La sombra del poder (2009)

State of Play posterState of Play
Dir. Kevin Macdonald | 127 min. | EEUU – Reino Unido

Intérpretes: Russell Crowe (Cal McAffrey), Ben Affleck (Stephen Collins), Rachel McAdams (Della Frye), Helen Mirren (Cameron Lynne), Robin Wright Penn (Anne Collins), Jason Bateman (Dominic Foy), Jeff Daniels (George Fergus), Michael Berresse (Robert Bingham), Harry Lennix (Detective Donald Bell), Viola Davis (Dra. Judith Franklin), Sarah Lord (Mandi Brokaw)

Estreno en España: 17 de abril de 2009

El género periodístico, es junto al negro, el más prolífico en el mundo del cine. Ha dado miles de cinematografías para todas las sensibilidades y tipos de redacciones periodísticas, desde locales, de tono social, aventurero, político o el reporterismo de guerra. Pero el que destaca sobre casi todos, y el más degustado sea quizá el de investigación, por llevar en sus entrañas toda una amalgama de twists que lo convierten en thriller policíaco, aunque los sabuesos sean periodistas. El trabajo de Macdonald sigue pareciéndoseme que toma más amarras de la adaptación del libro de los periodistas Woodward y Bernstein, pues pasa muy por encima sobre la vida personal de los arriesgados y dedicados periodistas, (centrando su personalidad en su entorno: puesto de trabajo patas arriba de papeles y un hogar fotocopia del trabajo).

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Periodismo contrastado de bolígrafo

El género periodístico, es junto al negro, el más prolífico en el mundo del cine. Ha dado miles de cinematografías para todas las sensibilidades y tipos de redacciones periodísticas, desde locales, de tono social, aventurero, político o el reporterismo de guerra. Pero el que destaca sobre casi todos, y el más degustado sea quizá el de investigación, por llevar en sus entrañas toda una amalgama de twists que lo convierten en thriller policíaco, aunque los sabuesos sean periodistas. El divertimento disfrutable de la dinámica periodística atrae sobremanera al espectador de cine, convirtiéndose en tema de carácter serio que contenta a todos, productores por su resultado en taquilla, críticos por su factura y subterfugios, y público por su interés dramático y misterioso, siempre con alguna conspiración de refilón. Llega a las salas para nuestro deleite State of Play, lost in translation en La sombra del poder, de Kevin Macdonald, quién ya nos dejara muy satisfechos en 2006 con la oscarizada, en el apartado de actor, El último rey de Escocia. Pero pongámonos en antecedentes acerca de tanta barahúnda de títulos, en el que no puedo dejar de destacar también cinematografías europeas y la mujer asomada alguna vez a balaustrada tan patriarcal.

Todo empieza (o casi) con el periodismo apropiándose la cuarta posición en el poder, Ciudadano Kane, 1940, Orson Welles, amarilleando los tonos, con aroma de sensacionalismo y manipulación, hasta comienzos de los años sesenta: La mujer del año, 1942, George Stevens; por supuesto El gran carnaval, 1951, Billy Wilder (cineasta que sacó jugo al periodismo en varios de sus filmes); El cuarto poder, 1952, Richard Brooks; o La dolce vita, 1959, F. Fellini. Posteriormente, en las décadas de 1960 y 1970 sobresalió un cine periodístico centrado en la mezcla de reportaje y ficción, así como la investigación: Al final de la escapada, 1960, Jean-Luc Godard; A sangre fría, 1967, Richard Brooks; Z, 1970, Constantin Costa-Gavras; Primera plana, 1974, Billy Wilder; Todos los hombres del presidente, 1976, Alan Pakula; o La verdad sobre el caso Savolta, 1979, Antonio Drove; Llegamos a las décadas 1980 y 1990 y con ellas el cine-periodismo denuncia, y el de audiencias: Demasiado para Gálvez, 1980, Antonio Gonzalo; El año que vivimos peligrosamente, 1982, Peter Weir; Ciudadano Bob Roberts, 1992, Tim Robbins; Detrás de la noticia, 1994, Ron Howard; Tesis, 1996, Alejandro Amenábar; o El dilema, 1999, Michael Mann; ¿Qué tipo de periodismo pertrecha el cine en el nuevo siglo? ¿El que ejerce el poder, el amarillismo, la investigación, el manipulador, la denuncia, todos a la vez? Ahí están Interview, 2003, Theo van Gogh y la versión de Buscemi en 2007; Crónicas, 2004, Sebastián Cordero; Buenas noches y buena suerte, 2005, George Clooney; Zodiac, 2007, David Fincher; Leones por corderos, 2007, Robert Redford o la reciente Frost/Nixon, 2008, Ron Howard. Faltan muchas en mi rápido recorrido, pero son (importantes) todas las que están. Llegamos, pues, a La sombra del poder, que se alza en remake norteamericano de la estupenda serie de seis capítulos que Paul Abbott rodó para la televisión pública británica, y que tuvo a los ingleses con la nariz pegada a la tv, algo que solo la BBC sabe hacer, y pocos países imitar.

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Gran amante de las series británicas no he podido aún hacerme con este pack, pero las críticas juegan a las comparaciones, tomando como medición los buenos resultados de la serie. Empieza el cineasta escocés, digamos, con una dificultad, que en realidad es una oportunidad como acostumbran a decir los británicos: acercarse, al menos, a esa calidad. Macdonald junto con sus guionistas, entre los que está Tony Gilroy (responsable de Michael Clayton y Duplicity) y Matthew Michael Carnahan (responsable de Leones por corderos y The Kingdom), ya dan una idea de las influencias y reflejos recibidos. Pero hay más, yo creo. Porque La sombra del poder ha palpado (apropiándose!) detenidamente la estructura de la cinta de Pakula, Todos los hombres del presidente y en menor medida, pero también, la de Fincher, Zodiac. Adaptando algunos alardes audiovisuales del momento y moda actuales, ha trasladado esas sobrias y telegráficas características a su filme periodístico: el toque frío y conciso, pie angular de la cinta de Pakula, el enfoque que enfatiza la dedicación plena a la noticia, la sucesión de nombres, la clave de la comunicación continua, ya sea telefónica ya con la dirección del periódico, la tela de araña creada entre las fuentes, y su ocultación, y sobre todo el ansía por ser los primeros. Pero además, de la cinta de Fincher absorbe esa obsesión por llegar a la verdad, a pesar o más bien, por ser insuficiente el tener una cierta verdad.

El trabajo de Macdonald sigue pareciéndoseme que toma más amarras de la adaptación del libro de los periodistas Woodward y Bernstein, pues pasa muy por encima sobre la vida personal de los arriesgados y dedicados periodistas, (centrando su personalidad en su entorno: puesto de trabajo patas arriba de papeles y un hogar fotocopia del trabajo). Sin olvidarnos del sonido, que en este caso no son de las máquinas de escribir, sino las teclas del ordenador, de grabaciones en hoteles, y también de las prensas rotativas (aquí el Whasington Globe) que sacarán la gran noticia que confiere un poder real al periodismo, informar de la verdad basada por encima de todo en contrastar las fuentes, y a base de trabajo a pie de calle y con bolígrafo y libreta, a poder ser sin conflicto de intereses. ¿Algo inaudito hoy día?

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Macdonald, trabajándose lo que decía de la oportunidad/dificultad en la calidad, se ha rodeado para su remake de un puñado de buenos actores. Además del siempre interesante Russel Crowe, aparecen Helen Mirren, Ben Affleck, Jeff Daniels, Robin Wright Penn, Jason Bateman, Viola Davis, añadiendo alguna novata, Rachel McAdams, (haciendo de novata). Eso en cuanto a las formas. ¿Y el fondo? la denuncia que se pretende (la imparable privatización de las ramas del Estado, en este caso el ejército, y las consecuencias humanas que tanto beneficio económico genera dicha privatización) se queda en un relleno de trama sin mayores consecuencias. Una trama con conspiraciones instaladas en esa tierra de nadie que no son un fin en sí mismas, volviendo en todo caso a la revisión del pasado, (Frost/Nixon), sin mayores consecuencias para nadie en la actualidad. Nada que no diga más y mejor Naomi Klein en su libro The Shock Doctrine, haciendo referencia a todos los cientos de Blackwater. Hay que contentar al lobby de productores norteamericanos para conservar la salud de la taquilla.

Hay otra comidilla que La sombra del poder agarra por las meninges: la relación o coexistencia del periodismo de papel y el de las nuevas tecnologías, bien entendida la importancia que en Estados Unidos van teniendo los blogs en política y otras cuestiones, y cuyas opiniones son cruciales en muchos casos. Y aquí Macdonal fusiona el trabajo de un todoterreno irlandés de notas mil a bolígrafo (un Crowe fondón, alternativo y mal comido, que sigue sin perder un ápice de su carisma, y le da mucha naturalidad a su estrella) y la blogger,(la novata Adams mencionada antes) que representa la nueva hornada de periodistas baratos pero eficaces. Interesante adhesión.

Otra diferencia con respecto al pedigrí del que procede la cinta de Macdonal, (la serie inglesa), es que el trabajo de campo realizado por la investigación periodística deja de lado la labor de equipo (encarnado por un rico grupo de actores en la televisión británica) para centrar el (estilo muy americano) objetivo en el actor estrella, recayendo en Crow el peso del filme, pues Ben Affleck (como el congresista afectado) y Robin Wright Penn (como su esposa) no responden con suficiente energía a unos acontecimientos que dan la vuelta a su vida. Las aristas personales se quedan fuera de plano, en los que Macdonald pasa muy superficialmente, dejando al espectador que trabaje la imaginación y haciéndole ver que no es eso lo que se quiere resaltar, sino el mecanismo de investigación de un diario y sus subtramas, enriqueciendo la cinta con el misterio y lo que tiene de thriller en sí. Amén.

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3 comentarios

  1. […] ya tiene director. Se trata del escocés Kevin MacDonald, quien actualmente acaba de estrenar State of Play, con Russell Crowe y Ben […]

  2. Alberto_
    15 de junio de 2009 at 17:15 — Responder

    Saben para cuando llega, porque vi uno de sus afiches en el cine del Jockey Plaza

  3. […] fue State of Play y en unos meses será Edge of Darkness. Cada vez más se interesa Hollywood en adaptar algunas […]

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