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El argumento de En la ciudad de Sylvia, película de José Luis Guerín, es muy sencillo. Un hombre busca a una mujer y en su búsqueda observa a muchas mujeres y muchos personajes de una ciudad. En su contemplación permite que el espectador contemple y escuche sin prisa a esas personas y a esa ciudad.

Vemos un detallado y riguroso trabajo de post producción de sonido donde escuchamos las presencias, los pasos y los ruidos que son producto del actuar cotidiano de las personas, como un hiperacercamiento a ellas. Y es que los efectos sonoros producidos por la gente en la vida diaria de una ciudad, son los protagonistas de la banda sonora de esta cinta que usa muy poco el recurso del diálogo, salvo en la secuencia donde él cree haber encontrado a Sylvia. También se emplea la música con mucha austeridad, como parte constitutiva de las escenas donde unas muchachas tocan el violín, y sólo hacia el final se coloca una música extradiegética.

Me hizo recordar el estilo del maestro francés Jacques Tati, en cuanto al placer de destacar y hacer oír los sonidos que producen los humanos al vivir. En este caso, el juego del 5.1 es muy bien aprovechado para ubicar en el espacio la procedencia de las acciones, sobre todo en los largos planos fijos. Una delicia. ¿Se imaginan lo que hubiese hecho Jaques Tati con el recurso del 5.1?