Festival de Lima 2009: El cuerno de la abundancia

El cuerno de la abundancia realmente hace reír y es una de las más divertidas que he visto hace mucho tiempo. Consigue carcajadas en varias oportunidades y una casi permanente sonrisa, para no hablar de la empatía lograda con sus personajes. Pero, tratándose de un filme cubano, también ofrece una lectura crítica de la situación de la isla, la cual muchas veces pasa desapercibida, sepultada por la estructura dramática de una comedia eficaz y encantadora. Analizaremos ambos niveles.

La poco original originalidad del cine cubano

La historia gira en torno a una presunta herencia dejada por unas monjas en el siglo XVIII a favor de la familia Castiñeiras, lo que alborota a todos los que llevan ese apellido en Cuba e incluso en la emigración de Miami. Las divertidas peripecias de la acción giran en torno a la inscripción para hacerse acreedor a parte de una fortuna que supuestamente ha crecido con el tiempo, a la que aspiran variados personajes, desde un cura hasta un viejo comunista radical, el cual pasa de la desconfianza absoluta en el asunto hasta el compromiso militante en busca del dinero. Al mismo tiempo, se enganchan a este esquema hasta tres historias de infidelidad conyugal y otros pequeños conflictos intra e inter familiares. Lo anterior se sostiene gracias a una detallada construcción de los personajes, así como al trabajo de los actores, quienes nunca se exceden ni caen en lo bufonesco ni en la caricatura. Por contraste, amplifican con inteligencia el humor de las situaciones, algunas más ingeniosas que otras, sin llegar a excederse en los ocasionales gags que hacen las delicias del público. Lo que también es un logro del director Juan Carlos Tabío.

Pero lo más simpático es el tratamiento narrativo que algunos encuentran un poco anacrónico. El filme empieza con una presentación ante cámaras de Bernardito, el protagonista principal, que se dirige al público mientras va a en bicicleta a su pequeña pastelería en el imaginario pueblito de Yarigüey. Es decir, es la estructura de un largo raconto y en los créditos finales se incluye una breve y simpática despedida del mismo estilo. Esta entrada me pareció un poco sonsa, pero luego todo resultó tan bien ensamblado que resultó encantador. Por dos razones: 1) se obviaba la mera voz en off y se prefería hacer partícipe directamente al público del relato y 2) pronto caí en cuenta de que ya casi… ¡no se hacen películas así!

Pareciera que estamos ante un producto conservador, con un enfoque de otra época, pero justamente en esto reside la originalidad del cine cubano. Mientras el mundo ha evolucionado, Cuba pareciera haberse quedado estancada en muchos aspectos. En consecuencia, en relación con buena parte del mundo, el arte y el cine cubanos resultan originales paradójicamente por su rezagamiento; y, en esta situación, lo original vendría a ser aquellos aspectos permanentes que elevan esta cinematografía a un plano universal. Es decir, aquellos elementos que han resistido el paso del tiempo y que son válidos dentro y fuera de la isla. El primero, en lo formal, es el uso de los formatos ortodoxos en la dramaturgia y la realización audiovisuales. Y el segundo, en lo ideológico, la tradición cuestionadora, crítica y autocrítica, que caracterizan las principales (y no pocas) películas cubanas.

En esta línea, gran parte del arte cubano consiste justamente en reciclar, con un alto nivel de eficacia artística, los formatos más tradicionales, reinventándolos. No en vano han reciclado a Compay Segundo y su generación de músicos, que hoy nadie calificaría de anacrónicos. Mientras que las recientes películas cubanas vistas en Lima son también un efectivo reciclaje de formatos tradicionales, “puestos en valor” por nuevos y antiguos talentos locales. Así, La edad de la peseta, de Pavel Giroud, reconstruye la estética de los años 50 para una historia de descubrimiento sexual adolescente. Páginas del diario de Mauricio, de Manuel Pérez, utiliza esquemas del melodrama telenovelesco para un relato que pone en el tapete la decadencia del concepto del revolucionario profesional. Personal Belongings, de Alejandro Brugués, es una comedia sentimental tan eficaz que puede verse por estos días en Lima en un canal de cable (Movie City) y que, como la anterior, incluye el tema de la migración. Y ahora esta cinta de Juan Carlos Tabío, que es aún más divertida que la anterior.

Entonces, antes que menospreciar, hay que destacar cómo siguen sacándole el jugo, película tras película, a este filón artístico de formatos tradicionales. Parte importante de estas “reinvenciones” es el compromiso de estas películas con su época y su sociedad; vale decir, la inclusión de factores políticos y sociales.

Revalorización de la crítica social y política

En el caso del filme que comentamos, su mismo título –El Cuerno de la Abundancia– hace alusión tanto al modesto negocio informal de la pastelería de la pareja protagonista, como a un país que vive en una situación de crisis económica permanente, ya desde hace décadas. En ambos casos, el título no puede ser más irónico, en relación a lo que veremos en pantalla. La película no oculta que el sueño principal de la pareja formada por dos profesionales (uno de ellos formado en el extranjero) es poder comprar un refrigerador –una auténtica necesidad básica en pleno trópico–, mientras que el protagonista se pasa la película robando ladrillos aquí y allá para, de a pocos, ir juntando material para poder construir una habitación para su hijo. Asimismo, observamos que el padre de Bernardito –el personaje que representa al viejo militante comunista– vive en una casa a la que se le está cayendo el techo a pedazos.

Por otra parte, la cámara no se cansa de mostrar las precarias condiciones de las viviendas, incluso de la señorial mansión habanera del jefe del Comité de la herencia, con sus vetustos sillones ya totalmente despostillados. Allí donde la cámara se posa no dejamos de ver huellas de una digna pobreza; pero pobreza al fin. Asimismo, las peripecias de la acción, aunque parecen extraídas de unos trillados formatos cómicos, en realidad se sostienen en la exposición de las extraordinarias carencias materiales de una población presuntamente de clase media. Así, Bernardito nunca llega a poder hacer el amor, ni con su esposa ni con su amante, básicamente por falta de ingresos económicos que le permitan, ya sea la intimidad en el hogar o alquilar un cuarto de hotel en la capital. Es decir, que el efecto irónico viene dado por las increíbles limitaciones materiales en la Cuba de hoy.

De otro lado, los conflictos familiares con su madre y de esta con su esposo, tienen el mismo origen: la pobreza, en contraste con el alto nivel educativo de la población. Adicionalmente, hay una serie de personajes secundarios que representan distintos grupos sociales en la Cuba actual. Así tenemos a dicha pareja de profesionales, al viejo comunista, al cura, a la familia que sueña con irse a Miami, al funcionario de una empresa estatal mixta (con capitales extranjeros), al tonto del pueblo, etc. Los alineamientos y enfrentamientos entre estos se ilustrarán –en clave cómica– en torno al tema de la herencia. En tal sentido, y desde un punto de vista político, el contenido crítico de esta comedia es devastador. Para empezar, la herencia no es más que una metáfora de los deseos de los personajes por superar la miseria. No son ya los sueños desbocados de consumo de bienes de lujo provenientes del mundo capitalista, sino de bienes y servicios básicos como un techo o un refrigerador.

Por otra parte, la disputa entre los dos bandos en torno a la supuesta herencia (los Castiñeiras “con i” y los que tienen el mismo apellido pero “con y”), representan, de un lado, al sector conservador de la sociedad (incluyendo al cura local y a una emperifollada dama local) y, del otro, al sector más identificado con la revolución socialista (encabezado por el padre del protagonista). Sin embargo, ambos grupos terminan por unirse; es decir, lo que unifica al país como conjunto es la hipotética herencia que les permitirá superar la pobreza. Y –como para sellar la alianza– un par de las infidelidades conyugales tienen como protagonistas a miembros de cada bando. Pero dentro de esa “unidad nacional” el representante del partido comunista, el padre de Bernardito, sufre una apoplejía y queda parapléjico. Políticamente, esto no puede ser más simbólico. La vieja generación comunista, representada por este personaje, es identificada con la parálisis y el estancamiento económico del país.

Se muestra, también sin tapujos, el mercado negro (el negocio de películas piratas y otros negocios informales); pero ya no como ocasionales formas de “recursearse” para tapar las fallas del sistema, sino como estrategias de sobrevivencia. Además, la propiedad de autos modernos o whisky por parte del alto funcionario de la empresa mixta (y la posibilidad de usarlos para “aceitar” a quien corresponda e ingresar a la dorada lista), el tráfico de influencias en el registro público (usado por el viejo comunista para presionar al otro bando de Castiñeiras) así como el acceso a Internet son presentados como privilegios que solo algunos pueden tener. Y por allí alguien deja constancia que el problema no sólo es de ingresos, sino de derechos elementales, como el de tener un celular. Estos son reclamos –mayores y menores– que nacen de la propia sociedad cubana. Pero aquí no acaba todo. La película nunca llega a decir que esta supuesta herencia es una estafa e incluso cuando esto ya se hace patente (y cuando hasta el presidente del Comité se ha suicidado), aparece un nuevo Comité y se reproduce nuevamente el ciclo de expectativas entre los (mientras tanto, masivamente endeudados) Castiñeiras. Y, en este aspecto, la cinta tiene un final abierto. Lo que significa que la sociedad cubana tiende a reproducir un mecanismo psicológico-social compensatorio –un sucedáneo de la manipulación ideológica–, para mantener la esperanza o la posibilidad de mejora socioeconómica.

En otras palabras, se ha perdido toda fe en que desde el Estado se produzca el cambio y sólo queda imaginar o fantasear con lo que es un timo en gran escala. Lo cual podría ser considerada como una conclusión muy amarga para una comedia.

Ambivalencia y sugerencia

Así descrito, todo esto tiene un impacto político tremendo. Mejor dicho, tendría, ya que para muchos –fuera de Cuba– este “subtexto” político pasa desapercibido ante la eficacia del manejo de los resortes de la comedia. Peor aún, hay quienes ignoran conscientemente estas referencias políticas y sociales y se limitan a los componentes puramente audiovisuales, que así sesgados reducen la importancia y el interés de la obra. No se trata sólo de que la cinta recoja aspiraciones de la sociedad cubana, sino que se menosprecia el grado de sutileza con que se ha ensamblado en la acción dramática estos componentes de crítica social y política. En algunos casos, éstos corren paralelos a las motivaciones y acciones de los personajes, como elementos de contexto o de apoyo a diversas situaciones cómicas. En otros, mayormente sociopolíticos, hay una fusión entre ambos niveles, el dramático con el ideológico. Así, por ejemplo, en el caso del viejo comunista, su ataque de apoplejía se produce a causa de sus conflictos familiares, homofobia, antecedentes coronarios y su propio carácter. O cuando presiona al jefe de registros públicos local, lo hace en respuesta a igual maniobra del cura con su archivo de bautismos. Mientras que su hijo le oculta su negocio informal de películas para no chocar con su carácter recto y apego a “lo legal”; tanto así, que sólo se convence de la “autenticidad” de la herencia cuando sale como noticia en la televisión oficialista.

Vale decir, en el caso de la construcción de este personaje, los componentes de su carácter pueden ser vistos, indistintamente, tanto desde un punto de vista dramático como simbólico. Funcionan tanto para la comedia tradicional como para ilustrar una crítica al régimen político. El público puede identificarse en un nivel o en otro; aunque también ambos aspectos son válidos y hasta complementarios, lo que mostraría los límites del arte cinematográfico como vehículo de transformación de la realidad social o política. Sin embargo, el crítico debe valorar este tipo de películas, ya que develan los condicionamientos sociales y el mundo en el que está inmersa la obra artística. Y una de las funciones importantes de la crítica es señalar o develar los contenidos ideológicos en los productos audiovisuales, allí cuando sean pertinentes. Por la sencilla razón que estos contenidos sostienen o refuerzan sentidos comunes y sistemas de poder; o, como en este caso, los cuestionan o socavan. De allí la importancia de este filme, pero también del cine cubano en general. Es un tipo de enfoque que se ha mantenido constante desde hace décadas, sin perder vigencia. Al contrario, hoy es más urgente que nunca resaltar esta idea de un cine –¡y una crítica!– que considere el contexto socioeconómico y político, en el caso de películas donde ello sea pertinente.

En tal sentido, el análisis de las ambivalencias ideológicas del filme, así como de sus aspectos críticos, muchas veces pasa desapercibido. Por ejemplo, un colega me señaló que en el cine cubano todo es siempre muy explícito: no le dejaría mayor espacio a la imaginación del espectador y, en todo caso, no hay en estas cintas un lenguaje que utilice la sugerencia o la elipsis con fines significativos. Hay aquí dos problemas. Uno, de preferencias personales en materia estética, pero que no invalidan propuestas distintas a la señalada. La segunda es que este filme, al igual que muchos otros, sí deja espacio para la reflexión del espectador. Más aún, le ofrece una gama amplia de opciones en el ámbito ideológico, fomentando el debate y relaciona al cine de entretenimiento con preocupaciones cotidianas y, por esta vía, le da una proyección mayor, social y política.

Por tanto, si bien no hay una exploración estética en el plano formal, esta cinta sí permite la participación del público, pero en un plano ideológico; y no de una manera cerrada (dogmática o propagandística), sino abierta a diversas interpretaciones, incluyendo –por su lectura de ambivalencia– un posible auto cuestionamiento sobre cuál es la verdadera posición de la película sobre los elementos socioeconómicos y políticos diseminados a lo largo de todo el metraje. Por esta vía, nos invita a rescatar una concepción de la crítica –al igual que sus objetos– inmersa en el mundo y como parte de los sistemas de poder que cruzan, interactúan o determinan las industrias culturales. Por oposición a aquella tendencia que se limita a analizar las obras cinematográficas como productos cerrados en sí mismos o en las tradiciones de género o estéticas del arte cinematográfico; fuera de otras consideraciones relacionadas con el poder, la cultura y la sociedad.

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17 comentarios

  1. 18 de agosto de 2009 at 16:59 — Responder

    Nunca me sentí tan culpable por reír tanto…

    Para los que no la alcanzaron:

    http://www.youtube.com/view_play_list?p=59C44F6886866E10&search_query=cuerno+de+la+abundancia

    Muy recomendada

  2. Andres Pilco
    19 de agosto de 2009 at 9:12 — Responder

    Señor Beteta, no se como puede escribir tanto sobre una pelicula tan tonta, con personajes y situaciones dignos de Risas y salsa o algun otro bodrio por el estilo, con calatos, persecuciones, retasados mentales (¿debemos reirnos de ellos?), calvos, gordos, vieja mala en silla de ruedas, chica guapa ambiciosa y muchas perlas mas dignas del cine “comico” mas burdo.
    Buscarle un trasfondo politico, social o lo que sea es intentar darle a valor a algo que no lo tiene.
    Que mal estamos si eso nos causa tanta risa, Dean…

  3. 19 de agosto de 2009 at 10:46 — Responder

    Andrés,
    Creo que lo que Juan José Beteta observa es muy válido, y es un criterio que deberíamos tomar muy en cuenta para apreciar una película.
    Toda propuesta cinematográfica busca transmitir un mensaje, aún aquellas películas fallidas o bodrios totales tienen una motivación, un tramado. Si esta película cubana fue seleccionada para el Festival es prque los organizadores y quienes calificaron la película para competición encontraron válidos los argumentos y la propuesta de Tabío.
    De alguna manera debemos entender que el cine no debe ser visto como un instrumento segregador disponible sólo para ciertos sectores con una inteligencia superior y que restringe la denominación de cinematografía a aquellas obras de trama profunda, difusa, con visos de maestría mientras mas compleja al entendimiento se presente.
    Como dijo Climent, éste es un problema que no ayuda a promover la cinematografía en Latinoamérica, porque se hace de temas cotidianos productos extremadamente complejos al entendimiento, llenos de capas densas que requieren una interpretación metafórica.
    Aquello no está mal, pero es nocivo cuando el producto resultante es extremadamente pretencioso y snob, sólo apto para snobs.
    “El Cuerno de la Abundancia” me sugiere una propuesta fresca, convencional, muy latinoamericana. Una comedia que parenta liviandad pero que es mucho más profunda y socialmente comprometida que varios intentos fallidos proyectados durante el Festival.
    Podrá parecer trillada, chapucera, irrelevante, pero es el fiel reflejo de una sociedad oprimida que busca de alguna forma salir del hoyo, aunque sean conscientes que se trata de un engaño y se generen falsas esperanzas.
    Y este tema se extiende para el resto de los pueblos de América, lo que le da un caracter mucho más interesante al asunto y podemos comprenderlo de mejor forma.
    Qué mejor herramienta para reirnos de nuestros propios problemas, y al mismo tiempo, hacer una crítica social sobre una realidad palpable que afecta a nuestras sociedades.
    Hacer reir no es fácil, mucho menos mostrando parte de nuestra idiosincrasia. Y eso, además, hay que reconocerse.
    Saludos,

  4. Andres Pilco
    19 de agosto de 2009 at 14:49 — Responder

    Deberían tener también ese nivel de comprension con las peliculas nacionales y no hacer leña de propuestas como la de El premio.

  5. John Serrano
    19 de agosto de 2009 at 15:02 — Responder

    La diferencia es que la mayoría de propuestas nacionales caen en excesos, muestran marginalidad, chabacanería y desnudos antes que un planteamiento crítico, como es el caso de la película cubana.
    Además, nuestra cinematografía se regodea de temas comunes, los cuales son manejados de forma burda, sin una consistencia argumental que pareciera subestimar al espectador.
    No se trata de hacer leña de ciertas películas, a veces hay cosas que saltan a la vista.
    Saludos,

  6. Andres Pilco
    19 de agosto de 2009 at 16:37 — Responder

    Que pena me dan sus comentarios de gran apertura hacia cualquier cosa venida de fuera y de pocas ganas de entender las propuestas nacionales.
    Con razon la critica cinematografica esta cada vez mas devaluada y en menor sintonia con el publico.

  7. John Serrano
    19 de agosto de 2009 at 17:02 — Responder

    No, Andrés, hay que tratar de ser objetivos.
    La conclusión a la que arribas es válida, y es algo que se ha visto plasmado en el palmarés de este Festival.
    Si observas, las películas premiadas se caracterizan por presentarnos propuestas convencionales, lineales, y fáciles al entendimiento, frente a otras mucho más arriesgadas, profundas, metafóricas y con contenido social.
    La respuesta se fundamenta en aquello que dices, y que el crítico francés comentó en su momento: se nota la influencia del cine de Europa, lo cual no es del todo malo, pero sí contrasta con nuestra cultura, valores e idiosincrasia.
    La cinematografía en esta parte del mundo aún está en ciernes, y aunque hayan países que tengan larga data en estos menesteres, lo que no han logrado consolidar es comprometer a su sociedad a identificarse con sus propuestas.
    Pienso que aquí se tiene voluntad y predisposición, el problema es la escasez de cultura cinematográfica; no tenemos referentes propios, los directores piensan de manera localista, y lo que es peor, creen que son poseedores de un talento innato y que sus propuestas brillan por su cuota de realismo sobre temas cotidianos y de actualidad.
    El secreto está en que los realizadores comprendan al espectador, no que esperen que nosotros entendamos lo que ellos ofrecen. No nos subestimen, edúquennos.
    “El cuerno de la abundancia”, según tu apreciación, es una película ligera y trillada, y lo es. Pero no sólo cumple su objetivo de divertir al público, y ahí radica su valía.
    Saludos,

  8. 19 de agosto de 2009 at 17:22 — Responder

    La película no es pretenciosa ni aburrida, razones mínimas para hacerla recomendable.

    Lo que no se puede decir de los comentarios del Sr Pilco… y del cine peruano en general (con contadas excepciones), siempre pretenciosos pero vacíos a la hora de decir algo.

  9. Juan José Beteta
    19 de agosto de 2009 at 18:28 — Responder

    Andrés,

    Esto es una parodia. Aunque nos reímos todo el tiempo, los varios niveles de significación de esta cinta nos revelan una realidad no muy risueña que digamos.

    Dices bien que algunos peronajes parecen débiles mentales y otras situaciones pueden ser estereotipadas; pero justamente la intención es burlarse de instituciones y personas con poder en la Cuba de hoy.

    Pero además (y no es poca cosa) pintar todo el escenario social y político del país.

    Y todo esto se hace de manera muy compleja y sutil a la vez, porque los referentes sociales y políticos (serios) no deben estorbar la risa.

    Combinar estos elementos de manera eficaz es algo que se debe valorar. No sólo por los talentos que se requieren para articular una estructura de hasta por lo menos tres niveles de significación (por “debajo” del relato); sino por su impacto social en ese país y en algunos otros de Latinoamérica.

  10. Andres Pilco
    20 de agosto de 2009 at 8:17 — Responder

    Gracias por sus respuestas, señores, pero sigo pensando que “El cuerno…” es una mala pelicula, muy simplona y sin ningun trasfondo, que tal vez este solo en la cabeza del que comenta.
    Tambien continuo creyendo que tratan con mucha mas dureza a cualquier pelicula nacional

  11. John Serrano
    20 de agosto de 2009 at 9:32 — Responder

    No te dejes engañar por la puesta en escena, esta película tiene mayor trasfondo y una descripción muy vasta de la problemática social de Cuba. Como resalta J.J.Beteta, el logro de esta comedia es trascender esta crítica bajo una propuesta aparentemente inocente y ligera.
    También es cierto que los críticos peruanos son bastante exigentes con las producciones peruanas. Personalmente pienso que es necesario, para promover una mejor calidad y mayor compromiso entre los creadores y sus obras, incitando a que aborden temas de interés que eduquen y generen verdadero entretenimiento.
    Pero el tema respecto a La Teta Asustada, y en general, el sentimiento que genera la señora Claudia Llosa entre los críticos jóvenes con sus dos producciones es realmente mezquino. Prefiero pensar que esta gente no siente conexión con sus raices culturales o que olvidan que el cine es ficción, antes de concebir que sus comentarios obedezcan a un resentimiento personalizado hacia Llosa, por las oportunidades y talento que muchos quisiéramos poseer.
    Decir abiertamente que La Teta Asustada fue la película más pobre del Festival es una ofensa.
    La primera lección que debería aprender un crítico en ciernes es a valorar una obra que más allá de sus limitaciones o desaciertos, trasciende en su mensaje y cumple un papel canalizador e instructivo hacia un mayor entendimiento de nuestra sociedad.
    En el Perú hay buenas propuestas, hay gente capaz. No los critiquemos por diferenciarse del promedio.
    Saludos,

  12. Juan José Beteta
    20 de agosto de 2009 at 14:41 — Responder

    Andrés:

    Sólo para aclararte que ese “trasfondo” no lo he inventado yo, sino que el mismo director Tabío ha declarado que se trata de una película crítica a la situación cubana.

    Por mi parte, sólo he descrito los procesos de producción de sentido usados por la película para tal fin.

    Ello porque, a diferencia de muchas otras, esta película devela una realidad; cuando lo habitual es que las películas encubran o distorsionen realidades sociales, políticas y culturales, por motivos ideológicos.

    Respeto tu opinón sobre esta película. Sin embargo, esa misma opinión confirma mi tesis de que se ignoran los temas sociales y culturales, a pesar de que éstos se muestran enfáticamente en la pantalla.

    Como he contestado en otros comments, te pierdes toda la diversión. Tomas en serio justo lo que no es serio en la película; e ignoras en ella lo que sí deberías tomar en cuenta muy seriamente.

  13. Andres Pilco
    23 de agosto de 2009 at 10:08 — Responder

    De cuando aca los criticos toman en cuenta las intenciones del director? Con el cine peruano, las refutan o ni siquiera las preguntan y suponen las intenciones, siempre fallidas, de los autores.
    Seria justo que empiecen a medir con la misma vara lo nacional y lo extranjero.

  14. John Serrano
    23 de agosto de 2009 at 10:27 — Responder

    Hay películas peruanas que son destacables, pero también es cierto que la mayoría son intentos fallidos.
    Cuál es el problema, el financiamiento?, la distribución?, la acogida del público?
    Cuando un producto es bueno y proyecta su mensaje de manera sincera, sin tantas pretenciones, es muy fácil de identificar y admirar su propuesta.
    Pienso que uno de los principales problemas es la visión de su director, los hay quienes piensan que su experiencia y el acumulado de producciones previas les da derecho de hacer lo que quieran; y también los jóvenes que acusan “frescura” y piensan que por su condición todo lo que hagan debe ser visto como “de vanguardia” (o acaso alguien piensa que sus historias son malas adrede?).
    Es decir, en Perú no existe cultura cinematográfica, y eso queda evidenciado en un buen cúmulo de películas. Acaso los peruanos no querríamos ver crecer a nuestro cine? Es cuestión de convicción y compromiso, pero además de un mayor nivel de preparación por parte de sus realizadores.
    Otro tema a resaltar es el nivel actoral, en nuestras películas se observa una mixtura que afecta el buen desenvolvimiento de las películas, los actores provienen de diversos medios (teatro, televisión) y sus cualidades actorales difieren tremendamente.
    Saludos,

  15. Andres Pilco
    24 de agosto de 2009 at 8:22 — Responder

    John, las actuaciones tan exageradas de “El cuerno…” te parecen buenas? Aunque sea una parodia, hay personajes demasiado sobreactuados: el padre del protagonista, la compañera de trabajo y su marido (“vaquero sin cerebro”), el presidente de la asociación.
    Repito: midan con la misma severidad películas nacionales y peliculas de fuera. No sean tan “buenos” con las extranjeras y tan exigentes con las de aca.

  16. John Serrano
    24 de agosto de 2009 at 9:23 — Responder

    Andrés,
    Creo que de eso se trata precisamente; se exacerba la personalidad para contrastarlos en clave de comedia con su realidad. Yo no creo que sea sobreactuación, se trata de caricaturas basadas en rasgos de personalidad para resaltar la esencia de cada uno y juegue parte de la puesta en escena del director.
    Tal vez podrías decir que están estereotipados más que sobreactuados, pero es que de esta forma el espectador puede comprender fácilmente a los personajes e identificarse con sus historias.
    Andrés, eres cineasta o estás relacionado con el medio? Explica tus argumentos tomando como ejemplo una película peruana subestimada para así debatir sobre algo concreto.
    Saludos,

  17. […] no me detendré mucho en analizarlas; aunque en casos emblemáticos (La teta asustada, Excursiones, El cuerno de la abundancia) haré un resumen que me ayudará a definir ese […]

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