“Casi un gigoló”, con John Turturro y Woody Allen

La trayectoria del reconocido actor John Turturro (Barton Fink, Miller’s Crossing, Quiz Show, etc.) como director, incluyendo el documental dedicado a Nápoles (Passione, 2010), se inicia en 1992, cuando debutó con Mac.

En promedio, el realizador cada 5 años termina una cinta en la que actúa y escribe el guión. Fading Gigolo, lanzada en el Perú como Casi un gigoló, es su quinto largometraje. Esta vez plantea una historia de supervivencia económica en tono agridulce, explotando el potencial cómico del ingreso de un par de viejos amigos en el terreno de la prostitución masculina, el más joven, Fioravante, ejerciéndola y el más veterano, Murray, “representándolo”.

La base de la cinta es el timing que imponen Turturro y Woody Allen –que vuelve a asumir un rol importante en un filme que no dirige tras casi década y media–, uno sobrio y contenido y el otro con su nerviosa locuacidad característica. Alrededor de esa pauta, van apareciendo varios personajes, principalmente femeninos –que son interpretados por Vanessa Paradis, Sharon Stone y Sofía Vergara–, que lucen distintas caras de soledad y desenvolvimiento en la intimidad.

Los extraños encuentros, entre el arrojo calculado de Fioravante en la ejecución del experimento y la satisfacción de las clientas, mantienen la gracia en hora y media de metraje, como un péndulo entre el sentimiento loser de los socios y su éxito inesperado, que recuerda parcialmente, en un nivel menor, la filmografía de Allen.

Pero el relato, ambientado en Brooklyn, New York, pretende también subrayar un amplio contexto multicultural de respeto y convivencia natural con diversas etnias y preferencias sexuales que parecen habitar el paisaje urbano despreocupada y relajadamente. Algunas situaciones no son del todo logradas, en especial las del entorno judío, básicamente de dominación masculina, que se manifiesta como cerco vigilante, manipulado y conservador.

En suma, Casi un gigoló es una obra simpática y apreciable, de perfil bajo pero nunca exenta de interés, con una mirada cosmopolita que disfruta una serie de locaciones filmadas en celuloide y con un cálido cromatismo. Merece verse.

Nota. La versión original de este texto, más breve, se publicó en la edición del domingo 24 del Diario El Peruano.

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