La profecíaThe Omen
Dir. John Moore | 110 min.| EE.UU.

Intérpretes:
Liev Schreiber (Robert Thorn)
Julia Stiles (Katherine Thorn)
Tomas Wooler (Damien Thorn)
Mia Farrow (Mrs. Baylock)
Pete Postlethwaite (Father Brennan)

Estreno en el Perú: 6 de junio del 2006

Está escrito que el día 6, del mes 6 del año 6, el hijo de Satanás nacerá y comandará las huestes diabólicas. Todos los signos del Apocalipsis se están cumpliendo y la Iglesia Católica está determinada a evitar por todos los medios el triunfo del maligno. Y será Robert Thorn, un importante diplomático norteamericano a quien le será entregado, sin que él lo sepa, el Anticristo, al cual criará como su hijo.

La profecía

En el film original el tratamiento realista hasta cierto punto de esta temática nos hace creer que la historia podría ocurrir en la vida real, mientras que la música le da esa sensación de película gótica y al mismo tiempo de persecución, dejando la sensación de que el espectador puede ser la próxima víctima. Nada más alejado de esta nueva adaptación la cual no es sino una versión mal maquillada y artificial, en la cual el sopor y el aburrimiento están a la orden del día.

Una de las escenas que me causó indignación fue en la cual le explican al Papa las señales de estos tiempos (maremotos, guerras, plagas, etc.) que demostrarían el cumplimiento de las profecías. Me recuerda a la escena del Papa bailando en la presentación de Whoopie Goldberg en Cambio de hábito (Sister Act, 1992). Es que tal secuencia es así de obvia y absurda, con la salvedad que la segunda película se trata de una… ¡comedia!

Parece que la fórmula para una película de horror en estos últimos años es la de contar una historia lo suficientemente plana para que sea entendida por todos e incluir los tres o cuatro golpes o “shocks”, esos que te hacen saltar del asiento, escenas que la gente espera con ansias. Y esta película no está exenta de ellas, pero tan obvias y a la vez tan absurdas que el espectador se pregunta “¿qué tiene que ver esto con la película?”.

La profecíaMención aparte merece el casting para este film. ¿Alguien podría decirme que hace Julia Stiles con todos sus modismos propios del cine comercial en esta cinta que pretende ser una recreación de un clásico del género? (aunque me reservo el derecho de llamarla “obra maestra”). Y ni que decir del niño escogido para representar a Damien. En la película original este se caracterizó por su inocencia y naturalidad mientras que Tomas Wooler, en la actual, es demasiado burdo en su intento de parecer malvado, seguramente a pedido de los productores, a tal punto que pareciera que digitalmente se le haya aumentado la intensidad del color de sus ojos. No queremos decir nada de Mia Farrow pues creemos que es un mal paso en su carrera, algo escasa de continuidad en estos últimos años.

Esperemos, eso sí, que este proyecto haya quedado ahí y no tengamos que ver con tristeza que las siguientes secuelas sean también reactualizadas. Eso sería realmente algo apocalíptico.

Johan Tábori