Hay una escena en The Drama, más o menos a la mitad de la película, en la que el novio, Charlie, se queda en silencio cuando dos de sus amigos le preguntan si está dispuesto a seguir con Emma, su prometida, luego de la escalofriante revelación que ella les contó días antes. Por un segundo, la mirada en conflicto de Robert Pattinson, filmada en un muy poco sutil primer plano, sugiere lo que sus amigos están temiendo: que, ante todo, Charlie parece dispuesto a seguir con ella. Este parece ser el momento más importante del film, el punto de quiebre en la frágil relación que mantienen los protagonistas con la audiencia. Sí, revelar algo como lo que hizo Emma puede generar indignación. Pero más indignante parece que Charlie, con el beneficio de la retrospectiva y toda la información disponible, decida seguir a su lado.
Si The Drama fuese otra película, una escena así sería el punto de partida una suerte de tragicomedia introspectiva. Sería una mirada cruda, sin compromisos, del conflicto permanente en la forma que nos vemos a nosotros mismos frente a como nos ve el resto, y si acaso existe un punto medio, algún índice objetivo, que concilie entre ambos. The Drama, dirigida y escrita por Kristoffer Borgli, para nuestra mala suerte, nunca intenta ser esa película. De hecho, quizás el gran problema que tiene el film de Borgli es que, a la larga, es bien difícil saber exactamente qué tipo de película quiere ser. A ratos, parece una apuesta atrevida y ciertamente cínica de las relaciones modernas, aún si termina recurriendo a los mismos arquetipos que busca cuestionar. En cierto grado, parece intentar servir como un comentario filoso sobre el progresismo en EE UU y los límites de la cancelación y la mentalidad woke, pero no parece suficientemente interesada en decir algo nuevo al respecto. Quizás, en el fondo, The Drama no es ninguna de esas películas y simplemente se queda como un acto de provocación, una premisa astuta en busca de una historia mejor que la sustente.

Pensemos, si no, en las escenas posteriores a la revelación de Emma, la prometida de Charlie, un papel que parece reducir a Zendaya a una versión alicaída de personajes parecidos en Malcolm y Marie (2021), o Challengers (2024). A una semana de su boda, y con todos los preparativos en marcha, Emma, en una cena con un par de amigos, revela “lo peor que ha hecho en su vida”, luego de que el resto haya hecho lo mismo. Todos se quedan en shock, y, por supuesto, Emma se queda avergonzada. Es la última emoción de verdad que veremos en ella en el film. La película vira prontamente hacia Charlie y su dilema. ¿Debería parar toda la boda y pensarse las cosas dos veces? ¿Debería confiar en que Emma es una persona diferente? Por supuesto, no parece quedarle mucho tiempo a Charlie para ordenar su cabeza. Entre su trabajo en como curador en el museo de arte, el trabajo de Emma en una agencia de marketing y todos los preparativos de la boda (desde el paquete de flores hasta la contratación de la fotógrafa y el DJ), no parece haber espacio para un drama de este tipo.
Charlie no tendrá mucho tiempo para pensar en el dilema, pero Borgli sí, al parecer, dado que dedica el resto de su película a insistir una y otra vez en el mismo punto, haciendo de su film una suerte de comedia monotemática, rumiante, que solo se mueve en círculos. Por supuesto, Charlie está confundido, devastado, y Emma avergonzada, intenta convencerle de que es la mujer de la que se ha enamorado y que ha dejado su pasado atrás. Escuchamos esa conversación una y otra vez. La escuchamos mientras cada pendiente de la boda se aglomera para la pareja. Escuchamos cierta versión del mismo dilema mascullada por sus amigos, bastante más aversivos que Charlie. La vemos reflejada en numerosos flashbacks que buscan reconstruir la experiencia de Emma cuando adolescente. Una apuesta narrativa así podría funcionar, si acaso Borgli permitiese el caos en su puesta en escena y dejara a sus personajes salirse del molde, abrazar el desorden y llevar esta premisa hasta su lado más ridículo: nada de eso sucede porque, en el fondo, Borgli parece demasiado serio con ellos y su historia, quizás asustado de los potenciales afectos de su guion.

Esta inseguridad se ve reflejada principalmente en el uso excesivo del flashback y los diálogos de exposición, como si Borgli necesitara que la audiencia pudiese comprometerse con la inocencia de Emma, o al menos creer que es una posibilidad. No tendría sentido revelar cuál es la raíz detrás del secreto de Emma, pero bastaría con decir que, hasta cierto punto, se trata de una explicación bastante facilista y previsible, capaz de hacer que uno se pregunte si acaso valía la pena incluir el secreto en primer lugar. ¿Y si no teníamos explicaciones? ¿No hubiese sido mejor? Una película así funciona desde la ambigüedad y los puntos ciegos, esas lagunas de la historia —sobre todo en su conflicto principal— que la audiencia debe desentrañar por su cuenta. Lejos de hacer eso, Borgli llena su película de preguntas explícitas, justificaciones a medio desarrollar y un extraño arco secundario (apoyado por estas escenas del pasado) que busca desentrañar cómo y por qué Emma hizo lo que hizo, con resultados confusos.
Irónicamente, mientras más Borgli expone a Emma través de la duda de Charlie y la vuelta al pasado, menos la conocemos. Es frustrante ver a una actriz como Zendaya, cuyo papel se reduce a un recurso narrativo, como una fuente de disputa para el protagonista masculino. El guion de Borgli castiga excesivamente a su protagonista y la somete a una suerte de camino de la vergüenza y el arrepentimiento. Si acaso la mayor duda en la audiencia es qué tanto puede redimirse el personaje, su tratamiento superficial en la trama parece generar el efecto contrario. Tampoco ayuda que los otros dos personajes femeninos principales en la película estén escritos desde la ridiculización y el hastío: ¿Era necesario tener a una Alana Haim haciendo de la peor versión posible de una amiga de la pareja en total crisis? ¿Y qué hay del histérico personaje de la asistenta de Charlie, responsable del twist ridículo del tercer acto?

Esta contradicción en Emma y en los otros personajes es una de varias instancias en las que Borgli muestra mucho, pero termina diciendo poco. Y es que uno de los grandes problemas en The Drama es que, por más que Borgli se esfuerce por situar la historia en un contexto muy específico —es el Boston de clase media alta intelectual—, poco o nada ayuda este contexto a entender a los personajes. ¿Cuál es la postura política que tienen Charlie, Emma, y sus amigos en torno a la revelación, uno de los temas más que producen más polarización en el EE UU contemporáneo? ¿Cómo su postura cambia al tener que confrontarla con Emma? ¿Qué nos sugiere el hecho de que Emma, el punto de tensión en la historia, sea afroamericana? ¿Cambiaría en algo la trama si acaso los personajes no estuviesen asentados en un enclave de alta cultura y valores progresistas? Parece existir toda otra historia —o muchas otras historias— más allá del escándalo principal, pero Borgli parece tan obsesionado con su gran revelación que no parece atreverse a seguir cualquiera de esas, quizás bajo la sesgada visión de que con insistir en el mismo punto es suficiente.
En cierto grado, The Drama es tan decepcionante porque, desde su premisa, su montaje astuto y buen ritmo, y el buen trabajo de sus actores, es claro que una película así pudo haber sido el tipo de comedia Hollywood original que necesitamos en el cine. En tiempos en que el discurso de una película y su potencial polarizador vale tanto como la película en sí misma, The Drama podría resaltar con una visión bastante ácida de nuestra relación con nuestros afectos, nuestra idealización y el conflicto permanente entre identidad y deseo. En general, que muchas personas estén disfrutando de la película y que la reciban con tanta estima no habla tan bien de ella como sí demuestra lo necesitados que estamos de historias atrevidas, de buen enganche, respetuosas con la inteligencia de la audiencia. Esta parece ser una de esas películas, pero, así como sugiere su propio guion, casi siempre las apariencias engañan.



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