Festival de Lima 2009: Cinco días sin Nora

Cinco días sin Nora es la opera prima de la mexicana Mariana Chenillo. La anécdota es sencilla: Nora, una mujer mayor, luego de sucesivos intentos logra suicidarse, en medio de la soledad y en vísperas de una festividad judía. Estos dos factores son relativos y determinan el conflicto dramático y la puesta en escena, pues su ex esposo José, pese a los veinte años de separación y a las palabras no muy gratas que le dispensa ya estando difunta, nunca dejó de estar cerca, pues vive al frente de la casa de esa suerte de enemiga íntima, y es quien justamente la encuentra muerta. Por otra parte, los actos de fe se convertirán en el escenario de puyas y disputas entre José, su hijo, su nuera, otras personas del entorno de Nora y autoridades religiosas, que complican el trámite del sepelio y alargan la estadía del cuerpo inerte en el departamento tal como indica el título del filme. De este modo, el relato va dosificando el clima de dolor y bochorno familiar, y se inclina levemente por la comedia a partir de la absurda intolerancia ideológica y el contraste de la inocencia infantil con una atmósfera luctuosa y tensa.

La mayor parte del metraje transcurre en una sola locación, el departamento de Nora. Chenillo otorga cierta personalidad a los espacios que subrayan sus vivencias y su defunción: el dormitorio, la cocina, la refrigeradora, la sala, el ataúd, la cama, el piso, los cajones, los sobres. Cada uno es territorio de confrontación entre José y la vocación de la fallecida por el control y la imposición, entre los múltiples recados para la preparación del Pésaj, la búsqueda de secretos que ella no le quiso confesar en vida, y la colocación de provocadores elementos católicos. En realidad, José emprende un saqueo del pasado, físico y memorioso, y lo comunica intensa y oscilantemente con el recuerdo de su ex. El tiempo está bien llevado, entre la distensión del inicio, cuando José está solo y todavía luce distante frente a la situación, en plan más contemplativo, y la crispación paulatina que se va originando por la reunión de personas y la diferencia de puntos de vista. Ahí la directora tiende menos a la elipsis y, sin llegar a gran profundidad, se concentra en explotar los roces y resolver plots más concretos, como la búsqueda de un cementerio o el cotejo de datos alrededor de un revelador hallazgo fotográfico. Para terminar, hay que destacar la actuación del veterano Fernando Luján, como el hombre que exorciza lo que quedó de una ambigua relación.

Extra: el último rabino que habla con José es encarnado por Martin LaSalle, nada menos que el protagonista de Pickpocket, obra maestra de Robert Bresson que este año cumple medio siglo de realizada.

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1 comentario

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