Dir. Henry Vallejo Torres | 122 min. | Perú
Intérpretes:
Waldo Callo (Paúl)
Jesica Rivera (Mariela)
Israel Aparicio (Pancho)

Henry Vallejos usa eficientemente los moldes de Hollywood para desarrollar una historia completamente local. Y he aquí que radica el gancho y el interés de esta película. En vez de tener los escenarios clásicos norteamericanos, nos encontramos con cuevas y glaciares, caminos solitarios y pueblos alejados propios del altiplano peruano.

La introducción de este film puede ser una de las más prometedoras que se hayan visto los últimos años en película peruana alguna. Los primeros 5 minutos nos muestran detalles visuales y dramáticos muy logrados. Pocas veces se ha visto que una escena en plena luz del día pueda crear una atmósfera tan tétrica, culminando con una cámara acuática digna de cualquier respetable blockbuster.

Lo que se puede ver en este film es talento, a pesar de las notorias carencias técnicas y actorales. Henry Vallejos usa eficientemente los moldes de Hollywood para desarrollar una historia completamente local. Y he aquí que radica el gancho y el interés de esta película. En vez de tener los escenarios clásicos norteamericanos, nos encontramos con cuevas y glaciares, caminos solitarios y pueblos alejados propios del altiplano peruano. Y los personajes no son asesinos en serie o jovencitas de alguna universidad del oeste estadounidense. El film es conducido por chamanes y contrabandistas, por policías acriollados y por jóvenes periodistas. “Freddy Krueger” es reemplazado aquí por el “Kharisiri”, personaje mítico de los andes peruanos, conocido con diferentes nombres. Y la mitología andina le añade más aún ese tinte localista. Por eso no sorprende el éxito que está teniendo su estreno en cada ciudad del interior del país donde se está presentando.

Sin embargo, la película tiene falencias, y no es algo que se pueda ocultar con un dedo. A excepción de la protagonista y algunos de los personajes secundarios (interpretándose a si mismos), el casting es algo flojo, lo cual podría explicarse por la ausencia de escuelas de teatro profesionales en la región. Asimismo, la inclusión de personajes como aquel monje misterioso que aparece y desaparece no hacen sino causar algo de humor que no cuadra con lo tenebroso del guión, queremos creer que Vallejos está tratando de burlarse del espectador con estas escenas.

Fuera de lo arriba mencionado, “El misterio del Kharisiri” nos llena de esperanzas porque la propia gente de Puno está arriesgándose a invertir y realizar trabajos de este tipo y le están dando al cine peruano facetas nunca antes vistas debido al centralismo y al cliché temático. El “Kharisiri” está formando parte de un movimiento de cine peruano con temática netamente local. A este movimiento pertenecen, entre otros, títulos como “Los Jarjachas” y “Almas en penas”, películas con temática mágico-realista, que, pese a las limitaciones de recursos, se están convirtiendo en ejemplo para otros realizadores y a la vez en pilares de una incipiente pero válida e interesante cinematografía nacional.

Johan Tábori

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