“La defensa del dragón”: Conversamos con Natalia Santa, elegida la mejor directora del Festival de Lima 2017

La cineasta colombiana Natalia Santa nunca imaginó que llegaría al Festival de Cannes con su ópera prima “La defensa del dragón”, la cual compitió en la sección “La Quincena de Realizadores” de festival francés.

En esta entrevista, realizada en el marco del pasado Festival de Cine de Lima, conversamos con Natalia sobre la fuente de inspiración de su película, una historia sobre tres hombres solitarios y perdedores, sobre el universo masculino que se presenta en la cinta, sobre su paso por Cannes y su experiencia en el Festival de Lima, donde ella recibió el premio a la mejor directora, y el protagonista de la cinta, Gonzalo de Sagarminaga, obtuvo el trofeo de mejor actor.

Natalia, “La defensa del dragón” narra la historia de tres viejos amigos, estancados en sus respectivas vidas: un ajedrecista, un relojero y un homeópata. ¿Cómo te inspiraste para presentar el mundo de estos personajes?
La historia nació de los universos que ellos habitan: de la relojería, del Club de Ajedrez Lasker, de los cafés y del centro de Bogotá en general. Iván Herrera, mi esposo, es fotógrafo documental y lleva 15 años retratando estos sitios que pasan desapercibidos, que no son turísticos, pero que llevan décadas sobreviviendo al progreso y la transformación de la ciudad. Y en estos espacios que él ha fotografiado encontré a los personajes. Por ejemplo, en una foto vi un relojero y sentí que quería contar la historia de un relojero. El médico homeópata está inspirado en un italiano que tenía un consultorio en el centro y frecuentaba uno de los cafés más tradicionales del centro de Bogotá. Y el ajedrecista nació de ese universo que es el Club de Ajedrez Lasker, un lugar que lleva 40 años funcionando y que está lleno de jubilados que encuentran allí un lugar en el mundo y una familia. Las relaciones que se generan y las pasiones que nacen allí me llevaron a contar la historia de un ajedrecista que tiene su oficina y trabaja en este club.

Natalia Santa, directora de “La defensa del dragón”.

¿Esas fotografías también inspiraron la estética de la película?
Sí. El hecho de que esas fotografías hubieran generado la historia también le dio una estética a la película, porque queríamos que hubiera la sensación de registro fotográfico. Por eso la cámara es fija y los personajes transitan la imagen en vez de que la cámara esté en función de ellos. Sus vidas son estáticas, entonces queríamos que se sintiera esa presión de la falta de movimiento. El diseño de arte también era muy importante, porque queríamos que se sintiera la decadencia de los espacios. Pudimos filmar en el Lasker e hicimos torneos reales. El club se mantuvo tal cual es, solo cambiamos unos cuadros y escogimos los más feos para que apareciesen en la película (risas), pero logramos mantener su atmósfera. Por otro lado, la relojería original ya había desaparecido cuando filmamos, entonces con la directora de arte intentamos reconstruir una relojería que representara lo que queríamos del personaje, que podía estar perfectamente en el centro de Bogotá. Así se fue construyendo la historia.

El ajedrez juega un papel clave en la vida de los personajes. ¿Qué te atrae más del ajedrez a ti como cineasta y narradora?
Yo no juego ajedrez. Sé cómo mover las piezas, pero nunca logré apasionarme como lo hace un ajedrecista ni llegué entender la belleza del juego. Mi esposo sí es ajedrecista y juega todos los días. Veo en él la pasión y la entrega que yo nunca logré tener. Para la película, lo que me interesaba del ajedrez no era tanto las estrategias internas y cómo funciona el juego, sino contar cómo es un ajedrecista en el mundo. Son nombres brillantes en ese juego, pero bastante torpes en todo lo demás, sobre todo socialmente, son incapaces de conectarse con el mundo real y con lo cotidiano, porque tienen un mundo interior y mental muy fuerte. Entonces quería contar cómo este hombre brillante es incapaz de crear relaciones y es incapaz de comunicarse hasta con su hija, por eso perdió a su esposa y no puede tener una relación con una chica que le gusta, le cuesta lograr lo que no puede controlar en su mente.

“Samuel siente que con las mujeres, en el amor, ya tiene perdida la partida y los buenos ajedrecistas no esperan el jaque mate, cuando ven que van a perder se retiran. Es una muestra de dignidad”.

Ese es un detalle que llama la atención del personaje de Samuel, porque tiene una relación poco cercana con las mujeres, incluso con aquellas que demuestran cierto interés en él. ¿Por qué Samuel mantiene esa distancia?
Con la chica que le gusta, mantiene distancia porque le aterra que no funcione. De alguna manera, los tres personajes principales hablan de miedos que son comunes a todos, como el temor a que te rompan el corazón, a lo desconocido, a que no funcione una relación, a arriesgar y perder. Entonces él siente que con las mujeres ya tiene perdida la partida y los buenos ajedrecistas no esperan el jaque mate, cuando ven que van a perder se retiran. Es una muestra de dignidad. Como la relación con su primera esposa no funcionó, Samuel siente que en el amor la partida ya está perdida. Luego, con el personaje de la vecina adolescente, él la rechaza porque es un hombre que calcula cada jugada y es celoso de su espacio, del silencio, de la posibilidad de jugar sus partidas en su casa tranquilo. Si él deja que esta chica entre a su universo, pierde su independencia, su privacidad. No es que no la desee. Si fuese una chica que no vive en la pensión, tal vez él tendría una relación con ella, pero no es así, la va a tener ahí siempre, entonces él prefiere ahorrarse todos los problemas. Él es un tipo racional, no es un tipo emocional. Un hombre emocional se acuesta con la chica sin medir las consecuencias, él no puede hacerlo porque su universo es racional.

La película descubre un entorno bastante masculino, pero no son hombres rudos, sino inteligentes y sensibles. ¿Qué te motivó a sumergirte en ese universo masculino?
Estos universos nacieron de las fotos y esos espacios son muy masculinos, hay muy pocas mujeres en el ajedrez. Hay un lugar emblemático que se llama “El viejo almacén”, donde van hombres solos y están las coperas, que son mujeres que se sientan a beber con ellos y a escucharlos. Ellos les pagan para que ellas los escuchen, pero no son prostitutas. Los hombres les cuentan sus historias. Y creo que en esos universos la función de la mujer es estar allí como espectadoras, pero no son activas, porque son espacios muy masculinos. Son hombres muy solos y en esa parte de la ciudad van hombres que tienen problemas económicos. Además, ellos son inteligentes porque así son los ajedrecistas. Incluso si son muy humildes, ellos son inteligentes y cultos, ese es el universo que había allí y que intenté retratar.

Sabemos que tenemos una película difícil, que no es muy comercial, que no puede resultar muy atractiva, no habla de problemas ni de conflictos colombianos que gustan mucho afuera, no habla de pobreza.

¿Cómo se dio la participación de esta película en la sección “La Quincena de Realizadores” del Festival de Cannes?
Fue una experiencia magnífica. Fue un caso particular porque nosotros no planeamos participar allí, sino que el director de esta sección vio un primer corte en el Festival de Cartagena y nos pidió participar. Todo fue inesperado. Nunca pensamos en estrenar en Cannes, pensamos que nuestro destino era bastante más humilde. En medio de la poca expectativa que teníamos con la película, esta sorpresa fue maravillosa. Llegamos allá y vimos que Cannes es un festival enorme, es abrumador todo lo que pasa. “La Quincena de Realizadores” tiene la particularidad de que es un espacio especial, donde hay directores con mucha trayectoria y también directores nóveles. Básicamente lo que les interesa a ellos es el cine y no necesariamente todo este glamour y toda esta pasarela, es otra cosa. Fue muy bonito.

Tres años seguidos el premio del jurado de la competencia oficial de ficción en el Festival de Lima ha ido a películas de Colombia: “Gente de bien” (2014), “El abrazo de la serpiente” (2015) y “Oscuro animal” (2016). ¿Con qué expectativas llegaste a este festival?
Con ninguna. Llegué a Lima y pensé que iba a ser un festival más pequeño. Honestamente no sabía la dimensión, porque nunca había venido. Me di cuenta que es un festival enorme y me sorprendió mucho la selección de películas. De hecho, sabemos que tenemos una película difícil, que no es muy comercial, que no puede resultar muy atractiva, no habla de problemas ni de conflictos colombianos que gustan mucho afuera, no habla de pobreza. Entonces, casi nunca tengo expectativas. Estoy feliz de estar haber quedado en la selección oficial y para mí eso es todo lo que vale.

Entrevista realizada por Juan Carlos Ugarelli, en San Isidro el 6 de agosto de 2017.
Foto de la directora: Juan Carlos Ugarelli.
Edición: Laslo Rojas

Artículo anterior
Festival de Venecia 2017: Una mirada a la competencia de cortometrajes
Artículo siguiente
[Crítica] "La hora final", la captura de Abimael Guzmán

Comenta

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

Back
COMPARTIR

“La defensa del dragón”: Conversamos con Natalia Santa, elegida la mejor directora del Festival de Lima 2017