Todo aquel que quiera conocer una aplicación coherente y redonda de la dramaturgia ortodoxa encontrará en esta eficaz película un buen material, aparte de disfrutar de una obra entretenida y sentimental, que tiene como rasgo novedoso el incorporar como parte importante de su argumento una relación gay en una caleta de pescadores ubicada en el Perú. Debo aclarar que no hay imágenes morbosas ni escabrosas en esta cinta. Las escenas de sexo son muy pocas y están convenientemente envueltas entre las sombras, mientras que los también escasos desnudos se observan en planos abiertos, alejados de la cámara.

En este aspecto, el director aplica la sobriedad y contención. Tampoco se presentan situaciones chocantes, salvo –quizás– para algunas personas homofóbicas (o que no saben que lo son); pero incluso ese público verá sacudidas sus convicciones al respecto por el enfoque de masculinidad que muestra el filme, que examinaremos más adelante. Asimismo, conviene aclarar que no se trata de una película testimonial o realista que muestra las crudezas del lenguaje y la vida de los pescadores artesanales en esta parte del mundo; sino de una película de formato convencional, pero con algunos ingredientes menos convencionales, no muy originales pero sí lo suficiente como para mantener el interés del público de manera inteligente en torno a asuntos que van más allá del tema de género.

Y es que la principal virtud de Contracorriente es su fluidez narrativa. Ya su primera secuencia, que se repetirá al final, con otros contenidos, ofrece un marco simétrico que da gran unidad a la obra. Pareciera que estuviéramos ante una tragedia, ante un ritual que enfatiza el papel del destino y la premonitoria irrevocabilidad de la muerte; sin embargo, pronto advertimos que estamos ante un drama de pareja gay, donde el protagonista principal tiene un amante que debe ocultar a su esposa. Un hecho fortuito dará paso a un componente fantástico que solucionará estas tensiones en la pareja. De esta forma, lo que parecía un drama de dos pasa a ser una convivencia de tres; y nuestro héroe verá cumplidos todos sus deseos, es decir, tener su amante, su esposa, su hijo en camino y sin temer el repudio de sus amigos y del pueblo. Hay una escena notable, donde lo vemos de la mano con su amante caminando por el pueblo y saludando a todos sin problemas.

Este episodio sintetiza todos los contenidos de la película, pero lo que es una situación conveniente e idílica se convertirá en el punto de partida para el incremento del conflicto. Así, lo que parecía un ménage à trois insólito y hasta inverosímil se volverá, lógicamente (es decir, luego de un giro dramático), una situación insostenible, incluso como una mera fantasía. El héroe se verá obligado a optar, e irá de un extremo a otro, empujado por cada nuevo giro de la acción, hacia otro triángulo, en el cuál él se halla en el vértice superior enfrentado, de un lado a su opción sexual y, de otro, a la presión de su familia y su sociedad. El desenlace será doloroso, sentimental y espiritualmente satisfactorio.

Este último triángulo es, finalmente, el que reúne la doble presión que sufre el personaje y que en cada estadío de la acción lo obliga a tomar decisiones en una línea de avance ondulante. Dado que el juego de opciones del protagonista es limitado, la progresión dramática se ve ligeramente atenuada, lo cual es muy interesante ya que al mismo tiempo que genera un fuerte efecto emocional, lo atenúa; dicho en otras palabras, la cinta no llega a los extremos melodramáticos de una cinta como Rabia, sino que se mantiene dentro de una cierta ligereza y un logrado equilibrio. Así, pasamos suavemente del deseo y la pasión, al mundo de los puros sentimientos; con una breve incursión en el campo de las ideas (la discusión entre los amantes sobre qué significa “ser macho”). Las acciones externas van perdiendo peso ante la creciente exposición y desarrollo de los conflictos internos, que al final se concentran en el del héroe.

En consecuencia, estamos ante una progresión dramática que con cada giro engancha y sorprende al espectador, con un protagonista que va enfrentado y superando obstáculos hasta comprender(se) y alcanzar su objetivo: ser fiel a sí mismo. De esta forma, el componente fantástico de la trama no resulta un truco arbitrario, sino que ilustra y refuerza tanto el conflicto interno del protagonista como su resolución: el amante termina siendo un alter ego del protagonista, ilustra su conflicto interno y refuerza su decisión final. Es decir, es un componente justificado dramáticamente y esencial para dar sentido y verosimilitud. De igual forma, el hecho de que la pareja de amantes sea gay hace que los obstáculos que enfrenta el héroe sean mayores (que, por ejemplo, si se hubiera tratado de una pareja hetero). Estos son –junto con ese suave pulso narrativo que hemos descrito– los elementos menos convencionales y suficientemente originales que la harían atractiva para consumo masivo.

En efecto, el tema del personaje que enfrenta obstáculos para lograr su realización personal, es un asunto clásico de la narrativa audiovisual, pero también es un tema central de la cultura contemporánea (tanto que figura como eslogan en la caja de una conocida marca de cereales consumidos por mujeres que van al gym: “Sé tú misma”); la cual está signada por la revaloración de la individualidad y de los sentimientos, del feeling, la personalización y el culto al cuerpo en un contexto de tolerancia frente a los poderes de la modernidad (la Iglesia, la escuela tradicional, las ideologías y hasta el Estado), que lo limitan y constriñen. Un objetivo que puede ser compartido por un público amplio, sea gay o hetero. Pero destaco, sobre todo, el buen pulso narrativo conseguido por el director, que sabe cuándo y cómo intensificar los dilemas de los personajes, cómo postergarlos o cuando resolverlos, aplicando el freno con suavidad y llevando al público a buen puerto, pese a navegar a contracorriente, entre marismas y arrecifes hábilmente sorteados.

Contracorriente

En cuanto a la realización, encontramos el mismo logrado equilibrio para que los componentes formales apoyen eficazmente el desarrollo dramático de esta cinta. Todo está muy bien colocado y dosificado para soportar esa fluidez y eficacia narrativa. Además, hay un manejo sabio de los vastos ambientes exteriores, el director no cae en la tentación de engolosinarse con el paisaje ni explayarse en excesos fotográficos, sino que lo hace funcional a la narración. Así, el espacio playero, marino y submarino donde la pareja de amantes y, luego, el protagonista viven ya sea su furtivo romance como la vivencia de una condición de género, se convierte en un lugar de refugio y ocultamiento. Y hay un buen contraste entre ese encierro interior y la libertad e infinitud del espacio exterior, especialmente las imágenes del héroe en la orilla o cuando la arena es apenas levantada en suaves oleadas por el viento; todo esto es significativo, incluso las tomas con cámara submarina. De otro lado, buena parte del logro de esta obra descansa en el buen desempeño actoral, con Tatiana Astengo en su papel de esposa del protagonista, así como de Cristian Mercado y Manolo Cardona, como la pareja de amantes; al igual que el resto del reparto.

En el Perú ya se han realizado películas sobre parejas o personajes gay. Una de las más conocidas es No se lo digas a nadie, de Francisco Lombardi, donde también se muestra una relación de amantes gays, donde uno de ellos finalmente se casa con su novia. Sin embargo, hay varias diferencias notables con la obra que comentamos. La primera es que el filme de Lombardi está ambientado en el mundo mesocrático limeño, en el cual no importaría tanto lo que la sociedad percibe como depravación o perversión sino su ocultamiento y, sobre todo, el mantener las apariencias. Mientras que el de Fuentes-León en un espacio social popular y muy conservador, en el cual es más difícil el ocultamiento o este importa menos, y donde por tanto resulta más tolerable el rol del gay que quiere ser y parecer mujer, y cuanto más amanerado mejor, ya que de esa manera se preservan los roles heterosexuales tradicionales, al menos como apariencia o representación. Por tanto, el aspecto polémico del filme de Fuentes-León es que su pareja protagonista enfatiza el hecho de representar el rol del gay masculino en un contexto muy tradicionalista, lo que resulta mucho más provocador, no sólo en los sectores populares sino en el conjunto de sociedades como la peruana.

Pero hay otra diferencia importante entre ambas cintas. No se lo digas a nadie se focaliza en criticar la hipocresía limeña y, en su ambiguo desenlace, se queda un poco corta con respecto a la propia novela de Bayly, en la cual el protagonista sale abiertamente del clóset, aunque para ello deba irse a Miami. Contracorriente, en cambio, presenta una discusión sobre la masculinidad, contraponiéndola al machismo del entorno social (el amante del protagonista le recuerdas que se necesita más agallas para asumir la opción sexual que para ocultarla manteniendo las apariencias, en medio de una pelea) y, de paso, sugiriendo implícitamente que no hay una masculinidad única (hetero) sino que pueden haber otras, basadas en las opciones sexuales. En ese sentido, la acción del filme presenta este asunto y, como un elemento adicional, hacia el final, el director muestra el cambio de actitud de una parte de la población, los jóvenes, quienes se muestran más comprensivos con los dilemas del protagonista. Vale aclarar que éstos son elementos secundarios en la cinta, pero los menciono porque no pasarán desapercibidos para un sector del público local, dado el tratamiento honesto pero franco y directo de estos asuntos en el filme; aunque siempre en el marco de una problemática que enfatiza por encima de todo la fidelidad a los propios sentimientos.

En suma, un buen drama sentimental realizado con un eficaz pulso narrativo bajo un tratamiento convencional, con algunos elementos imaginativos, para presentar aspectos un tema polémico –como la homosexualidad– en un contexto social popular y conservador.

Dir.: Javier Fuentes-León | 100 min. | Perú – Colombia – Francia – Alemania

Intérpretes: Cristian Mercado (Miguel), Tatiana Astengo (Mariela), Manolo Cardona (Santiago), José Chacaltana (Héctor), Emilram Cossio (Pato), Cindy Díaz (Isaura), Haydeé Cáceres (Trinidad), Mónica Rossi (Ana), Attilia Boschetti (Rosa), Liliana Alegría Saavedra (Carlota), Germán González (doctor Fernández), Humberto Cavero (sacerdote).

Estreno en España: 23 de setiembre de 2009
Estreno en el Perú: 26 de agosto de 2010