Como hombres, o incluso diría más, como seres humanos, muchas veces cargamos con una serie de anhelos que, por improbables o poco realizables que sean, terminan rondando constantemente nuestra imaginación. Aunque a veces pensemos que se trata únicamente de pensamientos aislados, de ideas que quizá solo nosotros hemos tenido alguna vez, la verdad es que suelen ser experiencias mucho más universales de lo que creemos. Fantasías que muchos comparten, aunque pocas veces se digan abiertamente. Una de ellas podría resumirse en una pregunta bastante sencilla, aunque inquietante si se piensa demasiado: ¿qué pasaría si la persona de la que estoy enamorado terminara correspondiéndome de un momento a otro? No necesariamente porque uno haya hecho algo verdaderamente importante para merecerlo, sino simplemente porque sí, porque alguna fuerza externa desconocida decidió alterar las cosas.
Resulta curioso entonces ver cómo un cineasta como Curry Barker, alguien que por lo que he podido entender comenzó haciendo contenido en YouTube antes de dar el salto al cine de la mano de Blumhouse Productions, toma justamente ese tipo de pensamientos escondidos en rincones bastante oscuros de la mente humana y decide materializarlos en clave de terror. Honestamente, creo que esa termina siendo la decisión más lógica posible. Porque si uno se detiene a pensar realmente en esa fantasía, rápidamente se vuelve algo bastante perturbador. La idea de que alguien se enamore obsesivamente de ti de un momento a otro, sin existir una construcción emocional real detrás, termina siendo muchísimo más enfermiza de lo que inicialmente parece. Barker entiende perfectamente eso y lo utiliza como punto de partida para construir una historia donde el deseo deja de ser algo romántico para transformarse progresivamente en una pesadilla.

La película sigue a Bear, un joven incapaz de declararle sus sentimientos a Nikki, una chica con la que trabaja. Desesperado por conseguir que ella finalmente se enamore de él, decide recurrir a un objeto mágico llamado «One Wish Willow» para pedir justamente eso: que Nikki quede locamente enamorada de su persona. Claro, al inicio uno podría pensar que simplemente estamos frente a la clásica fantasía romántica llevada al cine de terror. El problema es que, como suele ocurrir en este tipo de relatos, el deseo termina siendo interpretado de la manera más literal y cruel posible. Poco a poco, Nikki comienza a desarrollar una obsesión enfermiza hacia Bear, llevando sus sentimientos hasta consecuencias cada vez más extremas, violentas y perturbadoras.
Lo interesante es que Barker consigue construir esa atmósfera enrarecida desde prácticamente el primer momento. Incluso antes de que el elemento sobrenatural entre completamente en juego, ya percibimos que Bear es alguien profundamente desordenado emocionalmente. La película deja entrever desde el inicio que viene arrastrando una tragedia fuerte y que, aun así, continúa adelante con esta idea impulsiva y egoísta. Una de las decisiones más inteligentes del director está en cómo presenta a Nikki. Porque en realidad nunca llegamos a conocerla demasiado como persona independiente. Más bien, termina funcionando como una proyección de los deseos de Bear. Lo primero que escuchamos sobre ella son precisamente las palabras de él, describiéndola como una figura perfecta, casi diseñada específicamente para satisfacer aquello que cree necesitar emocionalmente.

Por eso resulta tan inquietante ver cómo, una vez que el deseo se cumple y el sonido del «One Wish Willow» quebrándose marca el inicio de todo, la existencia de Nikki empieza a deformarse por completo. La película transmite constantemente la sensación de que algo dentro de ella desaparece. Como si dejara de existir una individualidad real y únicamente quedara esta figura vacía consumida por una necesidad enfermiza de validación afectiva. Barker incluso juega visualmente con eso, haciendo que muchas veces Nikki aparezca apenas visible dentro del encuadre, borrosa, observando desde reflejos o rincones oscuros, siempre con una presencia amenazante que termina representando esa visión distorsionada que muchos hombres construyen sobre las mujeres.
Ahí creo que está el verdadero corazón de la película. Más allá del terror o del componente fantástico, lo que Barker parece querer cuestionar es precisamente esa manera profundamente egoísta y posesiva de entender los vínculos afectivos. Esa idea de querer ser amado sin realmente pensar en la otra persona, reduciendo sus deseos, pensamientos o individualidad únicamente a la satisfacción emocional propia. Resulta inevitable pensar en cómo eso dialoga directamente con ciertas dinámicas actuales, especialmente en tiempos donde internet ha permitido que muchos hombres expresen discursos bastante dañinos respecto a las mujeres, viéndolas como objetos que pueden obtener, utilizar o descartar según sus propias necesidades emocionales.
Por eso Nikki siempre está presente. Incluso cuando no ocupa directamente el centro de la escena, la película se asegura de que sintamos constantemente su presencia. Termina funcionando como la materialización de esa fantasía masculina deformada y enfermiza que lentamente se vuelve contra quien la deseó en primer lugar. Barker convierte así esa idea romántica aparentemente inocente en algo profundamente pesadillesco, donde el horror nace precisamente de no entender al otro como una persona real, sino únicamente como un recipiente para nuestras propias frustraciones emocionales.

Otra decisión bastante interesante del guion está en cómo Bear tampoco termina funcionando como la clásica víctima de una maldición. Aunque progresivamente intenta alejarse de Nikki y comienza a notar lo aterrador que se ha vuelto todo, también da constantemente la impresión de que existe una parte de él incapaz de renunciar por completo a esa fantasía. Incluso cuando las consecuencias empiezan a ser horribles, pareciera seguir pensando que tal vez nunca volverá a tener otra oportunidad de sentirse querido de esa manera. Eso hace que la obsesión crezca todavía más, porque en el fondo la película deja claro que él tampoco quiere soltar realmente aquello que pidió.
Es justamente ahí donde el tono termina volviéndose particularmente incómodo. Aunque la película nunca abandona el horror, tampoco pierde cierto humor negro bastante retorcido que por momentos recuerda al trabajo de Zach Cregger en películas como Bárbaro (Barbarian, 2022) o La noche de la desaparición (Weapons, 2025). Incluso el propio «One Wish Willow» recuerda un poco al dispositivo de hipnosis utilizado en esa última película. Solo que, a diferencia de Cregger, Barker no parece tan interesado en expandir constantemente el relato mediante giros cada vez más grandes o alegorías demasiado subrayadas. Acá el enfoque es mucho más contenido y relativamente más sutil, sin perder nunca de vista aquello que quiere señalar sobre el deseo, la obsesión y las relaciones humanas contemporáneas.
Eso sí, tampoco diría que estamos frente a una película completamente redonda. Aunque logra construir una experiencia incómoda y un retrato bastante reconocible de ciertas dinámicas emocionales actuales, sí siento que pudo haberse comprometido todavía más con su dimensión lúdica y grotesca. Nikki es un personaje que constantemente necesita validación emocional extrema y la película tenía ahí un potencial enorme para empujar mucho más lejos esa mezcla entre romance enfermizo, humor negro y horror psicológico. El gore funciona y deja imágenes bastante fuertes, pero también da la impresión de que Barker en ciertos momentos teme ensuciarse completamente las manos y llevar el concepto hacia niveles todavía más dementes.
Algo parecido me ocurre con el propio funcionamiento del «One Wish Willow». No porque la película necesariamente necesite explicarlo absolutamente todo, ni porque el hecho de mantener cierto misterio automáticamente sea un problema de guion, sino porque sí da la sensación de que el componente fantástico pudo haberse trabajado con reglas un poco más claras. Nunca termina de establecerse completamente cómo opera esta fuerza sobrenatural ni cuáles son realmente sus límites, y eso provoca que algunas situaciones dependan más de que simplemente aceptemos lo que ocurre sin demasiadas preguntas. No arruina la experiencia, pero sí le resta algo de contundencia al conjunto.
También creo que eso termina afectando al desenlace. Si bien no diría que el final sea insatisfactorio, sí da la impresión de que la película pudo haber llegado muchísimo más lejos. Sobre todo porque ya había preparado el terreno para algo todavía más extremo, impredecible y desquiciado. En cambio, termina optando por una resolución relativamente segura que, aunque coherente con lo planteado previamente, deja cierta sensación de potencial desaprovechado.
Aun así, Obsesión (Obsession, 2025) sigue siendo una película de terror bastante sólida y, sobre todo, una carta de presentación muy interesante para lo que pueda hacer Curry Barker en el futuro. Hay algo genuinamente prometedor en la manera en que decide explorar estos rincones oscuros de la mente humana utilizando el horror como vehículo, pero sin perder cierta dimensión lúdica ni caer en pretensiones excesivamente solemnes. Se nota que entiende bastante bien dinámicas emocionales y sociales propias de esta generación, especialmente todo lo relacionado con las relaciones afectivas atravesadas por internet, la validación constante y las formas tóxicas de entender el deseo.
Honestamente, creo que ahí es donde más potencial tiene como cineasta. Incluso cuando la película todavía presenta varias limitaciones formales o narrativas, sí da la impresión de que Barker posee herramientas muy interesantes para seguir creciendo dentro del género. Hay una mirada bastante clara sobre aquello que quiere retratar y sobre cómo utilizar el terror para hablar de inseguridades, obsesiones y vínculos humanos profundamente dañados. Ahora queda ver si en futuros proyectos decide expandir todavía más esa visión o explorar otros lados igual de incómodos de la mente humana. Sea como sea, definitivamente deja curiosidad por ver qué hará después.



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