Gritos y susurrosViskningar Och Rop
Dir. Ingmar Bergman | 106 min. | Suecia

Intérpretes:
Harriet Andersson (Agnes)
Kari Sylwan (Anna)
Ingrid Thulin (Karin)
Liv Ullmann (Maria y su madre)
Anders Ek (Isak)
Inga Gill (Narrador)
Erland Josephson (David)

Film siniestro como pocos, presenciamos aquí la historia de tres hermanas juntas por la tradición pero separadas por culpas y resentimientos añejos, alcanzando tal grado de concentración alrededor de la enfermedad terminal de una de ellas y los matrimonios o relaciones insatisfechas, sumisas o perversas de las otras dos. Todo se convierte en un teatro de fantasmas donde las culpas se disimulan sutilmente o salen a relucir, los decorados lujosos se convierten en asfixiante representación del encierro y se le reprocha a los fantasmas su presencia. Película cumbre dentro de la obra de Bergman.

Gritos y susurros

El sueco Ingmar Bergman a lo largo de casi sesenta años ha hecho de su cine una constante búsqueda, una representación de la incógnita por lo esencial, impone la teatralidad (algo que le ha valido desde siempre más que descreídos detractores) rasgo preciso para que sus personajes dejen salir todo aquella que está dentro de lo que aparentemente es la desconocida fuente de nuestros descontentos. Muchas veces duro, pero siempre lírico, lo que lo hace tan especial es ese temperamento y estilo nórdico tan característico desde la época del gran Victor Sjostrom , alcanza con Bergman acaso su máxima expresión.

En Gritos y Susurros, film siniestro como pocos, presenciamos la historia de las tres hermanas juntas por la tradición pero separadas por culpas y resentimientos añejos, alcanzando aquí tal grado de concentración alrededor de la enfermedad terminal de una de ellas y los matrimonios o relaciones insatisfechas, sumisas o perversas de las otras dos. Así mismo todos sus sentimientos nos son cantados por lo alto y lo bajo, esos gritos y susurros que son expresión de su dolor físico y espiritual. A partir de estos, Bergman se interna nuevamente en sus devaneos ontológicos, todo se convierte en un teatro de fantasmas en la que las culpas se disimulan sutilmente o salen a relucir, los decorados lujosos se convierten en asfixiante representación del encierro, se le reprocha a los fantasmas su presencia.

En su momento se dice que la película recibió acusaciones de presentar a la mujer como ser pasivo, y culposo sin mayor iniciativa una visión de hombre sin mayores aristas, ¡nada que ver! La mirada de Bergman sobre ellas es mucho más compleja, es una mirada comprometida con sus personajes a las que reviste de algunas evidentes características de la mujer de la época, pero dejando traslucir cierta iniciativa y hasta rebeldía e insatisfacción, pleno de lirismo. Bergman hace traslucir a sus criaturas fantasmales cierta belleza como aquella imagen de las protagonista paseando como elegantes damas.

Las magníficas Ingrid Thulin, Liv Ullmann y Harriet Andersson dan vida a las protagonistas confirmando la destreza de Bergman en la dirección de actores, pero no todo se queda en ellos pues su poderoso y sutilmente hipnótico estilo visual de su cine de autor nos remite fácilmente a ciertas atmósferas casi terroríficas. Bergman es poeta de lo más recóndito, un investigador de lo esencial.

Película cumbre sin duda dentro de la obra de Bergman que aún, gracias a uno de esos misterios del universo, todavía sigue en actividad.

Jorge Esponda