Los 120 años de Charles Chaplin

Chaplin

El 16 de abril de 1889 es una fecha sentimental para todos los amantes del cine. Aquel día en un empobrecido barrio de Londres, nació uno de los personajes más queridos del siglo que vino a continuación. Charles Chaplin fue uno de esos creadores totales de los que se nutrió el séptimo arte en sus albores: actor de impresionante capacidad física y gestual, director, inventor de técnicas y estilos, músico no menos influyente. En sus creaciones se basan muchas de las rutinas del género melodrámatico y cómico, ese que ahora luce más tributario y necesitado que nunca de sombras como la suya. Fueron décadas fundamentales para el desarrollo del medio en las que vivió y dio que hablar, ya sea para ser celebrado por Hollywood, repudiado por el conservadurismo estadounidense de los años ’40, ’50, o por su terquedad ante los cambios que se sucedieron desde el advenimiento del sonoro. Falleció el día de navidad de 1977 y tal vez ese tránsito conflicitvo y legendario de tantas décadas lo resume bien cada una de sus obras. A continuación los dejamos con algunos fragmentos de su trabajo y su vida:

Dato conocido pero igual de remarcable es que la carrera de este comediante inglés estuvo a punto de fracasar al poco tiempo de llegar a la soleada California. Sus primeros cortometrajes son un documento imperdible sobre la rápida evolución que tuvo que dar para descubrir a Charlot, su personaje eterno. Algo de ello es de lo que nos habla este interesante documental titulado ¡Hurra por Charlot! del que presentamos la primera parte.

Tras sus gloriosos años mudos, Chaplin no solo era una de las personalidades más poderosas de la Meca del cine, sino también uno de los pocos que podía enfrentarse con las políticas de los estudios y convertirse en un creador total. El mejor ejemplo de ello fueron las libertades que se permitió en la era de la propagación del sonido cuando muchos le objetaban seguir con una estética que estaba caducando rápidamente. En Tiempos modernos supo sacarle la vuelta no solo a esas observaciones sino también a la próxima censura. Ahí estaba el vestido cortísimo que nos dejaba ver las piernas de la hermosa Paulette Godard (¡provecho Charlie!), pero también esa super comiquísima escena en la que nuestro héroe es víctima de los efectos de ciertos polvillos de conocida procedencia.

Otro momento convulsivo de la historia del que se ocupó en su momento el director y actor fue el de la Segunda Guerra Mundial. Con mala fama por su vocación humanista -que alimentaba paranoias anti comunistas- Charlie se mandó con El gran dictador, una película a la altura de ese conflicto y personaje hechos una caricatura extraña que va deviniendo hasta la más absoluta seriedad. Los tiempos lo mandan y justifican. Las risas se cambian por necesarios discursos donde el autor parece escupirle no solo al totalitarismo germánico de entonces (Hitler nació cuatro días después que él), también a la intolerancia que comenzaba a hacerlo presa.

Ya para los ’50, Chaplin comenzaba a verse a si mismo como otro personaje para homenajes y parodias. Así que como sabio y maduro narrador que era realizó Candilejas, una visión de su carrrera en conjunto a través de una historia ambientada en el escenario inicial: en el teatro, lugar de ilusiones para los espectadores y los espectados. Un espacio para el humor y la nostalgia en la cual se dio el gusto de aparecer al lado de otro genio: Buster Keaton. Competencias pasadas y carreras con distintos destinos no fueron impedimento para reunirse por única vez y a cómodo precio. “Ah pero eso sí, el que manda soy yo”, dejó en claro Charles.

Lo que siguió fueron años de exilio y magnificación de su figura cada vez más distante. El viejo Chaplin vivió su última época bastante más feliz y sosegado al lado de Oona O’Neill (hija de Eugene) y sus muchos hijos entre los que se contaba la ya actriz Geraldine. El último acto de este Sir fue el de otra lágrima y sonrisa. Ocurrió en 1972 durante la ceremonia del oscar en la que se le otorgó un premio honorario, algo muy pequeño para recompensar sus años en la lejanía.

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