mystic_river_posterMystic River
Dir: Clint Eastwood | 137 min | EE. UU.
Guión: Brian Helgeland
Intérpretes:
Sean Penn (Jimmy Markum)
Tim Robbins (Dave Boyle)
Kevin Bacon (Sean Devine)
Marcia Gay Harden (Celeste Boyle)
Lawrence Fishburne (Whitey Powers)
Laura Linney (Annabeth Markum)

Clint Eastwood demuestra nuevamente no solo estar en plena forma creativa sino que su estilo evoluciona en esta compleja, difícil y fascinante película. Un crimen es el embudo del remolino que traga todo a su paso: resentimientos antiguos, formas de vida de una pequeña comunidad, la amistad. A partir de esta premisa, no tan distinta de muchos films, el último director clásico del cine norteamericano nos entrega una historia de profunda pérdida. Un poema de sentido tono elegiaco. Tan poderoso que resulta conmovedora como pocas que hayamos visto en los últimos años.

Mystic River

Esta debe ser una de las mejores películas de Clint y probablemente de las más oscuras y ambiguas (sino la más). Para esto por supuesto el otrora héroe radical hasta lo facistoide ya se ha convertido en el creador genuino que apreciamos desde algunos años, más notoriamente desde Unforgiven. Ello no implica que haya perdido su esencia conservadora sino que mas bien ha sabido modularla a estos tiempos. Sabio y con un universo propio heredado de sus grandes maestros, Eastwood explora dentro de la sociedad de su país para tratar de arrancar de ella algunas de las pocas respuestas que se le pueden extraer para conocer la misma fuente de su forma de ser, de sus secretos, de sus males y en fin, de sus tradiciones. De su larga experiencia ética, artística y vital, extrae más bien una mirada amarga (propia casi siempre de la vejez) pero muy sentida. Y sobre esto mismo se construye esta autentica joya que es Mystic river.

La historia gira alrededor de tres amigos de la niñez en Boston, cada uno con rumbo propio en la edad madura: Jimmy es un ex criminal convertido en dueño de una pequeña tienda de abarrotes pero no ajeno a las movidas de su círculo de antaño; Sean es un policía meticuloso y dedicado a su labor; y finalmente Dave es un desempleado y extraño padre de familia. Los tres representan en sí diversos grupos de su comunidad y a la vez de la gran nación del norte. Lo único que los enlaza indesligablemente es que son víctimas de pérdidas terribles. La pérdida es el sentimiento esencial que baña la película. A partir del episodio de infancia en la que Dave es secuestrado por un par de pedófilos, un religioso y un policía (aparentemente representantes del orden o de su versión pervertida), Eastwood nos coloca el sentido de su película de manera ejemplar.

Las heridas se intentarán cerrar y como dice la ley de la vida “dejar que el tiempo lo cure todo”. Pero Clint intransigente y lúcido nos dirá implacable que esto no tiene solución, al menos de esta manera. No importa el tiempo que transcurra, los fantasmas del pasado habrán de regresar como muertos en vida (cuales vampiros como dice el desgraciado Dave en un momento). Un crimen horrendo sucede y dejará al sosegado Jimmy nuevamente como deudo de sus pecados pasados. Es aquí que la película asume su perfil mas definido: el de film de investigación. Como conocedor del género, Eastwood se despacha con toda una lección de pesquisa pero no a la manera en que muchos quisieran. Es en la investigación donde el compromiso de Sean se hace más notorio, todo se le complica pues sufre la separación de su esposa que huye de él embarazada.

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Con el triángulo definido, Clint se pone mas ambicioso que nunca y vemos complicarse más la trama, con todo ese coro alrededor para darle una dimensión de gran tragedia a la obra. Y eso es Mystic river, un lamento por el rumbo que tomó la nación en alguna parte del camino. Es el tema del destino, siempre presente desde Esquilo y Sófocles. Como en algunas otras cintas recientes (The virgin suicides, Donnie Darko ó incluso Elephant), Mystic river nos habla de ese camino tangencial y pervertido que tomaron en algún momento los protagonistas y tal vez el aún probable sueño de cambiarlo. Pero esta es la versión mayor, la más compleja y matizada.

Todo se expresa claramente en los tres personajes principales: Jimmy (Sean Penn notable como siempre) sufre la pérdida de su hija y su reacción será inequívoca aunque terrible. Sean (adecuado y sobrio Kevin Bacon) sufre la ausencia del amor de su vida y su maniática determinación alrededor del crimen será su forma inmediata de reacción. Y finalmente es Dave quien sufre la pérdida mayor (la de su individualidad, su esencia, su ser), aquí Tim Robbins, en una notable interpretación, se convierte en el polo de atracción de toda energía negativa, en imán de tragedias encadenadas, asumiendo casi con inocencia las culpas de los demás.

Entonces abiertas nuevamente las heridas, solo un ritual de purificación (o sacrificio) podrá calmar la furia y volver a intentar que el tiempo se encargue de lo demás. Justos pagan por pecadores porque todo debe seguir su curso. Lo que queda es arreglar las cosas como se pueda y proceder con el saludo a la bandera correspondiente. Este amargo final que coloca Eastwood es consecuente con todo lo que hemos visto antes y lo inquietante de la verdad revelada no es fácilmente olvidable.

Y todo lo hace con genialidad envidiable. El referente del viejo Clint en sus último trabajos es John Ford pero esta vez se transforma en un John Huston con todas las de la ley. Como en Midnight in the Garden of Good and Evil (otra de sus mejores y más incomprendidas películas) hace una radiografía de esta comunidad pequeña y extraña, anclada en pleno noreste progresista de Estados Unidos. Todo este conjunto de ideas tan bien y sutilmente expresadas, son el corazón de esta auténtica obra de arte.

Jorge Esponda.