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Entrevista a Augusto Tamayo San Román, director de “Rosa mística”

Después de 40 años de estar desarrollando este proyecto, finalmente el director Augusto Tamayo San Román pudo estrenar en la cartelera peruana la película “Rosa mística”. Con ocasión del estreno, pudimos conversar con este cineasta sobre esta cinta que retrata… Seguir leyendo →

[Crítica] “Rosa mística”, con Fiorella Pennano

A pesar de que se sabe bastante sobre la vida de Santa Rosa de Lima (o como era conocida antes de ser beatificada, Isabel Flores de Oliva), cabía la posibilidad de desarrollar una película sobre ella de diferentes maneras; después… Seguir leyendo →

Tienen que ver “Ultra Warrior” (1990), una película serie B de Roger Corman, con Orlando Sacha, Ramón García y Diego Bertie

No todos los días se encuentran rarezas inclasificables como esta película. Hace unos días, los amigos del blog Proyectando Ideas, Sebastián Zavala y Ernesto Zelaya, comentaron una cinta serie B que vieron recientemente. Se trataba nada menos que de Ultra… Seguir leyendo →

Feria Internacional del Libro 2015: Esto es todo lo relacionado al cine que encontrarás en la FIL Lima

La vigésima edición de la Feria Internacional del Libro de Lima comienza sus actividades este viernes 17, y nosotros te informamos aquí de todas las publicaciones, conversatorios y proyecciones que podrán disfrutar en esta feria, que se extiende hasta el… Seguir leyendo →

"Rocanrol 68", la primera escena del rock peruano llega al cine

Rocanrol 68, la opera prima de Gonzalo Benavente, es una comedia juvenil ambientada en Lima de los años 60, una ciudad que comenzaba a descubrir y a generar sus propias bandas de rock.

La película, que se viene filmando por estos días, está protagonizada por Sergio Gjurinovic, Manuel Gold y Jesús Alzamora, tres fanáticos de la música de Los York’s, Los Saicos, Telegraph Avenue, entre otras bandas limeñas. La coprotagonista femenina será Mariananda Schempp.

José María Arguedas en el cine

Ahora que se conmemora el centenario del nacimiento de José María Arguedas, hacemos un recuento de la vinculación de su obra con el cine, la cual no sólo se limita a las contadas adaptaciones que se han hecho de sus cuentos y novelas.

Desde 1957, cuando el escritor andahuaylino promovió la exhibición por primera vez en Lima de la obra de los cineastas de la llamada Escuela del Cusco, que incorporaron la presencia del mundo indígena, hasta años recientes, en que jóvenes realizadores de largometrajes, cortometrajes y documentales han revisitado los textos de Arguedas y han sido influenciados por su obra. Conócelos a continuación.

La vigilia (2010)

Lo de Augusto Tamayo es narrar en imágenes, hacer fluir la diégesis, coger dos planos disímiles y darles coherencia al empalmarlos. Hacer discurrir una historia hasta que desenlace y quede todo claro, diáfano. En cambio, con la La vigilia, va a contracorriente de sus talentos en pos de ostentar intelecto: imprime ‘artísticos’ tiempos muertos, simbolismos retóricos y un anticlímax desangelado, que deja más sinsabores que inquietudes. El híbrido no resulta: no solo aburre sino que, en su presunta sabihondez, revolotea clichés.

Las mejores secuencias de La vigilia son las correrías nocturnas por el Centro Histórico de Lima, filmadas en planos abiertos que denotan a las plazas y calles cuales infiernos dantescos, donde cada ruta es una ramificación del averno. El ambiente enrarecido que Tamayo compone, desde la elección de las locaciones, sugiere no una vigilia escabrosa sino una pesadilla.

La vigilia es un ensayo tedioso acerca de la incomunicación entre clases, no una película sagaz y sentida de su tema. Entre bostezos y parpadeos cansados, la he podido entender, pero no disfrutar.

La vigilia (2010)

La vigilia, reciente estreno peruano, encarna la parcial turbación de esa suerte de “orden” del planteamiento narrativo de Augusto Tamayo, en la irrupción de la joven marginal, áspera y primitiva, en el mundo de Edgardo Chocano, un renombrado intelectual que vive solo en una residencia de ribetes palaciegos, rodeado de arte y absorbido por su trabajo académico.

La cinta se inicia con una presentación sosegada del personaje de Gianfranco Brero y de su espacio y sensibilidad; se le ve solitario pero cómodo, complacido en plena escritura; los movimientos pausados de cámara se pasean por su sala, acompañados de lírica música y el paulatino sonido de las teclas, mostrando sus pinturas y la refinada ambientación general, antes de llegar a él.

La cámara sigue a la intrusa para registrar cómo profana un lugar no en vano colmado de elementos religiosos, vomitando, escupiendo, cogiendo el vestuario, tirando la impresora, sirviéndose la comida y botándola. Pero sobre todo observa cómo enfrenta al dueño, desconcertada por su actitud reflexiva y serena.

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