“Padre Madre Hermana Hermano” (2025), de Jim Jarmusch: disfuncionalidad al mango


Lo último de Jim Jarmusch es una película tipo antología que nos narra tres historias tan distintas como parecidas, centrándose en relaciones familiares disfuncionales y problemas de comunicación. Como idea, no es mala –después de todo, Padre Madre Hermana Hermano ganó el León de Oro en la Biennale el año pasado, por lo que claramente caló en los miembros del jurado de aquel festival. Sin embargo, en este crítico no causó reacciones emocionales particularmente potentes. Este film cuenta con elementos narrativos y de personajes interesantes, pero en términos generales, considero que es de lo menos convincente que Jarmusch ha hecho en un buen tiempo.

La primera historia se lleva a cabo en las afueras de Nueva Jersey. En ella, vemos a los hermanos Jeff (Adam Driver) y Emily (Mayim Bialik) yendo a visitar a su viejo padre (Tom Waits), quien se supone la está pasando mal económicamente. Pero uno no demora demasiado en darse cuenta de que quizás el tipo no les está diciendo la verdad a sus hijos. De esto, la más perspicaz y astuta Emily se da cuenta, pero lamentablemente Jeff, quien está siempre buscando la validación de su padre, cae en sus trampas, y le regala comida y le deja dinero.

Esta primera historia funciona gracias a lo incómoda que se siente. Jarmusch hace un gran énfasis en los silencios incómodos, momentos de curiosa quietud y miradas entre hermanos para denotar con facilidad que se trata de una familia con problemas de comunicación, que nunca fue particularmente cercana. La química entre Jeff y Emily es casi inexistente, y mientras que a él le va bien en el trabajo, pero carece de una vida personal rica, ella cuenta con un esposo, hijos y una mayor sensibilidad a las trampas de su padre.

Por otro lado, este último, interpretado convincentemente por Tom Waits, es un maestro engañador y manipulador. Antes de que lleguen sus hijos, desordena su casa y tapa los muebles de buena calidad para verse más pobre y se hace el vulnerable para causar pena. Es un personaje fascinante que, a fin de cuentas, el filme no aprovecha del todo –especialmente hacia el final de esta primera historia–, pero igual resulta interesante. Por su parte, Adam Driver está muy bien como el crédulo Jeff, y Mayim Bialik (de The Big Bang Theory) convence en un rol serio y bien definido.

La segunda historia se lleva a cabo en Dublín, y tiene como protagonistas a dos hermanas. La mayor, Timothea (Cate Blanchett), acaba de ser ascendida en el trabajo, pero igual maneja un carro viejo (que en cierto momento se malogra) y no parece tener una vida personal muy satisfactoria. Y a la menor, Lilith (Vicky Krieps) le gusta ostentar lo que no tiene y aparentar tener la vida con la que le gustaría haber nacido, engañando a su madre con historias sobre un carro que no posee y un trabajo con influencers que probablemente no existen, y finalmente, pidiéndole que le pida un Uber (porque claramente ella no puede pagarlo).

Ambas se encuentran con su progenitora (Charlotte Rampling) para tomar té, algo que hacen una sola vez al año. Y es en este contexto que vemos cómo las dos hijas, que al parecer han sido criadas por una madre fría, distante y poco interesada en su vida interior, interactúan con la misma. Lamentablemente, de las tres, esta es la historia menos lograda. Blanchett, Krieps y Rampling son grandes actrices, pero tanto la primera como la tercera no pueden hacer mucho con personajes poco desarrollados y frustrantemente enigmáticos. Solo la segunda tiene algo con qué trabajar, pero igual no es suficiente como para tornar a este segundo acto de Padre Madre Hermana Hermano en algo entretenido.

Finalmente, la tercera y última historia se lleva a cabo en París y tiene como protagonistas a los mellizos estadounidenses Skye (Indya Moore) y Billy (Luka Sabaat). Resulta que ambos han llegado a la ciudad para despedirse del departamento de sus padres y ver qué hacer con sus cosas, luego de que estos fallecen en un accidente aéreo. Y es en las conversaciones entre los hermanos que nos vamos enterando del tipo de relación que tienen, así como de los recuerdos e interrogantes que comparten de sus padres.

Esta historia está mejor que la anterior, principalmente gracias a que, por fin, tenemos como foco una relación relativamente sana y normal (al menos en comparación con las previas). Skye y Billy resultan interesantes como hermanos, no solo por el gran cariño que claramente se tienen, sino también gracias a cómo se van dando cuenta de que, quizás, no conocían tan bien a sus misteriosos padres. Tanto Moore como Sabaat  dan actuaciones muy naturales y sutiles, convirtiendo a sus personajes en figuras con las que no resulta difícil empatizar. Como en las otras historias de Padre Madre Hermana Hermano, no hay nada particularmente dramático o intenso acá, pero al menos se siente como una propuesta más humana que la narrativa situada en Dublín.

Y eso es lo más curioso de esta película. Es tan sutil, suave y de ritmo tan pausado, que no resulta ni particularmente ofensiva ni interesante. La mayoría de las emociones están contenidas –a excepción de un momento en el que la Skye de Indya Moore llora en el departamento de sus padres–, y ninguno de los tres actos presenta un conflicto particularmente intrigante o una resolución potente. Todo pasa fácilmente y sin mayores problemas, lo cual resulta en una experiencia que no aburre, necesariamente, pero que tampoco logra crear un vínculo emocional palpable con la audiencia.

En todo caso, sí hay algunos recursos narrativos y visuales de interés en Padre Madre Hermana Hermano. Por ejemplo, hay varios diálogos, objetos o temas que se repiten en cada historia, como si Jarmusch nos estuviera diciendo que, a pesar de que cada narrativa se lleva a cabo en diferentes países y momentos, y con personajes distintos, igual todos comparten… algo. Por ende, se habla mucho sobre el agua (como concepto, como medicina) y sobre la expresión inglesa «Bob’s your uncle«. Varios personajes usan relojes marca Rolex, también, y en cada historia aparecen skaters que parecen simbolizar la libertad que nuestros personajes añoran. No es nada súper profundo, pero al menos ayuda a dar la sensación de que estas historias son parte de un todo más grande.

Padre Madre Hermana Hermano es el tipo de película que no logra generar ningún tipo de respuesta clara en el espectador. Se deja ver, no es ofensiva, tiene algunos elementos narrativos interesantes y a nivel formal, está bien dirigida, editada con estilo y muy bien actuada (el reparto, evidentemente, es de primer nivel). Y sin embargo, nunca se siente como algo cohesivo, sino más bien como tres historias dispares e irregulares, unidas por recursos narrativos y visuales que se repiten y resultan atractivos a nivel superficial. Este film me decepcionó –no me dejó ni enfadado ni fastidiado, sino más bien indiferente, lo que es peor.

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