Entrevista a Dorian Fernández

1. El cine te permite contar las historias y mitos selváticos y reivindicarlos.

Dorian, tu has trabajado en la publicidad ¿Cómo así decides entrar al campo del cine?

Yo creo que era la necesidad de combinar un tema comercial con uno más de corte artístico. Eso, frente a otras motivaciones como el hecho de vivir en una zona que tiene tanto qué contar y que estaba tan abandonada desde esa perspectiva. No se sabe de antecedentes, salvo Antonio Wong que intentó hacer documentales, por los años 20. Ya en Perú veíamos otras manifestaciones a nivel provincial y la selva no tenía ningún referente. Había que hacerlo y teníamos esa inquietud, es por eso que se empezó a descubrir el tema, en primera instancia de una manera muy experimental y poco a poco con mayor seriedad y con la intención, obviamente, de seguir en adelante.

Tu hiciste un corto previamente a Chullachaqui

Dos, en realidad. El primero que se llama A Lima, un corto que trabajamos con otros productores en Iquitos, tiene 20 minutos de duración y fue digamos el primer trabajo en donde empezamos de cero. El siguiente corto se llama Del otro lado de 10 minutos de duración que nos permitió pulir errores y darnos cuenta e interesarnos por seguir en la onda autodidacta, seguir mirando libros, viendo películas que es una gran escuela para las personas que no tenemos la posibilidad de estar cerca de institutos que te formen en el tema. Y finalmente el Chullachaqui que es el primer proyecto real en el que hemos trabajado preproducción, producción como tal, rodaje y post producción y hemos intentado acercarnos en lo posible a la técnica de hacer cine.

¿A ti la selva, la amazonía, te estimula creativamente?

Por supuesto, porque el hecho de ser y sentirse amazónico te permite desarrollar un tema espiritual, entonces hay como un feeling. El hecho de sentirse parte de esto te crea la necesidad de devolverle también; y si se puede hacerlo desde la perspectiva artística, ahí es cuando hay esa obligación de retribuirle a la selva lo que nos da. De llenarnos con su paisaje, su mística, su idiosincrasia, su cosmovisión entonces como que hay una necesidad de devolverle ese favor.

Nos contabas que abundaban historias en la amazonía. ¿Puedes esbozar qué tipo de historias, personajes?

Lo místico que tiene el hecho de ser inmensa, de ser inalcanzable visualmente hace que se tejan múltiples manifestaciones. Encontramos que la cosmovisión amazónica se desarrolla, básicamente, sobre dos grandes ejes, el tema del ayahuasca y el tema de la mitología que tiene grandes manifestantes como es el chullachaqui, uno de los más arraigados; por eso decidimos tomarlo. Tenemos múltiples mitos más como la yacuruna, el bufeo, la sirena, entre otras maravillas. Yo creo que el cine te permite contar esas historias y mitos y reivindicarlas y dar a conocer al mundo entero cómo piensa un poblador amazónico, qué es lo que tiene a flor de piel, cómo vive, que cree y que no cree.

Has hablado de reivindicar ¿Quieres decir que no se le da un justo lugar o se le está atacando? ¿Puedes hablarnos un poco de eso?

Por supuesto, yo creo que en el Perú la interculturalidad es un tema que todos lo conocen pero no lo entienden. El tema andino ha sido el abanderado, el tema amazónico no, a pesar de ocupar un 60% ó 70% del territorio nacional; en ese sentido creo que los mismos amazónicos debemos tomar la iniciativa, una corriente cultural valorizando y no miserabilizando el tema, la idiosincrasia, tantas cosas que significa la amazonía en su riqueza, en su verdadera dimensión y que en lo absoluto se ha dado difusión. Yo creo que esta generación de amazónicos estamos con las pilas bien puestas y cargadas no solo en el tema de cine, sino en las artes en general.

¿Puedes resumirnos de qué se trata el Chullachaqui, qué narra?

Chullachaqui es la historia de siete jóvenes universitarios que están por graduarse y van a hacer el trabajo final que es recolectar unas muestras específicas que hay en una zona tropical. Ellos, al arribar a esta zona que era desconocida y lejana, se encuentran con este ente, el Chullachaqui y empieza a suceder una serie de eventos. Es el preciso momento donde el mito y la realidad se conjugan y empieza a jugar un desorden psicológico en cada uno de ellos terminando con algo realmente inesperado.

¿Cómo germinó la idea?

Del otro lado el cortometraje anterior a Chullachaqui es urbano a pesar de estar en una zona amazónica, yo creo que por la facilidad de producción. Pero hubo personas que nos hicieron dar cuenta que teniendo la amazonía cerca, teníamos que hacer temas de corte amazónico. Es por eso que nos preguntamos por dónde empezar ya que había una cantidad enorme de opciones. Identificamos como una de las cuestiones de mayor impacto el tema mitológico, lo desconocido, las ánimas, que es lo que tiene mucho la selva. Y obviamente el más popular era el Chullachaqui y comenzamos a investigar, esta etapa duró dos o tres meses. Me animé a hacer viajes a Madre de Dios, Tarapoto, Pucallpa para conocer más sobre el mito del Chullachaqui y entenderlo mejor ya que no hay libros que te expliquen en su gran dimensión el tema y el boca a boca es lo que mejor funcionó. En ese sentido se han recogido varias versiones del mito y entendimos que el verdadero Chullachaqui depende de quien lo cuente.

Entrevista a Dorian Fernández Tras estas complicaciones, lo importante era identificar las características que se repetían, las cuales eran que el Chullachaqui tiene los pies desiguales, la cojera y la capacidad que tiene de transformarse en un ser conocido para errarte. Luego, se armó el guión y se hizo un casting para ver qué había, ya que Iquitos no cuenta con una escuela de teatro o actuación. Fueron como 150 personas de las cuales notamos que 15 no actuaban bien pero sí podían ser interesantes como perfiles propios, eran personas interesantes para mostrar. Así que a estas 15 personas las metimos en un proceso de preparación con el único director de teatro de Iquitos para que no actúen ni interpreten, sino sean ellos mismos con una cámara al frente y puedan tener la naturalidad que se quería en el proyecto. Finalmente, el guión se terminó adaptando a estos perfiles y de los 15 quedaron 7 que entrarían en la historia.

Empezamos la planificación a la par de lo que iba a ser el rodaje y ahí vino lo más complicado, el buscar financiamiento para un proyecto que no tenía antecedentes, que sonaba a locura en la zona amazónica. Tocar la puerta de empresarios y amigos y decirles que se quería hacer una película era casi un chiste. Había mucho escepticismo, las puertas se cerraban una tras otra y no es cliché, es verdad. Y había que hacerlo con coraje.

Comprometimos a algunos amigos que tienen empresas en los apoyos logísticos, logramos juntar un poco de plata en una célebre chanchita porque no había que pedir poco para el proyecto, por eso fue una chancha muy sacrificada, pero había que hacerlo por el objetivo de empezar a hacer cine. Yo creo que lo que permitió hacer esta película fue el coraje de la gente que pudimos conseguir y hacer que se metan en la visión de lo que queríamos empezar porque nos sentíamos obligados a hacer cine en la amazonía ya que de lo contrario esto podía suspenderse por mucho tiempo y eso ya no era una opción.

¿Cuánto llegaron a juntar?

Entre dinero y apoyo valorizado, un promedio de 65000 soles. Ya con lo que había armamos la producción y logramos reclutar 55 locos amazónicos que también se metieron en la onda de hacer cine. Es un grupo amplio, pero para nosotros era chico en ese momento. Esta cantidad de gente se preparó y capacitó porque tenía un conocimiento casi nulo en las áreas que se necesita para la realización de un film. Preparamos a las personas que iban a estar en sonido, fotografía, iluminación; solamente el que hacía cámara tenía cierta experiencia en ello.

Trabajamos el tema de audio como se debía trabajar, nos esmeramos mucho en conseguir que se cumpla con lo mínimo necesario para hacer el proyecto. La otra parte de producción se armó con bastante esmero, la ambientación, la parte logística, el cuidado de almacenes; se montó toda una empresa que terminó sorprendiéndonos a todos por lo bien organizado y grande que se sentía. Luego nos fuimos al río Momón, un río que está aproximadamente a 40 minutos del puerto de Iquitos. Ahí se dio el rodaje por 5 días, no se concluyó con todo el itinerario, estaba muy apretado y no teníamos experiencia previa.

¿Cómo iniciaron el rodaje?

Todo se iba manejando con auto presiones, nos dábamos tiempos límites, decíamos, tenemos que conseguir esto hasta esta fecha y con lo que haya nos vamos; y bueno, por coincidencia cayó semana santa en el 2006 y había 4 días donde podíamos rodar. Era la única fecha en la que podíamos alejarnos de nuestros trabajos, nuestras ocupaciones, teníamos que llegar a esa fecha a como de lugar. Esa fue la presión para ir buscando, arañando y consiguiendo las cosas. Un día antes de partir no teníamos todo, ahí funcionó eso de “¿quién tiene una olla?… anda tráela de tu casa” lo nuestro ya parecía un campamento boy scout.

¿Qué fue lo más complicado de conseguir?

Yo creo los generadores eléctricos de 10,000 watts que era toda la iluminación que usamos y eran gigantescos. También fue difícil conseguir el transporte por río para 50 personas, se necesitaban lanchas de grandes capacidades y por último, conseguir dónde dormir porque el lugar solo tenía una casita que es la casa que se ve en la película, que si subían cuatro se caía. Una opción era llevar carpas y la otra, que finalmente escogimos, era llevar 2 lanchas, que conseguimos de milagro, con camarote tal como se viaja por la selva.

Una de las lanchas nos la dio una ONG de unos buenos patas, fue genial porque era todo lujo esa lanchita. Son de las que usan para hacer investigaciones en la selva y tenía aire acondicionado, equipo electrógeno. La oficina que movía como director era alucinante, ¡mejor que mi oficina en Iquitos! Era lo único cómodo porque comer 5 días lo mismo fue complicado, todos los días tallarines con portola porque no conseguimos más insumos. La persona que nos auspició, la abarrotera, nos dijo solo tengo esto, tallarines y portola en cantidad, por ahí un panadero nos dio pan.

Pero eso no era lo importante, sino más bien la locura de hacer el proyecto y ver qué va a resultar. O sea, lo que menos importaba era comer o dormir bien, lo que importaba era rodar y rodar y tratar de sacar el mejor resultado de este proyecto.

No pudieron terminar de rodar todo lo que planearon…

No, definitivamente. Ahí vino el primer momento de choque de la parte de producción con la parte artística. Producción nos daba todo lo que necesitábamos para que el director de cámara, de fotografía, mi persona y todos los que veíamos qué iba a estar dentro de pantalla hagamos nuestra chamba. Nos decían, “¡por qué programas algo tan ajustado!, ¡cuándo he hecho películas!” le decía yo; así que solo rodamos lo que pudimos que era el 60%. El martirio fue cómo acabar, ya habíamos quemado todo lo que habíamos conseguido, por eso tardamos cuatro meses más, porque tuvo que salir de la nuestra, por ahí alguna persona que nos apoyaba en algo y solo íbamos un día a rodar, un domingo rodábamos lo que planeamos y volvíamos a planear el siguiente rodaje. Ahí vino el menudeo, incluso hay insertos que tuvimos que grabarlos en el patio trasero de la casa de alguien. Costó mucho mantener la motivación durante tanto tiempo sobre todo con un grupo humano tan grande, pero tuvimos la suerte que el material que grabamos nos gustó, nos pareció que estaba interesante.

¿Con qué cámara trabajaron?

Con una HDV Sony que la adquirimos para el trabajo publicitario, la cual despertó la intención de hacer cine por el formato tan simpático que te da el 1080i en el que trabaja la HDV, eso nos motivó para hacer cortometrajes.

¿Podrías describirnos, en general, los equipos con los que trabajaste?

Cámara HDV, el equipo de iluminación fue Dexel, spotlights, ultralights, soflights, rebotadores, creo en el tema de iluminación la cosa no estaba tan austera. En cuanto al audio sí porque no teníamos boom, tuvimos que adaptar un micro de estudio, un Behringer B-2, que sirve para grabar canciones; felizmente la soledad de la selva ayudaba a que la amplitud que tiene ese micro nos permita usarlo, ese micro no hubiera podido funcionar en ninguna parte de la ciudad porque se escucharía el caminar de las hormigas y todo. Eso fue lo más complejo, incluso partes del audio no se pudieron usar en post producción por ese problema, ya que por ahí alguien se movía un poquitín y todo se filtraba entonces era bien complicado trabajar con ese micro pero era todo lo que había.

Tuvieron varias escenas de noche, me imagino que debió ser la parte más complicada para trabajar…

Entrevista a Dorian FernándezClaro, los días de rodaje fueron bien complicados, las noches más porque después de haber trabajado desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche, el cuerpo está rendido y había que seguir hasta las 6 de la mañana del día siguiente. El cronograma nos obligaba a trabajar 24 horas, así que el café jugó un papel importante porque teníamos las noches contadas que no son tan generosas ya que empieza a las 8 y termina a las 5 de la mañana, teníamos que usar lo que había de noche y había mucho que rodar, así que tuvimos que desvelarnos. Dormíamos a las 6:00 a.m. y nos despertábamos a las 8:00 ó 9:00 a.m., a lo soldado había que abrir el ojo como sea y obviamente desde las 9:00 a.m. hasta terminar la noche del siguiente día, fue súper sacrificado. En esos 4 días dormimos menos de 12 horas porque el grado de excitación que tienes al hacer proyectos como este no te permitía dormir al llegar a la cama sino pensar qué es lo que vas a hacer al siguiente día. Me reunía con el productor y con la gente para ver el itinerario del día siguiente y cuando nos dábamos cuenta quedaba media hora más para despertarnos así que yo creo que mucho menos se ha dormido.

¿Qué es lo que opinaba la gente de realización, los actores? ¿Estaban enchufados o sufrían por eso?

Había mucho feeling en la producción, la motivación ha sido espectacular y es lo único que ha permitido que se pueda cumplir. Creo que todos caían en ese tema de remotivarse, cuando ellos sentían que no podían, tenían que encontrar la motivación de donde sea porque había que seguir, había muchas veces que la gente en el rodaje decía ¡me rindo! y el otro estaba ahí para decir, ¡no te rindas, oye! no nos queda otra.

En la historia hay una casa ¿Esa casa la encontraron?

Esa casa pertenecía a una familia de españoles, que fueron a vivir en el año 40 antes que lo abandonen en el 62. Esa casa estaba abandonada y la Marina tomó posesión de todo ese espacio y no la destruyeron porque estaba chuchumecona, la dejaron ahí y ahora está por caerse. Así que tenía mucho de lo que necesitábamos en la historia, algo realmente tétrico que te haga sentir que ahí ha pasado algo o va a pasar algo.

¿Y la cocha que utilizan ahí?

La cocha no es una cocha real, es una piscingranja que la familia armó hace muchos años y la dejó ahí y se vino toda la naturaleza encima y tomó forma de cocha natural. Estaba perfecto porque tenía fondo limitado, no era peligroso; el lugar estaba ideal para simular una cocha real en estado virginal, pero no todo lo que brilla es oro.

Entrevista con Dorian Fernández-Moris

  1. El cine te permite contar las historias y mitos selváticos y reivindicarlos.
  2. Que se sepa en todas partes que se empezó a hacer cine amazónico.

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