El estreno comercial en proyección digital DCP de El último guerrero chanka, del director andahuaylino Víctor Zarabia, es una buena muestra del potencial y las debilidades del cine regional y la producción alternativa en general en el marco de la cinematografía peruana. Invoca el legado de los chankas, milenaria cultura de nuestro país, indómita y guerrera, en una truculenta trama en la que su contraparte es la monstruosidad acechante y asesina que la mitología ancestral también cobija, una presencia maléfica abordada en otros filmes nacionales como El tunche, de Nilo Inga, o Chullachaqui, de Dorian Fernández, entre otros.

Se trata de una versión artesanal del arquetípico relato de terror que maneja Hollywood, en el que una zona sagrada, de pasado memorable, es explorada por extraños y de algún modo vulnerada, lo que desata la furia de fuerzas oscuras, xenófobas, irracionales, y provoca un combate a muerte. El protagonista es un luchador sobredotado, heroico, incansable, que no sólo se salva a sí mismo y venga a su amada, sino que protege a su acompañante y restaura el “orden”, que aquí es la quietud de una zona poco habitada y dominada por la naturaleza.

Los enfrentamientos transcurren en amplias áreas de exuberante vegetación y generoso horizonte, que harían las delicias, atrayendo probables producciones foráneas, de una feria internacional de locaciones. Ahí Zarabia logra sus mejores escenas. El plano general, lejano, y la mirada panorámica, aportan mayor consistencia a las situaciones narradas, porque no necesitan el tortuoso histrionismo del primer plano y juegan con el empequeñecimiento de la figura humana y su movimiento coreográfico. De hecho, la secuencia inicial, que rememora en sepia la bravura de los antepasados, promete un nivel de puesta en escena que lamentablemente desaparece con prontitud.

Los problemas surgen en el diálogo declamatorio, los preámbulos reiterados, la actuación amateur, el paso inverosímil de la viudez lacerante a la resignación y la pelea interminable, la carcajada perversa que se convierte en muletilla y se resiste a ser editada. Zarabia ofrece, entonces, una opera prima de dos horas –debería prescindir al menos de la cuarta parte– intuitiva y entusiasta, en la que se prodiga delante y detrás de las cámaras, con notable despliegue físico, evidente habilidad para las artes marciales y participación multifacética (dirección, producción, guión, cámara, actuación). Esperemos que el formato DCP, accesible y eficaz, siga siendo utilizado por el cine peruano, y que su circuito de exhibición sea cada vez más grande, para convivir por fin a plenitud con el viejo celuloide.

Dir. y guion Víctor Zarabia | 120 min. | Perú

Intérpretes: Víctor Zarabia, Alejandro Leguía, José Landeo, Yeimi Córdova.

Director de Arte: Alejandro Leguia
Asistente de dirección: Lizandro Ambia
Director de cámara: Daniel Segura
Director de fotografía: Dani Zarabia
Camarógrafos: Victor Zarabia, Alejandro Leguia, Celestino Ancco
Maquillaje: Dannyzha Gonzáles
Decoración: Richard Cárdenas, Carlos Tizón
Vestuario: Teresa Ñuflo
Luces y sonido: Jorge Alarcón
Script: Ángel Sihui
Utilería: Rocke Ancco
Música original: Jorge Luís Morales
Postproducción: Victor Zarabia
Efectos especiales: Litman Zarabia
Producción general: Víctor Zarabia, Alejandro Leguia

Estreno en Perú: 11 de agosto de 2011