Festival de Lima 2011: Tropa de élite 2

Tropa de elite 2
Tropa de elite 2, debe verse porque funciona como filme de entretenimiento

Secuela de una anterior y exitosa película brasileña, cuya principal característica fue una vertiginosa puesta en escena al servicio de la develación de un tema controversial –la generalizada corrupción policial en la lucha contra el narcotráfico en las favelas de Rio de Janeiro–, pero desde el polémico punto de vista del entonces capitán Roberto Nascimento, líder de un “escuadrón de la muerte” realmente existente: el Brigada de Operaciones Policiales Especiales (BOPE). Y, aunque esta continuación muestra un tema distinto –la evolución del fenómeno de la corrupción, pero también la del punto de vista del protagonista–, no llega a tener el nivel e impacto de su predecesora; aunque se le aproxima.

Lo interesante del filme está en el cambio de enfoque sobre la corrupción policial. En la primera cinta, este fenómeno explica –en parte– el crecimiento del narcotráfico y el control de las bandas en las favelas; así como enmarca la acción diferenciada –presentada como eficaz– del BOPE con respecto a la policía corrupta. Además, critica a las ONG y sectores de altos ingresos, consumidores de la droga, como soporte adicional de las bandas del tráfico de estupefacientes en la ciudad. Esta segunda película empieza retomando este contexto y planteando el mismo diseño ideológico (en el marco de una sangrienta represión al interior de una prisión), para luego mostrar cómo la policía corrupta reprime y desaloja a las bandas de narcos y las sustituye, pero ya no en el comercio de drogas sino cobrando (y viviendo de) cupos, diversificándose la corrupción hacia otras actividades ilícitas. Y, sobre esta base, se convierte en un sostén de políticos corruptos los que –a su vez– mantienen alineados a los medios de comunicación y limitan el accionar de los periodistas demasiado fisgones. En esta nueva situación, el ahora teniente coronel Nascimento deberá unirse –por circunstancias personales– a sus enemigos de antes para combatir a una creciente corrupción que avanza y socava las bases del sistema político.

La virtud de este enfoque es que muestra la corrupción no como la suma de comportamientos aislados (las pequeñas coimas a policías para eludir normas de tránsito, por ejemplo), sino como un sistema dinámico; es decir, que crece al interior del cuerpo social y se desarrolla, ocupando nuevos espacios cuando se les desplaza de sus actividades iniciales o habituales. Pese a que se trata de una obra de ficción, la trama está construida tomando diversos episodios de la represión (y corrupción) policial en las favelas, así como de escándalos políticos relacionados a este mal endémico en el gigante sudamericano; por lo cual la película ha tenido una fuerte repercusión en Brasil, pero también fuera del país.

Desde el punto de vista cinematográfico, Tropa de elite 2 comparte con su antecesora ese ritmo trepidante que le proporciona un trabajo de cámara y un montaje ágil y fragmentario; así como un guión eficazmente construido, aunque –como veremos– con algunas debilidades. Hace uso de la voz en off del protagonista para guiar, comentar y clarificar el acelerado avance de la trama; y repite, de manera menos compleja, una estructura narrativa del tipo racconto, como en el caso del primer filme. A lo que deben sumarse actuaciones de primer nivel, repitiendo Wagner Moura su sensacional performance de la primera cinta, como Roberto Nascimento. Se diferencia de esta, sin embargo, en que se disminuye la dosis de ultraviolencia, aunque se ven episodios brutales de tortura y ejecuciones extrajudiciales; siendo esta segunda parte ideológicamente un poco más expositiva que la anterior. Asimismo, se reduce el componente introspectivo del protagonista, cuyos conflictos interiores están más repartidos y compensados en la relación con su hijo Rafa y su, ahora, ex esposa Rosane; pero, sobre todo, se ha eliminado esa necesidad de abandonar el fatídico círculo vicioso de violencia autodestructiva del BOPE, que impacta sobre el atormentado espíritu del héroe. Este ciclo fatal del que quiere escapar Nascimento (en el filme inicial) se ha trasladado de lo personal a lo socio político; ya que (en la secuela) lo que crece y se reproduce, pese a los triunfos parciales, es la corrupción policial que invade las favelas y somete a sus habitantes. Asimismo, aunque la infiltración al sistema político se presenta a nivel estadual (la gobernación y el parlamento estatal), el travelling aéreo final sobre el centro de poder del país, en Brasilia, no deja dudas sobre la amplitud y riesgos de este fenómeno sobre el sistema político brasileño.

Desde el punto de vista narrativo, la cinta tiene su punto débil en los conflictos y relaciones familiares del héroe. Si bien este componente del guión está bien hilvanado, adolece de cierta inverosimilitud. Primero, porque para entenderlo y aceptarlo del todo se debe haber visto el primer filme; y, luego, aún después de haberlo visto, resulta poco creíble que la ex mujer de Nascimento se haya casado con alguien con perfil de enemigo ideológico del héroe (el oenegista y, posteriormente, diputado de izquierda Diogo Fraga), como se plantea casi al inicio del filme. Este elemento, a su vez, proyecta una sombra de inverosimilitud sobre el desenlace de estos conflictos, en donde se pasa del plano dramatúrgico al ideológico. De esta manera, el director José Padilha ha tratado de resolver el conflicto interno que quedó abierto en la primera película, entre la convicción del héroe de que la lucha contra el narcotráfico no debía respetar los derechos humanos de los delincuentes y la vida de inocentes, y su convencimiento de que tampoco por esa vía se resolvería el problema. Pese a que este punto es una limitación de la cinta inicial, al menos resultaba más realista y menos convencional que el desenlace de esta secuela; en el cual hemos pasado de lo “políticamente incorrecto” a lo “políticamente correcto”. Apela para ello a los sentimientos filiales del protagonista, articulados en un manejo eficaz de la acción dramática, que facilita y sostiene el tránsito al vuelco ideológico. Pero el peso de estos sentimientos no se compara con la tremenda presión (y veta autodestructiva) que acosa al héroe en la obra inicial de esta serie.

Todos estos elementos restan cierto impacto a Tropa de elite 2, en comparación con su predecesora, pero no invalidan sus cualidades cinematográficas. Esta película debe verse porque –pese a sus debilidades anotadas– funciona como filme de entretenimiento (o “de acción”, aunque narrativamente no tan “redondo” como su antecesor), pero también por su enfoque sistémico de la corrupción; en ese caso, la policial y el crecimiento de sus tentáculos en el sistema político brasileño. La brutal descripción de su funcionamiento, con rasgos documentales (pese al frenético aparato formal propio del cine industrial), basta y sobra para dejar al público boquiabierto. Recomendable película.

Tropa de elite 2Tropa de Elite 2 – O Inimigo Agora É Outro. Dir. José Padilha | 114 min. | Brasil | 2010

Intérpretes: Walter Moura (teniente coronel Roberto Nascimento), Rafael, su hijo (Peter van Heldt), Rosane (Maria Ribeiro), Ihrandir Santos (Diogo Fraga), André Ramiro (capitán André Matias), Milhem Cortaz (teniente coronel Fábio), Sandro Rocha (mayor Rocha).
Guión: José Padilha, Bráulio Mantováni.
Director de fotografía: Lula Carvalho.
Edición: Daniel Rezende.
Música: Pedro Bromfman.

Funciones en el Festival de Lima, agosto 2011:
-Centro Cultural de la PUCP -Sala Roja, martes 9, 2:15 p.m.
-Cineplanet San Miguel – Sala 1, miércoles 10, 8:00 p.m.

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1 comentario

  1. RKO
    10 de agosto de 2011 at 8:16 — Responder

    Esto… creo que es BOPE, no BOPA.

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