Crítica: “El Gran Pequeño”, una película sencilla y directa

El Gran Pequeño (“Little Boy”) es el nombre del largometraje producido por el mexicano Eduardo Verástegui que se posicionó como uno de los filmes más vistos por los peruanos en su primera semana de estreno, llevando 60 mil espectadores durante ese fin de semana.

La película cuenta la historia de Pepper Busbee, un niño de 8 años con problemas de desarrollo y ningún amigo. El mundo del pequeño se viene abajo cuando su padre y compañero inseparable es reclutado como soldado para combatir en Vietnam. Así, mientras se enfrenta a la crueldad de sus compañeros y vecinos, Pepper creerá firmemente que con fe puede conseguir todo lo que desee, incluso acabar con la guerra.

Temas como la esperanza, la amistad y el poder de la fe son los componentes útiles para mostrarse en esta propuesta distinta en la cartelera.

La historia que nos presenta El Gran Pequeño es sencilla y directa, su estilo nos recuerda a las películas como Caballo de Guerra (2011) de Steven Spielberg, con personajes vulnerables en medio de situaciones adversas. En este caso, Pepper, el protagonista es víctima de la crueldad de un pueblo que rechaza todo aquello que es diferente.

El protagónico es interpretado por el debutante Jakob Salvati, quien no se hace problemas para mostrarse auténtico y fluido. A pesar de que su personaje no apunta a ser complejo, Jakob no se intimida frente a otros actores de trayectoria. Al pequeño lo acompañan Emily Watson, el comediante Kevin James, David Henrie (ex chico Disney) y Cary-Hiroyuki Tagawa (“Mortal Kombat”). Aquí es importante resaltar el mérito del director al mostrar aristas distintas de los papeles a los que estos actores nos tienen acostumbrados.

Las escenas más logradas son aquellas donde se presentan a los personajes como seres frágiles, cotidianos, presas de sus emociones. La secuencia en la que vemos un paralelismo entre las escenas bélicas y los acosos hacia el protagonista es realmente desgarradora.

Por otra parte, el personaje de Tom Wilkison, un sacerdote que anima a Pepper a realizar buenas acciones para activar su fe, resulta una excepción, pues el actor se muestra dubitativo y poco claro en sus discursos teológicos.

Es inevitable mencionar que la historia posee tintes de denuncia contra el racismo. En esta área, uno de los personajes más logrados es el de Ted Levine, paradójicamente llamado Sam, quien refleja la psicosis y la deshumanización de los personajes afectados por los estragos de la guerra. Sin embargo, la crítica se ve opacada por las muestras constantes de patriotismo.

“El Gran Pequeño” resulta pues una película suave, elaborada en una estructura clásica, que acierta en su posición optimista. El espectador promedio de seguro simpatizará con su trama casi de inmediato.

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