Archivo de Agosto 2005

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Entrevista a Damián Alcázar

Como se esperaba Damián Alcázar (México 1953) fue elegido mejor actor en la novena edición de Elcine, lo cual no hace sino confirmar una bien llevada carrera de 20 años, tanto en el cine, el teatro y la televisión. Su predilección por los caracteres más bien complejos lo ha llevado a trabajar con directores como John Sayles (Hombres armados) y Arturo Ripstein (La mujer del puerto) así como en producciones fuera de su país. Este es el caso de Crónicas, producción mexicano-ecuatoriana dirigida por Sebastián Cordero, donde da vida a Vinicio Cepeda, un enigmático vendedor itinerante acusado de ser un violador de niños y asesino en serie que asola diversos poblados del Ecuador. Cinencuentro habló con Damián Alcázar el día antes de conocerse la votación final.

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Cinencuentro: ¿Cómo fue la preparación para el intenso rol de Vinicio?
Damián Alcázar: Fue igualmente intenso, muy intenso. Me fui un mes antes al Ecuador, tenía mucho material de parte de Sebastián, algunos libros sobre ciertos personajes, me entrevisté con un psiquiatra y con una psicóloga que trataron a este tipo de gente, salía a las calles de Guayaquil a escuchar y ver a la gente, a entender que sí somos lo mismo, los ecuatorianos y los latinoamericanos pero tienen sus ligeras variantes, sobretodo en el entorno en que se habita. Y de ahí empezar con cada lectura de las escenas a tener objetividad sobre que tipo de persona es ésta que me están presentando ¿no? y que le voy a dar vida, encontrarle su propia manera de respirar, irlo ubicando y en ese mismo sentido imaginando.

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Tu personaje tiene una compleja psicología, pues muestra dos caras opuestas, ¿Cómo lo construiste para que fuera creíble?
Yo creo que en esencia todo está en un buen guión y si tu lo percibes y empiezas a vivirlo, por ahí está mas o menos, sí me costó mucho trabajo porque requería mucho esfuerzo de mí, mucho tiempo, no parar, no contentarme y decir: “bueno ya creo que es suficiente, yo me la creo, tengo emociones verdaderas, por lo tanto lo voy a hacer bien” No, volvía a intentarlo y agotaba otra posibilidad y cada vez encontraba cosas nuevas y llegué a tener una idea muy clara de lo que le ocurría, me aislé muchísimo para preparar el personaje, no iba a reuniones, porque no me lo podía permitir.


Tuviste que hacer una adecuación física para el rol ¿No? Un trabajo de maquillaje, de preparación previa.

Pues mira, más que de maquillaje que no lo había realmente, el personaje va emergiendo de tal forma que es otro y creo que así intento trabajar todos mis personajes, porque es otra persona, no soy yo, por lo tanto tiene que caminar de otra manera, tiene que hablar de otra manera. En Crónicas era un caso extremo, es un colombiano que vive en Ecuador por lo tanto había que encontrarle una forma de expresión vocal ¿No? es decir el acento, el tono. Pero estaba ahí mismo, yo no se lo puedo inventar, creo que lo percibo. Por ejemplo me rasuré y le dije a Sebastián me voy a quitar las cejas, porque pensé que si la cara era mucho mas neutra, sin esta fuerza que tengo yo en las cejas oscuras y bien marcadas, si es mucho mas neutra es como más transparente, menos cálido, como más frío. Son ideas que a mí se me ocurren ¿No? porque también siento que no tiene pelo, como si fuera una rana, como si fuera una salamandra, una cosa así, un reptil. Y por otro lado su forma de caminar, pues se anda escondiendo, se oculta tras de sí mismo, por lo tanto no es frontal, no es abierto y no es relajado, es taimado. Pero todo esto lo vas encontrando en el personaje y dices, este tipo así es.

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¿Qué tipo de personajes te gusta interpretar?
Me gustan los personajes complejos, porque no existen las personas simples, incluso si abordamos a una persona que consideramos simple, veremos que tiene muchísimas cosas que lo hacen complejo y eso es lo extraordinario de las buenas historias y eso creo que tienen los buenos personajes, pero por ejemplo, hablando de esto de manera mas amplia, los galanes, el galán en una historia de amor es un personaje simple, es buena persona, lo construyen tonto, confiado, pero cuando un personaje es más complejo es mucho más cercano a la realidad, a lo que nosotros percibimos como un ser humano, esos son los verdaderamente interesantes.

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¿Cómo fue tu relación con tus compañeros de reparto? John Leguizamo, Leonor Watling.
Fue una relación muy cercana, muy amable, siempre había una forma muy cálida de tratarse entre todo el grupo y también con los jóvenes ecuatorianos que trabajaron en la producción, era realmente un ambiente formidable para nuestro quehacer, tu te vas enfrentando con dificultades a lo largo del rodaje que puedes resolver gracias a que todo el mundo está con la intención de ofrecer su trabajo, su esfuerzo, eso hace que fluya un proceso.

¿Hacía donde se dirige ahora la carrera de Damián Alcázar?

Tengo ahora un par de invitaciones, una en Colombia y otra en Bolivia. En México estoy a la espera de que salga una serie formidable que nació en la Argentina que se llama Los simuladores y ahora lo van a hacer en México, me encantaría hacerla porque es una cosa muy interesante, muy divertida y muy inteligente, ojalá que me toque hacerla. Y tengo también una oferta de televisión con la gente que trabajo siempre que es Argos Cine, que también se caracteriza porque sus historias son inteligentes.

¿Qué te parece el Perú?
Es la segunda vez que estoy aquí en Lima, me encanta, la comida es extraordinaria, lo poco que he podido pasearme por Lima me gusta mucho, al término del festival me voy al Cusco y espero subir a todos los lugares posibles.

Es casi seguro que tu trabajo en Crónicas sea premiado como mejor actuación del presente festival ¿Que opinas?
Probablemente, igualmente si no lo ganara y hay otro actor cuyo trabajo esté formidable, también lo voy a aplaudir muchísimo y voy a ser capaz de percibirlo perfectamente.

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Entrevista: Luis Ramos
Fotos: Luis Ramos y Jorge Esponda
Lima, 12 de Agosto del 2005

La caída de Fujimori (2005)

The Fall of Fujimori

The Fall of Fujimori

Presentada en el 9º Festival Latinoamericano de Cine de Lima con cierta controversia, se estrena de improviso comercialmente esta cinta documental de la norteamericana Ellen Perry que pretende dar un alcance más o menos detallado de la meteórica y turbulenta era Fujimori en el Perú.

Probablemente para los espectadores internacionales que menos conocen los hechos resulte un espectáculo bastante interesante de ver, pero mas allá no tiene mayor valor que como reportaje periodístico que arma su itinerario a partir de los más saltantes hechos que llevaron al tan esperanzador para muchos cambio de 1990 a uno de los mas controversiales, turbios, y repudiados gobiernos de la historia peruana. Así asistimos al desfile cronológico desde su elección sorpresiva a sus problemas conyugales con Susana Higushi, de ahí al autogolpe de estado, pasando por la captura de Abimael Guzmán, la reelección, la figura siniestra de Vladimiro Montesinos (eterno único sacrificado), la toma de la embajada de Japón por los emerretistas, y por su puesto la segunda reelección, los vladivideos y la fuga.

Asunto complejo el de meterse con la historia reciente, más aún para quienes lo podemos ver desde adentro, pero la directora Perry se manda con ello pero sin mayor interés que el de el sinfín de reportajes nacionales o extranjeros que han tratado el tema. Alguna que otra investigación por los archivos de los canales de televisión, y algunas entrevistas a partidarios y opositores (entre ellos el propio ex presidente desde la tierra del sol naciente) son lo que nutren el metraje de su película.

La impresión que nos deja es la de una historia que es fuerte de por si, con o sin documental. Realizado sin mayor personalidad o convicción que la de infinidad de trabajos de este tipo. La verdad mucho ruido y pocas nueces como suele decirse. Ojalá documentales con muchísimo mas interés se estrenaran de esta forma, pero lástima ese no pasa de ser casi siempre un buen deseo.

La isla (2005)

The Island

The Island

El archiexitoso Michael Bay vuelve a las andadas y nos trae este thriller futurista con la paranoia de la manipulación genética de fondo. Aquí vemos a un inquieto personaje al que conocemos solo como Lincoln (Ewan McGregor) formando parte de un gigantesco proyecto del cual no sabe más que sus congéneres todos ávidos por sacarse la lotería: un viaje a “la isla” el aparentemente único lugar en el mundo libre de la monumental contaminación que supuestamente es la causa del encierro en el que viven. Desde aquí ya podemos contemplar conceptual y visualmente los préstamos tomados de cintas como THX 1138 o The Matrix. Pero como la cosa tiene que tomar ritmo de alguna manera se deja de lado la exploración de esta neo sociedad para desatar la acción. Así nuestro héroe descubre la verdad y cogiendo compañera de viaje (Scarlett Johansson) se lanza al juego de atrápame si puedes.

Lo que seguirá es terreno conocido, a Bay ya no le interesa en ese momento si la consistencia de su trama sigue en pie sino de llenar los ojos como sea y aunque no lo hace tan mal como se esperaría (hay algunos momentos de persecución bien conseguidos) la capacidad sugestiva y claustrofóbica del inicio se pierde en ser apenas utilizada para comprometer el interés del espectador. Median por ahí el humor (a cargo nuevamente de Steve Buscemi) y alguno que otro momento romántico tratados como ya es costumbre por la gran fábrica: chatos y acicalados.

The Island

Nuevamente se da el caso de una premisa interesante despedazada por la presión de no ponerse muy “complicado” o “difícil” al respetable. Y no es que el nervio de la acción le pudiera quedar mal a una intriga como esta. Todo lo contrario, y ahí esta The Matrix para comprobarlo. El problema es cuando todo esta ejecutado sin mayor convicción y hasta con gratuidad. Si no basta con ver tan solo los móviles del héroe que son antojadizamente desviados para dar pretexto a las explosiones y la destrucción cataclísmica que todos los millones pueden lograr.

El hecho de que no le haya ido bien en el box office norteamericano ya nos dice de por sí que eso de confiar en una supuesta fórmula ganadora no siempre es redituable.

Jorge Esponda

Las trillizas de Belleville (2003)

Les triplettes de Belleville

Les triplettes de Belleville

A pesar de sus varios premios y menciones, el estreno de esta película es realmente insólito. El francés Sylvain Chomet realiza un cine de animación muy distinto al de las rutinas que todos conocemos. Con una notoria influencia del cine de chistes visuales de Jacques Tati, Chomet es un caricaturista consumado y sumamente imaginativo.

Una anciana y su perro pasarán más de un obstáculo con tal de encontrar a su nieto, un ciclista secuestrado por oscuras manos durante el tour de France. En ese trayecto que los llevará a la ilusoria Belleville (gigantesca parodia de un New York en la época de sus mayores oropeles) encontrarán a este trío de ex estrellas que los ayudarán en la búsqueda.

Les triplettes de Belleville

Todo lo que nos presenta Chomet esta revestido de gran talento no solo en sus resoluciones visuales sino también en atmósferas. La gran melancolía no está reñida con el humor y hasta con el sentido de la tensión de la acción. Más bien interactúan en un todo armónico. La gran aventura es a la vez una mirada satírica propia de los más agudos talentos de la caricatura: la mirada a los franceses con todos sus intencionales estereotipos ya dice bastante, ni que decir de los habitantes de Belleville y su afán de lucir repletos hasta la saciedad.

Toda esta explosión creativa se nos presenta en un espectáculo fascinante pero que resulta toda una rareza al fin y al cabo, pero superando ese tipo de reticencias el público puede finalmente sentirse satisfecho de una hora y veinte minutos de un estupendo film de animación. Una experiencia muy difícil de tener en nuestra habitual cartelera y que por ello mismo habría que apoyar. Imperdible.

Jorge Esponda

Soy Cuba (1964)

Soy CubaHubo una vez un pequeño país que demostró que las utopías eran posibles, que los sueños de revolución y cambio podían cumplirse. A esta isla en medio del caribe llegaban intelectuales del mundo entero para dar su apoyo y para contagiarse del ímpetu que se vivía.

Esta isla era, por supuesto, Cuba, que aceleradamente cambiaba y se modernizaba. Entre los visitantes se contaba gente relacionada al cine (Cesare Zavattini, Agnes Varda, Andrzej Wajda, Vanesa Redgrave) pero el que dejó más huella fue un ruso que poco antes habia ganado la Palma de Oro en Cannes: Mijail Kalatozov, que arribó a Cuba en 1961 dispuesto a producir una película que alabara las virtudes de la revolución naciente y mostrara al mundo el milagro cubano.

Soy CubaLa película se hizo a un costo altísimo para la época y con un tiempo de rodaje descabellado, fueron casi dos años en los que un numeroso equipo plasmó la visión de Kalatozov sobre la revolución cubana.

Pero entonces sobrevino la catástrofe, una vez estrenada Soy Cuba, tanto en La Habana como en Moscú causó la misma reacción: estupor, incomprensión y rechazo, la estética y planteamiento del filme no concordaban con los aires de la época. A la semana el film fue retirado y archivado. Y así permaneció oculto por décadas.

Hasta que a partir de los noventas la película fue emergiendo lentamente del olvido, en 1994 Martin Scorsese tuvo ocasión de verla y quedó maravillado, por lo que junto a Francis Ford Coppola se propuso difundirla. Ahora tenemos la oportunidad de ver una copia totalmente remasterizada a partir de los negativos originales, con una excelente calidad de imagen y sonido.

Soy Cuba

¿Pero de qué trata este filme, protagonista de tan particular cuento de hadas?

Es en esencia una fábula dividida en cuatro historias, donde una y otra vez se presenta el abuso y dominio de la dictadura de Batista y sus socios norteamericanos. Así por ejemplo en una historia vemos a una hermosa cubana que se prostituye ante ricos turistas yanquis, luego un campesino y su familia pierden su cosecha de caña ante la prepotencia de las compañías extranjeras, en otra historia un grupo de estudiantes luchan en las calles contra la policía del régimen y en la parte final observamos la campaña de los barbudos en las montañas de Sierra Maestra.

Soy CubaSin embargo la principal razón por la cual Soy Cuba ha trascendido es la manera como Kalatozov cuenta las historias. Aquí debemos señalar que se advierte una relación con el trabajo de Sergei Eisenstein, pero Kalatozov va más allá pues se vale de la cámara y de una monumental puesta en escena, con secuencias que convocan a miles de extras, para entregar una visión lírica, de una épica formidable que a la larga sirve tanto para hablar del caso cubano como de cualquier nación en lucha contra la opresión.

El trabajo del fotógrafo Sergei Uruzevski es excepcional, tanto por la composición de los planos como por lo intrincado de los movimientos de cámara, muchos de ellos insuperables aún hoy en día. Por ejemplo hay una secuencia donde la cámara empieza acompañando un cortejo fúnebre en primer plano, luego se eleva hasta lo alto de un edificio y atraviesa balcones para entrar en una fábrica de habanos, luego sale por la ventana y “vuela” por encima de la multitud que acompaña al féretro, un plano secuencia simplemente alucinante. Lo mismo puede decirse de la música, variada y marcando cada momento, con una voz en off femenina que recita los versos del poeta ruso Yevgeny Yevtushenko “Soy Cuba, soy el casino, los moteles, las barras y los burdeles, pero también las manos de este niño y de este viejo”

Soy CubaA pesar de su grandilocuencia y abierto espíritu de propaganda, este monumental film deja una huella imborrable en las retinas, solo cabe añadir que recomendamos la visión del documental de Vicente Ferraz, Soy Cuba, el mamut siberiano que arroja luces sobre su proceso de gestación y rescata la palabra de muchos de los involucrados en su construcción.

Cuba no es más la isla de las utopías y los sueños de muchos derivaron en pesadilla. Soy Cuba es una instantánea suspendida en el tiempo, que ha quedado como reflejo de los ideales de la gente que la concibió. Hay que ver esta cinta de culto, más de una vez si es posible.

Luis Ramos

Mi bella dama (1964)

My Fair Lady

My Fair Lady

Las películas de George Cukor se podría decir que fueron las más opulentas y elegantes del Hollywood clásico. Mas por el hecho de contar con grandes presupuestos y conseguir la espectacularidad que los mismos les otorgaban (algo que puede apreciarse también en Cecil B. De Mille), el cine de Cukor tiene una capacidad envolvente y a la vez el trazo fino y preciso de algunos de los grandes nombres que como en su caso giraron entorno a los géneros aparentemente más livianos como la comedia o el musical aunque no siempre. My Fair Lady es quizá la apoteosis de su visión del espectáculo como cual derivado de Broadway a su vez inspirado en una creación de George Bernard Shaw.

El profesor Higgins (Rex Harrison), un autosuficiente intelectual de la alta sociedad inglesa se propone como reto la realización de un experimento: la conversión de una vulgar e ignorante presencia de las tantas que él contempla de lejos en toda una personalidad de la élite. Es así que la elección recae en la dama del titulo, la dulce pero poco afortunada Eliza Doolitle (Audrey Hepburn en su punto), una vendedora de flores a la cual el no menos ingenuo profesor abrirá de par en par sus puertas sin saber que trastocará su vida por completo.

My Fair Lady

Aquí el escenario para la comedia musical esta puesto de manera formidable por el orquestador Cukor. El experimento adquiere mas bien la apariencia de un juego, cual antecedente de la sí en verdad sería pero igual de poética L’enfant sauvage de Truffaut, aquí la dama cual niña inquieta deberá aprender las reglas de urbanidad que son fundamentales especialmente para las mujeres de la época. Pero de este contacto el intercambio es inevitable y aunque el distante y estirado hasta lo risible profesor no lo quiera queriendo se convertirá en otro ratón dentro del laberinto pero sin darse cuenta.

Cukor es un consumado retratista humorístico aun dentro de la irrealidad de las conductas o performance del musical, así todo este paseo por un Londres de fantasía se convierte en una extraordinaria caricatura y una vez que el juego ya no puede dar marcha atrás entrará todo el asunto sentimental, acaso ya no sabrán como empezó todo. Absoluta magia de la que ya no se ve.

Jorge Esponda

Chinatown (1974)

Chinatown

Esta película es harto significativa como uno de los más extraordinarios y personales homenajes que se hayan hecho a un tipo de cine ya mutado hace mucho tiempo. El polaco Roman Polanski nos trae de vuelta la esencia del film noir, esa vertiente del policial que se desarrollaba en medio de atmósferas siniestras envenenadas de traición, miedo y ambición.

En Chinatown se valió de la moda retro de comienzos de los setentas para realizar toda una puesta al día de recursos que incluso se podían considerar desfasados (vale tan sólo presenciar los créditos iniciales) Lo novedoso y genial de este film fue que Polanski fiel a su estilo exacerba aún más el lado oscuro y perverso del género, para revelarnos una vez más su visión de la sociedad moderna envilecida al extremo en que sus protagonistas apenas son fichas de un enorme juego movidos de un extremo a otro sin que puedan evitarlo.

Así presenciamos la aventura del detective J. J. Gites (émulo de tantos Sams Spades y Philips Marlowes en la historia del cine) que asume un extraño caso. En él conocerá todo un impresionante (si es que alguien de su oficio se puede sorprender de algo) trasfondo de corrupción, odios y venganzas en la entonces todavía polvorienta ciudad de Los Ángeles. Ahí como sus antecesores, no podrá evitar involucrarse con lo que no debe empezando con un asesinato y la investigación que lo llevará a conocer a una mujer fatal: la evasiva Evelyn Mulwray (Faye Dunaway.)

Chinatown

Polanski con estupendo guión de Robert Towne lleva acabo esta travesía por las aguas turbias (acaso las únicas) en que los aparentes estereotipos de la historia detectivesca están puestos con tal talento que difícilmente podemos olvidar este modelo. He ahí que surge como retorciendo mas su autoconciencia el gran John Huston (inaugurador del sub género) como el todopoderoso Noah Cross luciendo toda su imponente presencia ante los espectadores y ante el propio Polanski que conciente de su rol prácticamente hace la comparación entre ellos interpretando a un pequeño matón.

No hay que olvidar a un magnifico Jack Nicholson como el turbado protagonista, quien con Faye al lado se convierten en una de las parejas mas memorables del imaginario del policial negro. Una joya, acaso la obra cumbre de Roman Polanski.

Jorge Esponda

La muralla verde (1970)

La muralla verde

Armando Robles Godoy ha sido sin duda el más personal y ambicioso realizador del cine peruano. Sus películas claramente influenciadas por las vanguardias de los años sesenta (en los que inició su carrera en el cine) son visiones que pretenden abarcar todo acerca del país, eso si, pasado por el muy peculiar filtro de su mirada.

La muralla verde es sin duda su film mejor conseguido en el que su furioso y exótico estilo está más acentuado, tal vez por ello funcione mejor que sus posteriores realizaciones llenas de una retórica cada vez más acentuada y hasta desfasada.

La historia se ubica en los años de la república previos a la dictadura militar cuando se lleva a cabo la campaña de colonización de la selva. Un hombre (Julio Alemán) y su familia lo dejan todo por esta aventura que muchos penosos y desesperantes tramites les han costado. A partir de esta anécdota Robles nos presenta una película en la que sus alegorías visuales funcionan bien a partir de su vehemente mirada sobre la problemática no solo de la burocracia sino de toda la idiosincracia peruana. Con una notoria influencia de Resnais y Rocha, Robles nos presenta una narración fracturada (de lo que se vale para sus alucinaciones poéticas o mas bien poetizantes que veremos en sus futuras películas) ahí vemos el deambular del protagonista, sus esperanzas y sufrimientos en medio de las trabas de esas murallas coloridas y la ignorancia popular.

Robles exhibe un talento innegable para las resoluciones visuales, pero esto no se traduce necesariamente de un guión bien elaborado. Parte de la funcionalidad de la cinta es justamente el buen ojo del realizador, aunque no llegue al nivel de telurismo volcánico del brasilero Rocha por ejemplo.

Película sin lugar a dudas significativa dentro del cine peruano La muralla verde es una interesante propuesta, acaso la mejor que nos haya entregado Armando Robles Godoy.

Jorge Esponda

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