Claudia SparrowClaudia Sparrow es la más joven del grupo y, para mí, el descubrimiento de esta breve investigación. Impresiona saber que a sus 24 años está a punto de graduarse como Máster en Dirección de Cine del American Film Institute de Los Angeles, uno de los centros de estudio más prestigiosos del mundo y el más ligado a la gran industria de Hollywood. Impresiona que hace tres años ya realizó su primer largometraje, The Loss of Me, la historia de una chica en terapia que intenta recuperar la memoria después de una violación que sufrió, el cual grabó en digital en Lima, Perú. Pero sobre todo impresiona su claridad, su energía y, claro, la suerte de haber encontrado y desarrollado una vocación desde tan temprana edad:

“Tenía 11 años cuando me di cuenta que quería ser directora de cine. Y desde ese momento sabía que tenía que ir a Estados Unidos para estudiar la carrera. Lamentablemente en Lima no se ofrecen carreras en cine en las universidades, sólo en Comunicaciones y primero debes llevar uno o dos años de cursos generales. Yo estaba desesperada por aprender a hacer películas y sabía que la industria de cine en Estados Unidos era la más grande, y que era un país en el que no sólo podría estudiar, sino también trabajar después en cine y aprender de su experimentada industria. A los 15 me fui un verano a Londres para estudiar inglés, y la experiencia me ayudó a crecer mucho como persona y me di cuenta que podía estar sola en otro país sin problemas. Entonces a principios de quinto de secundaria empecé a ver las maneras de irme a Estados Unidos. Inicialmente consideré la opción de trabajar en los sets de películas y aprender ahí, pero como no tenía permiso de trabajo en EEUU, lo mejor era viajar como estudiante. Mis papás nunca estuvieron de acuerdo en que yo estudiara cine. Primero porque soy mujer y para ellos, como para muchos todavía, el cine es negocio de hombres. Además pensaban que el cine como carrera no tenía futuro en Perú, pero sobre todo no les gustaba la idea de que me fuera a estudiar sola a otro país a los 17 años. Al ser menor de edad necesitaba su permiso para salir del país, y tampoco quería irme con ellos en contra. Me averigué sobre becas para estudiar en EEUU, porque sabía que si me ganaba una beca, ya no tendrían corazón para decirme que no. Todo mi quinto de secundaria me la pasé estudiando sin descanso para la beca de pregrado de Fulbright y fui seleccionada.

Yo sabía muy poco sobre las miles de universidades en EEUU, y Fulbright me sugirió Bennington College en el estado de Vermont por ser una escuela de artes muy reconocida. Yo acepté feliz pero sin saber realmente lo que me esperaba. Bennington College es una de las dos universidades de EEUU para ‘hippies’; por ejemplo, dentro de la Universidad, es legal estar desnudos públicamente. A pesar de todas sus excentricidades, Bennington College fue el mejor lugar para encontrar mi voz como artista. Estaba rodeada de artistas de mucho talento que no tenían miedo de ir más allá de sus límites, y de profesores que no juzgaban tus formas de expresarte y te motivaban a seguir experimentando. A pesar de que venía de un colegio católico para mujeres, en Bennington College me sentía en casa. Mi tercer año de Bachiller lo realicé en la Complutense de Madrid, España, porque sentía que en Bennington era todo práctica sin fundamento y quería aprender más sobre la teoría. A la vez, admiro muchísimo al cine Español. Mi gran sorpresa fue que los estudiantes españoles, en su último año de carrera, jamás habían tocado una cámara. En el 2006 empecé la maestría de dirección de cine en el Conservatorio del American Film Institute de Los Angeles, California. El nivel de profesionalismo en los proyectos es impresionante y realmente es ahí donde he aprendido todos los aspectos de cómo hacer cine de manera profesional. Creo que lo más importante es encontrar tu voz como directora. La visión de todo director es única y cuando recién estás empezando lo más difícil es confiar en tu instinto y expresarte libremente a través de las imágenes. Ninguna escuela puede enseñarte a ser director de cine. El gran beneficio de ir a una escuela de cine es que tienes todas las herramientas para hacerlo y dedicas todo el tiempo a hacer cine. Solamente con la práctica es que aprendes a dirigir y a transmitir tu visión.”

"Good Night, Dear Boy", de Claudia Sparrow

Imagen del cortometraje “Good Night, Dear Boy”

Claudia ya ha filmado cerca de una decena de cortometrajes, y acaba de terminar el trabajo que fue su tesis de maestría en el AFI: El Americano. “Es un proyecto que representa lo que busco en mi carrera como directora; es un guión que escribí y la historia toma lugar en Perú, será grabado en Perú y Los Angeles, usando talentos de ambos países, la post-producción se hizo en Los Angeles, y la distribución será en Estados Unidos y Europa.” También está terminando el guión de su segundo largo, Camila, “un largometraje que espero grabar en Lima a finales del 2008 o principios del 2009. El financiamiento es siempre la parte difícil, pero me mantengo optimista porque tengo a un productor y a un inversionista privado interesados en mi trabajo y el proyecto. La gran ventaja de grabar en Lima es la diferencia abismal de costos a comparación de Los Angeles. Por el momento, mi meta es hacer películas peruanas porque estoy fascinada con la cultura y creo que es un país que tiene mucho que decir pero que por falta de medios se mantiene en silencio.”

Ante tantos proyectos, ¿cómo hace para balancear la búsqueda de estas metas con las exigencias de la vida cotidiana? “El balance que quiero encontrar entre sobrevivir y hacer películas, es el de trabajar medio tiempo en producción aquí en Los Angeles, y dedicar el resto del tiempo al desarrollo de mis proyectos. De esa manera, sigo aprendiendo de otras productoras y al mismo tiempo lo aplico a mis proyectos. Mi esposo también está en la industria cinematográfica lo cual es una gran bendición porque entiende lo complejo y difícil que es hacer cine y me apoya en todo sentido. A la vez, sus contactos y experiencia son una guía muy importante en mi carrera.”

(Este artículo forma parte del especial “Diez directoras para el Nuevo Cine Peruano”)