Hope (Hopeu, 2026), de Na Hong-ji, es un experimento mental que pretende ser una película de ciencia ficción. Generalmente esto suele ser al revés: una película del género puede servir, a partir de una idea innovadora o un concepto desafiante, el punto de partida para un experimento mental que incomode a la audiencia mucho tiempo después de haber asistido a la función. Hope también incomoda a la audiencia, pero no por sus ideas radicales, sino por las apuestas riesgosas de su estilo. La película de Na parte de una premisa que, aunque no lo parezca, es bastante disruptiva: ¿qué tal si una película aparentemente convencional, cercana al blockbuster y al cine comercial, hace todo lo posible por desafiar las expectativas del público y sus convencionalismos? ¿Qué tal si se engaña a los espectadores con numerosas insinuaciones, pistas inútiles y pasos en falso, dejando así una película irregular, un caos posiblemente brillante y admirable, con piezas que no parecen acomodarse del todo?
Y es que, desde una mirada preliminar, Hope tiene todo lo que uno esperaría de un espectáculo de ciencia ficción y acción convencional. Tiene secuencias brutales de acción y un montaje vertiginoso. Tiene un protagonista en conflicto, un potencial interés romántico del sexo opuesto, un compinche de confianza que permite el alivio cómico, mucha tensión en las secuencias de persecución y escenas grotescas casi gore. Tiene, además, criaturas novedosas que apelan a la imaginación más perversa del espectador. Incluso tiene sembrados todos los elementos para iniciar una saga completa, con un final abierto a más de una secuela. Hope tiene todos estos elementos, pero ninguno funciona de la manera en la que esperamos que funcione. Si no llegan a comprender lo que les digo, la primera secuencia del film (que dura alrededor de 45 minutos, con los hechos sucediendo prácticamente en tiempo real) lo dejará bastante claro: con una cámara de destacada amplitud, con detallados planos generales y a plena luz del día, Na nos inserta en medio de una brutal cacería que se supera a sí misma escena a escena. La apuesta funciona, por supuesto: a partir de escenas que parecen salidas de una inspiración caprichosa de su director, Na filma un caótico juego de gato y ratón entre un policía local y una extraña criatura que amenaza con destruir al pequeño pueblo en el que ha aparecido de golpe.

El pueblo en cuestión parece ser una pequeña comunidad ganadera en algún lugar de Corea del Sur: que la mayoría de los ciudadanos porten (y sepan usar) armas de fuego y que haya numerosos letreros patrióticos que señalan la amenaza potenciales espías sugiere que se trata de una localidad cercana a la frontera con Corea del Norte. Hay quienes podrían sugerir, incluso, que todo Hope se puede leer como una alegoría a la vida militarizada en la frontera entre las Coreas, en la que las criaturas sirven de señuelo que representa la demonización de los norcoreanos y su situación de “otros”. Esto no es tan importante para la trama, eso sí: lo único que sabemos es que Beom Seok, el jefe de policía local, ha sido llamado luego de que una vaca haya sido destrozada por una criatura salvaje. Este será el primer incidente de muchos: en cuestión de minutos, todo el pueblo caerá preso de los embistes de la criatura, que atraviesa violentamente las paredes, destroza mercadería y vehículos, y cercena brutalmente a cuanto humano y animal se encuentre en su camino. Durante esta primera mitad, no tenemos idea de cómo se ve el monstruo. Na construye la tensión a partir de la incertidumbre y la expectativa, jugando con la audiencia en cada paso de su primera secuencia: la cámara se entromete en cada rincón posible, el gore se embellece gracias a los muy nítidos planos, la velocidad de cada secuencia que nunca pierde intensidad.
Los primeros minutos son tan intensos y originales que uno no espera lo que sucede después. Cuando los monstruos aparecen en la pantalla, es posible que más de un miembro de la audiencia abra la boca en total descrédito. A medio camino entre un personaje de videojuegos y un invento de CGI barato de una película serie B, los monstruos de Na, imposibles de describir aquí sin dar cuenta de muchos spoilers, parecen salidos de una película muy distinta, y no necesariamente mejor. Por si fuera poco, quizás para probar aún más la paciencia de su público, Na decide pausar radicalmente su película y, luego de agotar la acción por casi una hora, retraerse por más de 40 minutos, en una secuencia intermedia que conjuga sátira y misterio: una forense extirpa los órganos gigantes de las extrañas criaturas en busca de respuestas; un anciano confundido narra su experiencia con las criaturas y las terribles consecuencias de comer cerdo en mal estado; y los protagonistas tienen que aguantar a pueblerinos insufribles con tal de dar con el paradero del monstruo. Eso sí, cuando menos lo esperamos, Na irrumpe con otra extraordinaria secuencia de acción, de más de 40 minutos de duración, con cuidadosamente coreografiadas y excitantes escenas de persecución, lo que incluye planos que sorprenden por la forma en que fueron filmados.

Parte de la extraña brillantez de Hope es que nunca sabemos del todo si Na es consciente del potencial ridículo de su película y si acaso todo se trata de una compleja y bien trabajada artimaña para con la audiencia. ¿Genuinamente Na cree que la calidad de sus criaturas está al nivel del excepcional trabajo de la cámara y demás elementos que componen su película? ¿Y acaso el director pretende que nos compremos que las dos primeras horas de su historia eran apenas una suerte de carnada para enganchar a la audiencia e introducirlas a una potencial saga con numerosas películas por venir? ¿No tendría más sentido que, como lo sugieren varias bromas y comentarios autorreferenciales de sus personajes, nada de esto debería ser tomado muy en serio?

La verdad podría estar en un punto medio entre ambas opciones. De hecho, uno podría pensar que Na se está escudando bajo la cómoda etiqueta de la sátira como un mecanismo de último recurso: si su película no funciona como entretenimiento serio, siempre le puede quedar la excusa de que “está siempre fue una buena parodia”. Esto no tendría por qué reducir el potencial de Hope como una película de valor: hacer una buena parodia suele ser más difícil que hacer el tipo de película que se busca parodiar, y mantener el balance entre una y otra, como parece hacerlo aquí Na, puede ser una tarea extenuante. Lo que consigue Na, entonces, con la cámara más imaginativa posible y con la conjunción de numerosos elementos técnicos, es una experiencia estimulante, controversial hasta la médula, pero, la vez, capaz de llevar al cine a su mayor extremo creativo.
Dicen que es posible que Hope dé paso a una secuela. Es razonable que uno tema lo peor para una saga cuyo valor reside, al menos en gran parte, en insistir en la importancia de hacer un cine que se sienta y se vea original. Aún así, nada está perdido: si la secuela cuenta con el 10% del talento de Na tras la cámara, entonces seré el primero en ir a verla.



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