramente fastidiarán a más de un espectador, funciona muy bien como una representación de las ventajas y privilegios que los multimillonarios tienen en la vida real. Lo que tenemos acá es una historia de ambición, traición y, por supuesto, asesinatos, anclada en la excelente actuación central de Glen Powell (Top Gun: Maverick) y fotografiada con estilo por Todd Banhazl (Estafadoras de Wall Street).
Al inicio de Jugada maestra, vemos a Becket Redfellow (Powell) en la cárcel, a tan solo unas horas de ser enviado a la silla eléctrica. Pero cuando es visitado por un sacerdote, Morris (Adrian Lukis), nuestro protagonista se anima a contarle la historia de cómo terminó siendo encarcelado. Todo comenzó con su madre, la heredera de la fortuna Redfelllow, quien, sin embargo, fue echada de casa luego de embarazarse de Becket a los dieciocho años. No obstante, el chico siempre fue criado con la idea de que eventualmente heredaría el dinero de su familia, por más que exactamente siete familiares se encuentren entre él y la plata.

Ya de adulto, y luego de un par de experiencias profesionales poco satisfactorias, Becket decide matar a dichas siete personas para así poder heredar la fortuna de los Redfellow y, como le decía su madre años atrás, poder “tener la vida que merece”. Y para su sorpresa, el primer asesinato, a uno de sus primos, le sale bastante bien. Pero como no todo puede ser color de rosa, sus actos atraen la curiosidad de Julia (Margaret Qualley), una manipuladora amiga de la infancia. Y su situación se complica aún más cuando se enamora de Ruth (la siempre infavalorada Jessica Henwick), una artista convertida en profesora de primaria a quien poco le importan las potenciales riquezas de su novio. Por más que exista la posibilidad de tener una vida regular, sin embargo, Becket se obsesiona con la idea de obtener el dinero de su familia, lo cual, como sabemos desde un inicio, no puede acabar bien.
Jugada maestra es el tipo de cinta que funciona mejor a nivel temático que literal. Si uno le exige mucho a la forma en que la narrativa está construida, es posible que encuentre varios agujeros lógicos. Muchos de los actos criminales de Becket, por ejemplo, se llevan a cabo con demasiada facilidad, y cierto giro hacia el final resulta satisfactorio a nivel emocional, pero al analizarse resulta francamente inverosímil (y trae consigo más preguntas que respuestas). El guion está bien construido a nivel estructural y en lo que se refiere a caracterizaciones, pero lo hubieran podido pulir un poquito más para que no resulte, por momentos, un poco insólito.
Sin embargo, si el filme funciona, es justamente porque muchos de estos aspectos complicados de creer no llegan a arruinar del todo la experiencia. Eso se debe a que el eje temático central de Jugada maestra es algo con lo que muchos se podrán relacionar: la ambición desmedida, y el rol en la sociedad de los ricos que creen más en el nepotismo que en el talento. Si Becket se obsesiona con conseguir el dinero de su familia, es porque fue criado así; porque la ambición monetaria es lo que guía su vida, y porque ve todo el tiempo que el dinero parece poder comprar lo que sea (incluso la felicidad, como le termina diciendo al cura).

Esto se hace evidente en una de sus primeras escenas con Ruth, donde esta le pregunta si disfruta de su trabajo. Becket no parece tener una respuesta clara y tampoco es capaz de decirle exactamente qué es lo que espera de su futuro profesional. Sí, quiere tener cierta comodidad económica, pero luego de eso, ¿qué? ¿Y para qué? Por su parte, Ruth es alguien completamente distinto; una chica que renunció a sus sueños originales (que terminaron decepcionándola), y que prefiere dedicarse a lo que verdaderamente ama, por más que no sea algo que le vaya a permitir tener montones de dinero. Ella encuentra en la vida algo más que la plata; él también, hasta cierto punto, pero no puede perder de vista sus ambiciones, y el objetivo final que ha tenido en mente por años.
Es así que Becket es caracterizado como alguien de codicia desmedida, pero que no es tan mala persona. Por ejemplo, se enamora de verdad de Ruth —uno jamás siente que la utiliza o la maltrata—, pero a la vez no parece estar del todo satisfecho con tenerla solo a ella. También necesita la herencia; también necesita seguir con su plan, por más que sea feliz con su prometida. Hay cierto momento en el que el cura le pregunta si no se sentía satisfecho al tener un buen trabajo en Wall Street, un departamento de vista espectacular, y una chica honesta de quien estaba enamorado. Ya se imaginarán cuál es su respuesta.

Glen Powell hace un muy buen trabajo interpretando a Becket como alguien simpático, inteligente y culto, quien podría haber sido algo más que un simple asesino codicioso, pero que debido a sus ambiciones y la relación que tiene con la familia de su madre, no puede escapar de su destino. Difícil hacer que el espectador pueda empatizar con un personaje así, pero Powell lo logra. Por su parte, Margaret Qualley tiene el rol pequeño pero importante de Julia, una mujer psicópática y manipuladora; la representación de lo que Becket podría llegar a ser si cumple su cometido. La gran Jessica Henwick (hace años que soy su fan) destaca como la bondadosa y sencilla Ruth, y Ed Harris tiene lo que se podría considerar como un cameo, interpretando a Whitelaw, el patriarca de los Redfellow (y la persona que botó a la madre de Becket de su casa cuando esta quedó embarazada).
Mención aparte para la dirección de fotografía de Todd Banhazl. No me queda claro si Jugada maestra fue grabada en digital y luego postproducida para lucir una imagen más orgánica, o si fue rodada en soporte fílmico. El caso es que la cinta maneja una estética llena de textura, que aprovecha bien las sombras pronunciadas en ciertas escenas y locaciones como la mansión Redfellow para desarrollar una atmósfera por momentos fría y calculadora, y en otros inesperadamente cálida. Y aunque la experiencia en general no es emocionante en el sentido previsible y comercial de la palabra, Jugada maestra está editada de tal manera que no resulta aburrida, haciendo uso, además, de una narración en off inesperadamente efectiva por parte de Powell.
Entiendo por qué a algunos podría no gustarle esta película, pero este crítico la pasó bien viéndola. Disfruté del tono en general serio y de los temas desarrollados por Patton Ford; disfruté de la excelente dirección de fotografía, y disfruté de las actuaciones (especialmente de Powell y Henwick). Puede que Jugada maestra no se sienta revolucionaria en cómo retrata a los millonarios inescrupulosos y dependientes del nepotismo, pero igual creo que utiliza bien sus temas de codicia, obsesión e injusticia para narrar una historia suficientemente entretenida, y que de todas maneras logra sentirse relevante para nuestros tiempos. Este es un estreno más bien discreto en las salas comerciales peruanas —evidentemente opacado por la llegada de Michael, el biopic de Michael Jackson—, pero que espero igual logre encontrar un público que lo aprecie.



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