Docuperú, documentales 100 y 101: Abuelo, Llunt

Docuperú ha alcanzado recientemente una cifra inédita en la cinematografía peruana. Es la primera entidad que ha producido un centenar de documentales en nuestro medio, en un sistema de desarrollo colectivo e integral que se nutre de las caravanas y muestras emprendidas desde el 2002 en distintas zonas del territorio patrio. Enseñando, difundiendo, produciendo. En suma, ampliando los bordes y horizontes del cine y el audiovisual nacional, a menudo tan anodinos y restringidos. De este modo, ha presentado los documentales 100 y 101, Abuelo de Pamela Ravina, y Llunt de Alba Pascual, dos trabajos intimistas y autobiográficos, realizados en el marco del Taller de Experimentación Permanente, uno de los espacios desplegados por un equipo de jóvenes realizadores que dirige José Balado y que cuenta con la producción general de Isabel Madueño.

En Abuelo, la directora evoca su relación con el abuelo materno que se quiere y se reprocha. Es una suerte de trastienda del recuerdo, imperfecto y fragmentado, con balbuceos infantiles, fundidos en negro acompañados de sonidos abruptos o testimoniales, y la elaboración paulatina, plumón y fotografías en mano, de un papelógrafo–memoria que revisa pasajes y resquicios de la cronología personal y familiar. Ravina imprime un tono confidencial en varios espacios de expresión: su quizás excesiva voz en off, las frases que escribe como tardíos pies de página, y el diálogo con el pariente ya senil pero que aún pronuncia sus sensaciones antiguas y vigentes, como la no predilección por alguna nieta aunque sí por un nieto. Queda el sinsabor de no abordar frontalmente el vínculo, al parecer pretendidamente retomado en una etapa postrera de la vida del personaje, prefiriendo no mostrarlo cuando habla y manejando imágenes oblicuas del cabello, las manos, parte del rostro, que dejan ver su ancianidad. El movido encuadre final del espejo remarca que este corto de casi diez minutos, más que referirse al antepasado, es una autoobservación, hoy.

Llunt muestra también un punto de la actualidad de su realizadora, una joven española que viajó al Perú y se siente acogida en esta patria. En otra frondosa voz en off, Pascual comenta que la distancia ha favorecido el diálogo y el entendimiento con sus progenitores y su encuentro consigo misma, y que ella también conoce de discriminación y segregación cultural –en su conversación virtual habla en idioma valenciano y el título del documental es un vocablo de esa lengua–, y que le genera inquietud ser connacional de quienes oprimieron este país hace siglos. El problema radica en que estos ingredientes no pasan de referencias verbales que la puesta en escena no materializa, limitándose a emplear filmaciones familiares, una fotografía de niñez y un conjunto de imágenes más o menos típicas que no expresan suficientemente el interior de la autora (un avión en pleno vuelo, el motor de una moto, el parabrisas de auto en marcha, calles vistas en movimiento, multitud de peatones en la vía pública, el mar). La actitud de confesarse con el espectador y entablar una relación cercana es positiva, pero se necesita un relato mejor hilvanado para que sea efectiva.

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1 comentario

  1. cèsar pereyra.
    13 de junio de 2010 at 23:48 — Responder

    El video de Pamela Ravina tiene claras referencias visuales a otro corto ,me refiero a Conversaciones de Marianela Vega en la que tambien se recurre a un panel o pizarra donde hay fotos familiares y en off la directora cuenta sobre su vida o circunstancias que paso con los de la foto que presenta. No me parece un plagio porque el de Vega està mejor estructurado pero si se ha tomado como base para elaborar algo personal.

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