21 Stockholm International Film Festival: El cine calienta Estocolmo

Festival de EstocolmoEl escritor y periodista español Juan Cruz vino a Estocolmo hace tres semanas y, travieso, volvió a decir que Vargas Llosa “es un hombre alegre al que le gusta el cine… sobre todo el cine malo”. Y contó la increíble historia que le convenció de aquello. Si el Nobel se entregara entre el 17 y el 28 de noviembre, Mario tendría una oportunidad para demostrar, y ya no solo decir, que Juanito Cruz lo anda difamando por el mundo diciendo “que me gustan las peores películas”.

El 21 Festival Internacional de Cine de Estocolmo mostrará durante 12 días “talento joven, cine desinhibido, sin timidez estética”. Dicho por Git Scheynius, su directora, significa que habrá de todo. Y es que para plurales y tolerantes, los suecos. Y claro, algo de mal cine también habrá porque hasta para elegir películas malas los suecos tienen buen gusto.

El Nobel

Para los escépticos, el friecito de setiembre no era invierno. Pero una nevada de primera semana de octubre cayó para aclararles las dudas. En Estocolmo este año el otoño quedó trunco, a medio hacer. La nieve nos cogió a todos en medio de algo: a los árboles con hojas amarillas aún puestas y al menos a mí sin haber hecho crujir suficientes hojas secas en la calle ni encontrado zapatos de invierno.

Aquí el verano produce una urgente necesidad de quedarse fuera de casa todo lo posible, para aprovechar la luz de medianoche y la general buena onda sueca de la estación. El invierno, en cambio, obliga a buscar techo. Y mejor si el techo no es el de tu casa. Y con la nieve han caído también algunos buenos motivos para buscar cobijo en techo ajeno.

El primero que este invierno trajo fue el Nobel, apenas dos mañanas después de aquella nevada. Con el Nobel el Instituto Cervantes se puso manos a la obra, a la de Vargas Llosa, y nos ha cobijado un par de veces. Primero Juan Cruz y luego Jorge Eduardo Benavides han venido a contar sus visiones sobre la obra del Nobel. Y lo han hecho ante auditorios cálidos, principalmente de iberoamericanos (el gentilicio al que Vargas Llosa ha dado sentido) y suecos dispuestos a escuchar todo aquello que pueda contarse que nos ayude a entender al autor, a sentirlo cerca, o que nos acerque a su intimidad. A que se nos haga más fácil llamarlo Mario.

Y Juan Cruz, por ejemplo, contó aquí otra vez aquello de que a Mario le gusta el cine malo. Ya lo había dicho a CNN+ el día mismo del premio y entonces aquél, en vivo desde Nueva York, le pilló y se defendió al aire con algo como “¡Juan Cruz aún no me perdona que lo haya llevado una vez a ver una película de Arnold Schwarzenegger!”. La impresión de aquella frase me duró hasta la noche en el Cervantes, a la que fui escatológicamente decidido a pedir que se especifique el título de la cinta. Porque una cosa es Terminator 4 y otra Twins.

Juan Cruz me ahorró el miedo escénico de alzar la mano. Él, juguetón como es, ilustró su punto. Dijo que en casa de los Vargas Llosa el televisor sólo se enciende para ver los partidos de la U, los del Madrid y, claro, también para ver películas malas. Y siguió, contando que aquella vez de la película de Arnie estaban ambos en Tenerife y Mario lo obligó a acompañarlo a reparar sus gafas hasta el pueblo, en un viaje que les tomó dos horas. La distancia fue citada con provocada exageración, debo advertir. Pero ante tanto detalle ofrecido, y habiendo comprendido las miradas y palabras desaprobatorias de mis intenciones de mis acompañantes Cayetana y José Antonio, sentí que ya era demasiada intimidad saber que una de Arnie merece un viaje de dos horas para arreglar los anteojos del Nobel. Preguntar por el título exacto era, entonces, abusar. O peor, casi como husmear por el ojo de la cerradura.

Heartbeats

El festival

El punto es, el Festival de Estocolmo que empezó el miércoles 17 pudo haber servido para poner a prueba el gusto de nuestro arequipeño universal. El festival ofrece algo más de 230 películas, de más de 40 países, presentadas en 10 secciones distintas. En un país hospitalario –hasta ahora- con refugiados y otros migrantes, y obsesionado con el diseño utilitario, no es extraño que el festival quiera reflejar dicho espíritu y quiera ser un ejercicio de diversidad y originalidad. Que la película sea mala, que venga y pase; pero que de ninguna manera deje de ser original. No es que el festival pinte mucho en la agenda de festivales, pero Ang Lee alguna vez vino y dijo que finalmente había encontrado “something cooler than Stockholm”. Seguramente lo dijo desde las profundidades de tres chompas, una casaca rellena con plumas de ganso canadiense y unos långkalsonger (los calzoncillos largos más mata-pasión que se puedan imaginar) que, me consta, queman las piernas de quien los usa. Sí. Pero quizás también Lee, a pesar de tanto abrigo, quería reconocer que el festival es un genuino intento por alentar la diversidad y la originalidad. Palabras como ”experimental”, ”controversial”, ”atrevido”, ”rompedor de esquemas”… poblan las reseñas y artículos en el programa oficial. Y para probarlo, baste decir que Gaspar Noé ganó con Irreversible, esa película que quizás tú no pudiste terminar, la competencia en 2002.

Competencia

Neds

En la sección de competencia se presentan directores en su primer, segundo o tercer film. Antes de Noé, habían ganado Tarantino (con Reservoir Dogs en 1992 y Pulp Fiction en 1994) y Lars von Trier (Europa, 1991). Este año, entre los 20 competidores, sobresalen Animal Kingdom, el primer largo del periodista australiano David Michôd, premio del Jurado en Sundance, y Bi, Don’t Be Afraid, también debut del vietnamita Phang Dang Dí, premiada en la semana de la crítica en Cannes. El quebecois Xavier Dolan ha abierto el festival con Heartbeats, cuya estética pop parece encajar con la del festival, pero cuya elección, me parece ser sobre todo un guiño a su edad, que es también la edad del festival (21 años, su segundo largo). Más que Heartbeats, tengo curiosidad por conocer al escocés Peter Mullan (mejor actor en Cannes 1998) y su tercera cinta Neds, bien recibida en Inglaterra, y por supuesto al mexicano Jorge Michel Grau y su canibalesco debut con Somos Lo que Hay.

Octubre en Latin Visions

Otras de las secciones interesantes es Latin Visions, que trae a la peruana Octubre. ¿Por qué duró tan poco en Lima? El catálogo del festival la anuncia así: “Desde hoy en adelante, Daniel y Diego Vega forman un dúo de dirección sobre el que hay que tener los ojos puestos (…) Combinando un humor inteligente con estilísticamente exquisitos encuadres visuales, ellos han creado un filme único que puede ser llamado el equivalente artístico peruano de “Baby’s Day Out”. Octubre comparte la sección con Preludio (también de México), Biutiful (México-España), La Mitad de Oscar y Elisa K (España) y Agua Fría de Mar (Costa Rica), entre otras. Insisto: ¿por qué la quitaron tan pronto en Lima?

La sección Asian Images será seguramente de las más atractivas, porque entre otras cosas made in Bollywood (Raavanan), Korea (Mother is a Whore y I Saw the Devil), Japón (Outrage), Hong Kong (Late Autum) y Taiwán (Pinoy Sunday y Monga).

Extreme Politics

La sección especial de este año está dedicada a la política extrema. La elección no es casual. Sólo en setiembre la extrema derecha sueca ganó, por primera vez en la historia, acceso al parlamento gracias a un discurso nacionalista y xenófobo que también avanza en el resto de Europa. Hace menos de un mes, por ejemplo, Angela Merkel pronunció la muerte del multiculturalismo. Y aunque en Suecia la extrema derecha no es parte del gobierno como sí lo es en Holanda, su ascenso ha cuestionado la idea que los suecos tienen de sí mismos. El lunes siguiente a conocerse los resultados de la elección, cinco mil personas salieron a las calles de Estocolmo en lo que fue la primera manifestación que yo haya visto en año y medio que llevo aquí en la que los lemas no se gritaron en castellano, árabe o persa sino en sueco. No exagero. Sólo la boda entre la princesa Victoria y su entrenador personal habían sacado tanta gente a la calle durante ese tiempo (lo que puede haber contribuido al despertar de la “tradición” aunque ajustada a los tiempos). Mientras eso pasa, un francotirador descarga plomo sobre inmigrantes desde hace unos meses en las calles de Malmö, al sur del país, sin que lo puedan coger aún.

Decía pues que no es casualidad que este festival haya elegido la política extrema como tema especial. La sección quiere mostrar que el mundo aún puede ser entendido por divisiones que algunos líderes convierten difíciles al radicalizarlas, y que tales divisiones afectan individuos, como voceros o constructores de retóricas de odio o como sus víctimas. La selección es interesante y hay más de un filme que parece reflejar bien tal complejidad.

The Hunter

Por ejemplo The Hunter, del iraní Rafi Pitts que él mismo protagoniza, es el complejo drama individual de un ex presidario que transcurre en Teherán. La película cuestiona la pretendida simplicidad de algunas decisiones éticas como no matar o no mentir y con pocos trazos dibuja la enorme complejidad que adquieren en un contexto tremendamente autoritario que aplasta la vida diaria de las personas. Otras películas que destacan son La Autobiografía de Nicolae Ceaucescu, documental rumano de tres horas, y el documental satírico Draquila de la periodista italiana Sabina Guzzanti, censurada en la televisión pública de su país y enemiga acérrima de Silvio Berlusconi, que narra la doble victimización de los habitantes de L’Aquilla tras el terremoto del 2008: primero por la naturaleza y luego por los políticos. Four Lions, la deshinibidísima y políticamente incorrecta comedia del inglés Chris Morris sobre un grupo de torpes pakistaníes enredados en su muy propia y torpe yihad es de las que más prometen.

Dos secciones más hacen honor a la diversidad del festival. Una está dedicada al a películas radicales que exploran “nuevas subculturas y géneros cinemáticos contemporáneos”. Dicho en peruano, la idea, me parece, es no dejar que la gente deje la sala indiferente. Que salga asqueada si es posible. Y aquí los suecos sí que se han esforzado: presentarán A Serbian Film, de Srdjan Spasojevic, que ha sido censurada en Inglaterra y más recientemente un juez impidió su proyección en San Sebastián, hasta The Killer Inside Me, de Michael Winterbotton, el mismo de Welcome to Sarajevo, que ahora presenta a un turbado policía (Casey Affleck) que desfigura literalmente a puñetazos a los personajes de Jessica Alba y Kate Hudson. De A Horrible Way to Die del estadounidense Adam Wingard, el programa que es “un thriller subversivo” que “se convertirá en un clásico en su género.” Y yo me lo he creído e iré a verla.

La presidenta del jurado este año es la formidable Holly Hunter, Oscar en 1994 por El Piano. El Stockholm Visionary Award será entregado al gran Gus Van Sant.

Tengo una cantidad decente de entradas para ver algunas de las películas que están mencionadas arriba. Y aunque mi suerte con la elección de mis películas nunca ha sido buena, al menos prometo contarles durante estos días un poco de cuán bien mis elegidas logran calentar estas noches que son tan largas como frías.

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1 comentario

  1. 21 de Noviembre de 2010 at 1:01 — Responder

    Datazo~~~ YAM Magazine cubre el Stockholm Film Fest~ =D Proxima entrevista al actor Shima Onishi de la pelicula japonesa Caterpillar… que esta en la lista Top10 de films del este asiatico que deberian traer al Peru.

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