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El reconocido documentalista argentino Andrés Di Tella, muestra en esta cinta un recorrido personalísimo por los vestigios de su propio drama existencial. A manera de ensayo íntimo se plantea definir los contornos de la relación madre-hijo, mientras que en el fondo persiste la necesidad de acercarse a aquella mujer rebelde y huidiza que fue su madre, nacida en la India e hija de un príncipe y la primera en 25 generaciones en casarse fuera de la casta. Así, la madre de Di Tella se convierte en el pretexto perfecto para descubrirse a sí mismo: un argentino de madre india afincado en Inglaterra durante la infancia. Un acierto que le otorga calidez al relato, es la incorporación de su actual familia al documental, su esposa y su pequeño hijo Rocco, un niño inteligente y divertido que pronto nos cautivará con sus arrebatos de inocencia. A manera de un Ulises en familia, teniendo como referencia En busca del tiempo perdido de Proust (Di Tella dixit), el director se plantea alcanzar su propia identidad a través de un viaje a la India en busca de los orígenes de su madre.

Sabedor de que la memoria es un territorio complejo y cambiante, la hoja de ruta de Di Tella principia con un manojo de fotos de su madre a través del tiempo, halladas en unos baúles heredados de ella. Más que el amor de un hijo hacia su propia madre, la piel de este documental nos plantea la necesidad de resolver aquella misteriosa vocación de alejamiento e interiorismo que mantenía la madre de Di Tella con el mundo. Es inevitable un viaje a la India, al distrito donde, en palabras del director, “quizás sea yo el primer extranjero en venir hasta aquí, aunque no pueda estar seguro de serlo”. Esta línea traduce la constante dualidad del documental: Un extranjero en su propia tierra a la vez que un lugareño en país ajeno. El hallarse en el territorio donde nació su madre y encontrarse con familiares indios, enriquece el lado desconocido de su memoria, tejiendo lazos de unión familiar en torno a aquella mujer rebelde que se casó con un intelectual argentino en los convulsos años sesenta.

La estructura del documental nos recuerda a los juegos de “cajas chinas”, en que una historia se desenreda solamente para mostrar otra, y otra. De esta manera nos topamos, antes en la sierra argentina, vinculados al autor de Don Segundo Sombra (1926), Ricardo Guiraldes, referente de las letras gauchas, por medio de un hijo adoptivo suyo, una especie de gurú con quien Di Tella entabla una relación de “hermandad” debido a la sangre india que los une en un sudamérica, y que, quizás sin saberlo, prepara al director a su viaje a la India. De otra parte, inherente al interesante planteamiento personal de Di Tella, aparece cierto hilo de monotonía sobre el tercio final del rodaje, producto, imagino yo, de mostrar alguna que otra anécdota o estribillo interesante para uno solamente. Y quizás porque también surge la necesidad de no querer extinguir aquel viaje que nos acerca a lo ido, al origen mismo de quien uno cree ser, a las puertas de aquella casa materna que uno apenas si recuerda y se empecina en construir desde una lengua que tampoco es la suya, un viaje sin final y sin retorno, como suelen ser las historias de la memoria, un final abierto para cerrarse en cada uno de nosotros.