[Crítica] «Michael» (2026): para los fans del rey del pop


Tomando en cuenta que Michael Jackson es considerado, todavía, como el artista y cantante más famoso de la historia, y lo obsesionado que estaba con el concepto de la celebridad y el mundo del cine, tenía sentido esperar que su inevitable biopic fuese algo especial. Y aunque no me parece que Michael (2026), del director Antoine Fuqua (Día de entrenamiento), sea un desastre absoluto como muchos colegas han estado manifestando, tampoco creo que sea un proyecto especial. De hecho, si la película cautiva por momentos es gracias a la música del rey del pop y la interpretación de un excelente Jaafar Jackson (sobrino de MJ). La producción en sí –la dirección, el guion, la perspectiva que nos brinda de su protagonista–, desgraciadamente, no es nada del otro mundo.

Porque Michael está estructurada como cualquier otro biopic más del montón. En vez de concentrarse en un momento específico de su vida –como un filme como Steve Jobs, de Danny Boyle–, o las consecuencias de los errores que cometió a lo largo de los años –como Rocketman, de Dexter Fletcher–, o de proponer una estético y estilo muy particulares y originales –como la imbatible Better Man, de Michael Gracey–, Michael se contenta con resumir las primeras dos o tres décadas de la vida de su protagonista. Por ende, lo vemos desde que comienza a cantar con los Jackson 5 de niño, hasta que participa del último concierto del Victory Tour para dicha agrupación (con un breve prólogo y epílogo en 1988).

Al comenzar Michael, vemos cómo el personaje del título, a los ocho años (interpretado adorablemente por Juliano Krue Valdi), es obligado a ensayar, practicar y perfeccionar su canto, junto a sus hermanos, por su cruel y ambicioso padre, Joseph Jackson (el gran Colman Domingo). Es así, sin embargo, que los Jackson 5 se convierten en toda una sensación, tanto así que una representante de Motown Records (Laura Harrier) decide firmar un contrato con ellos, haciendo que Michael se convierta en toda una estrella de fama mundial.

No obstante, y ya de grande (interpretado por Jaafar Jackson), el frustrado artista quiere más. Quiere escaparse de las garras de su padre y quiere hacer lo suyo. Es así que logra lanzar su primer disco como solista —Off the Wall—, el cual lo convierte en el cantante más famoso, apreciado y reconocido del mundo. Pero Michael no dejará de pasarla mal. Su padre sigue presionándolo para que continúe trabajando con sus hermanos; su gentil madre, Katherine (Nia Long), no parece ser muy capaz de ayudarlo, y el chico estrella no consigue amigos de verdad, contentándose con estar rodeado de animales de todo tipo (incluyendo a su chimpancé «Bubbles»). Pero nada de esto, por supuesto, evita que Michael se convierta en el verdadero rey del pop.

Como se deben haber dado cuenta ya, Michael comete uno de los errores que se encuentran con más frecuencia en los biopics de personalidades famosas: en vez de tratar de desarrollar una narrativa con un principio y fin claros, intenta resumir décadas de vida en poco más de dos horas. Este tipo de compresión temporal trae consigo ciertas consecuencias estructurales y narrativas: más que nada, la incapacidad por parte del filme de desarrollar con profundad sus temas y los problemas con los que se encuentra su protagonista. Al apresurarse en pasar de etapa a etapa o de época en época, Michael nunca llega a ahondar mucho en… bueno, nada.

De hecho, lo más frustrante del film es que jamás logra pintar de cuerpo entero a su protagonista. MJ es presentado como un chico increíblemente talentoso pero, a la vez, incomprendido, que, al carecer de una infancia real, con el tiempo trata de convertirse en una suerte de niño en el cuerpo de un adulto, influenciado por su cuento favorito, Peter Pan. Eso no está mal de por sí, pero el filme nunca hace nada particularmente interesante con esto; no es un aspecto del protagonista que interfiera, por ejemplo, con sus relaciones románticas –las cuales brillan por su ausencia acá–, o con su trabajo. Con las justas hay una escena en la que Michael le propone a sus hermanos jugar Twister, y es rechazado porque, al ser adultos, tienen mejores cosas que hacer.

Lo que más extrañé, sin embargo, fue una exploración a profundidad del proceso creativo del músico y compositor. Mucho se habla de su genialidad a nivel artístico –algo innegable, a decir verdad–, pero Michael nunca nos muestra cómo es que termina creando letras memorables, melodías pegajosas o beats incomparables. Lo más cercano que tenemos a aquello es una escena en la que Michael ve un reportaje en la televisión sobre dos pandillas rivales y decide contactarse con ellos para que salgan en un videoclip. No todas las películas tienen que hacer uso de la pseudoregla de “mostrar en vez de decir”, pero Michael ciertamente se hubiese visto beneficiada por ella.

Ahora bien, vale la pena aclarar que nada de esto les terminará fastidiando a los fanáticos —algo que queda claro al analizar la taquilla de la película. Esto se debe, principalmente, al trabajo de Jaafar Jackson, quien logra, arriesgándome a utilizar un cliché, transformarse en su tío. Uno realmente olvida que está viendo a un actor, más bien concentrándose en la manera en que habla, se mueve y, por supuesto, baila. Puede que el guion no logre construir a un Michael Jackson muy humano –es hasta casi gracioso cómo lo caracterizan como un tipo perfecto, prácticamente sin defecto alguno–, pero Jaafar por lo menos logra mostrarlo como alguien vulnerable, carismático, infantil, talentoso, ágil y creativo.

Del reparto secundario tampoco me puedo quejar. Colman Domingo –uno de los mejores actores de su generación– entiende perfectamente cómo interpretar a Joseph Jackson. Por momentos exagera, pero nunca convierte al padre de Michael en una caricatura, más bien desarrollándolo como un tipo abusivo y ambicioso que, al estar insatisfecho con su vida profesional, decide hacer todo lo posible por darle a sus hijos lo que él nunca pudo tener. Mia Long, por su parte, destaca como Katherine, la amable madre de los Jackson, y Laura Harrier tiene un rol pequeño pero importante como Suzanne de Passe, la asistente de Berry Gordy en Motown. Por otro lado, también aparecen Miles Teller como John Branca, el abogado de Michael (y productor en la vida real de este filme, lo cual no es casualidad), y Mike Myers como Walter Yetnikoff, el presidente de CBS Records (entre esta película y Bohemian Rhapsody, parece que Myers está empecinado en aparecer en todas las biopics posibles de cantantes legendarios).

Mención aparte, por supuesto, para la música —el verdadero corazón de Michael. Como se deben imaginar, la cinta incluye la mayoría de temas famosos ochenteros del rey del pop, ya sea en versiones completas o parciales. Por ende, terminamos viendo una recreación incompleta del famoso video de Thriller (dirigido por el cineasta John Landis), o versiones en vivo de otras canciones igual de populares. Es en estas secuencias, donde vemos al MJ de Jaafar cantar y bailar y darlo todo en el escenario o frente a cámaras, que uno verdaderamente entiende la brillantez de Jackson. Y queda claro en estos momentos, también, que esta cinta solo está interesada en mostrar cómo el famoso cantante era percibido como artista, y para nada en sus controversias personales o posibles problemas psicológicos.

Si lo que buscan es una experiencia medianamente emocional y altamente nostálgica, la pasarán bien con este Michael. Puede que no se trate de nada particularmente ambicioso a nivel narrativo, pero ciertamente hace todo lo posible por dejar bien parado al rey del pop, mostrándolo como un tipo incomprendido, abusado por años por su padre, y siempre dispuesto a crear más. Este es un filme superficial, de ambiciones limitadas, que además pasó por considerables problemas de producción (el final fue cambiado, por ejemplo, luego de que Fuqua y compañía se enteraron de que no podían incluir nada relacionado con las acusaciones de abuso de menores hacia Michael en 1993), y que nunca trata de ser más que un producto entretenido, perfecto para los fans. Nuevamente: no es nada especial, pero tampoco es que sea un filme ofensivamente horrible.

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