Entrevista: “Mataindios”, elegida la mejor película peruana del Festival de Lima 2018

La película “Mataindios”, el primer largometraje dirigido por los realizadores Oscar Sánchez Saldaña y Robert Julca Motta, tuvo su estreno absoluto en el 22 Festival de Cine de Lima, como parte de la Competencia Oficial de Ficción. Sánchez y Julca son ambos artistas provenientes de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático, y han participado en diversas actividades artísticas, desde la actuación, direccion, escritura, entre otros.

Su filme obtuvo finalmente el premio que entrega el Ministerio de Cultura a la Mejor película peruana, elegida entre todas las producciones nacionales presentadas en el festival limeño.

“Mataindios”, ganadora del Concurso de Cine Regional DAFO del 2016, filmada en un poblado en la sierra de Lima, presenta una propuesta audiovisual poco vista en el cine nacional, cargada de símbolos y alegorías asentadas en ritos y costumbres andinas. Con motivo de su presentación en el Festival de Lima, entrevistamos a los directores Oscar Sánchez y Robert Julca:

¿Cómo resumirían la historia, la investigación y la motivación principal para realizar de “Mataindios”?
Oscar: Es la historia de un pueblo que quiere curar sus heridas (quitar su luto), para ello deciden celebrar como nunca al santo patrón del pueblo. Profundizamos en el dolor, pensamos el dolor, intentando alejarnos de cualquier estereotipo. Esta película significa un reencuentro con mi pueblo, un proceso de sanación, de reconciliación con mi Huangáscar querido.

Robert: Mataindios propone que todos somos, de una u otra forma, parte de esta Iglesia del cual dependemos para ser felices.
Como proceso personal, la investigación parte desde el punto de vista del descubrimiento. Para ello fue importante desprenderme de la “propia” mirada para ver nuevamente la construcción de la historia, y el planteamiento estético de la película. Para mí fue importante darle valor al presente, como momento donde se concentra nuestro tiempo y sus infinitas posibilidades.
Mi motivación principal fue disfrutar de la vida, y hacer disfrutar a mis seres queridos. Verlos nuevamente, abrazarlos y dejarme afectar por ellos. Es curioso pero las motivaciones surgen con mayor claridad, después de la experiencia de hacer la película.

“Mataindios” es una película muy simbólica y toma mucho de las tradiciones religiosas y sociales no conocidas por el público masivo. ¿Por qué abordar una historia desde esos tópicos?
Oscar: ¿Simbólica? Diría yo que es un filme de sensaciones, un tanto más conceptual, en todo caso. Y de las tradiciones no toma casi nada, la celebración que le hacen los pobladores al patrón es porque según ellos de esa manera él les va a quitar el dolor, entonces deciden hacer con sus propias manos todo lo que se pueda: siembran flores para él, construyen una capa para él, preparan la música para él; es ese sobre esfuerzo que retratamos.

Robert: Lo hago así porque me pertenecen. Estos tópicos son profundamente parte de mí. Y en esta experiencia, compartida con mi amigo Oscar Sánchez, pude darme cuenta de ello. Tal vez muchos no conozcamos que tópicos son parte de nuestra vida, pero ahí están movilizando nuestros comportamientos y conciencias.

En su tiempo hubo muchas críticas y comentarios de especialistas y de espectadores al uso alegórico de lo religioso y social en la película “Madeinusa”. ¿Creen que sucederá algo parecido con “Mataindios”?
Robert: Sonrío por dentro porque, en nuestra propuesta, esta gran imagen religiosa sagrada para muchas personas, tendrá su final poco sagrado. No sé de qué forma puede movilizar esto a los especialistas o no especialistas. Sólo deseo que, si puedan ser movilizadas, sea al menos lo suficiente para dialogar.

Oscar: La crítica que me gustaría escuchar y leer es el de los seguidores del Mataindios, los santiagueros del centro del país.

“Mataindios”. (Foto fija: Robert Julca)

Podríamos decir que “El pueblo” retratado sería el personaje principal de la película. ¿Cómo se realizó el proceso para involucrar a personas de la zona?
Oscar: Sí, es el pueblo, como presencia; pobladores que viven el dolor, que se consumen por hacer la gran celebración, pobladores sobre esforzados, pobladores que buscan por sus propios medios resanarse.

El proceso de involucramiento consistió específicamente en dignificar económicamente su tiempo. Pasa que hay una fea costumbre de utilizar el tiempo y la energía de los pobladores andinos a cambio de migajas, por tanto, era prioridad para nosotros remunerar su tiempo invertido. Así fue y fue un éxito.

Robert: El pueblo como personaje principal, sí y no. Es decir, si bien el pueblo es quien está siempre presente organizando esta gran fiesta y son los que desean quitarse su luto, creo que la propuesta va más allá de la identidad de este pueblo y profundiza en un elemento más potente: el dolor. El dolor adquiere sus distintos matices en la geografía descolorida, y en estos cuerpos que sólo fluctúan en su reducido y endeble espacio vital. Esto puede ser producto de mi imaginación, pero esos pobladores están en un extraño estado, por momentos en un silencio exagerado y extrañas manifestaciones de preparación. En ese sentido yo al menos, no puedo hablar de los pobladores y de toda la idea o imaginario que encierra ese concepto. A mí me gusta pensar que es el dolor, que sin ser una persona es el personaje principal de “Mataindios”. Este personaje que se mueve sin restricción ni antagónismos, adquiriendo distintas formas a lo largo de la historia.

Como experiencia personal, el trabajo con los pobladores de la zona, primero fue con miedo. Pero una vez que empecé a entender las diferencias y reconocer que teníamos muchas cosas en común, todo fue mucho mejor. Dialogar, reír, renegar, comer, tomar unos buenos tragos, estar con ellos en el entierro de uno de sus fallecidos. Todo ese proceso me permitió tener una relación más íntima y de confianza mutua, que a los pobladores les permitió ser ellos al momento de pedirles realizar una acción.

Y con los niños fue otra cosa. Yo trabajé mucho con ellos, hice un pequeño taller. No les enseñe a actuar para nada. La idea era que se sepan integrar, seguir indicaciones concretas, que tengan confianza de ser ellos y que disfruten lo que hacen.

Pero sabes una de las niñas de nombre Anita, me llamó mucho la atención su energía y forma de ser, tanto así que la propuse como el rostro que cierra la película. Luego me di cuenta que esa niña ya la había conocido antes y fue con el director de foto Marco Arauco, la habíamos hecho varias fotos años atrás cuando hacíamos nuestros primeros acercamientos al pueblo, atraídos justamente por las misma razones por la que fue elegida. Esta experiencia me lleva a reconocer que el largo tiempo para experimentar y reflexionar fue vital para el trabajo con los pobladores y la producción general de la película.

En los últimos años se ha dado un interminable debate entre lo que se debe considerar cine regional peruano o no, o si este término “cine regional” debería usarse. Tomando su experiencia con “Mataindios”, ¿cuál es su posición al respecto?
Oscar: Con respecto al debate diría que “el cine cuanto más íntimo, más universal es”, pero esa intimidad está determinada, entre otras cosas, por la cosmovisión del autor o de los autores. Entonces, desde ese punto de vista, se podría hablar de un cine andino y alto andino, un cine costero, un cine amazónico, y uno ecléctico probablemente. En ese sentido, “Mataindios”, es un filme íntimamente andino, honestamente andino, porque estos pobladores que viven con el dolor, buscan por sus propias cuentas quitarse el luto que llevan hace muchos años, a partir de sus propias formas y creencias. No hay una mirada alienante de nuestra parte; no he idealizado mi distrito, menos mi provincia, no he intentado hacer hablar a mis paisanos pobladores palabras que no son suyas, hemos intentado sí, ponderar sus presencias; presencias que proyectan, dolor, angustia, miedo, desolación y, cómo no, esperanza. Los huangasquinos que participamos en el filme, hemos tratado de decir nuestras propias palabras.

Robert: El termino “cine regional” claro que debería usarse, pero no porque yo lo diga. Se debe usar porque para muchos es una forma de estar presentes ante la desventaja económica, social, cultural y geográfica de hacer cine. Las circunstancias influyen mucho en nuestra conciencia, mirada y en hacer cine.

Ahora a manera de reflexión veo que el cine regional, al igual que el cine de todo el Perú, no está profundizando del todo en su propia condición para hacer cine y estamos tratando de solo aprender y cumplir con los estándares de las grandes producciones cinematográficas. Cuando se terminó de grabar “Mataindios” caí en la cuenta que se gasta mucho dinero en hacer cine y que nosotros con nuestro modesto y agradecido presupuesto otorgado por la DAFO pudimos hacer una película. En ese sentido la presencia de una postura de cine regional es importante. Defender esa poca posibilidad de poder hacer cine.
La polémica a nuestra participación era evidente. Dos personas que viven actualmente en Lima, postulan por región. [N.E.: Al respecto, leamos “El cine regional y los concursos de DAFO: un asunto por discutir”, de Emilio Bustamante].
Es difícil decir que no se molesten. Pero si nos atendemos con mayor calma descubrirán algo muy valioso en esta situación. Oscar, el productor y director también, vivió años en su tierra natal y él, como hijo de Huangascar, va a Lima a aprender, y como hijo regresa a su tierra e involucra a todo su pueblo con una mirada y sensibilidad distinta que comparte con todos ellos y el pueblo se involucran con él. Para mi este proyecto “Mataindios” es todo un cine regional. Yo más bien soy como el mal tercio que no encaja mucho en esta relación (risas). Ahora el hecho de ser un cine regional, no te margina a ser otro tipo de cine y en ese sentido llegará un momento que los rótulos ya no importen mucho.

¿Están trabajando en nuevos proyectos? ¿Qué nos pueden comentar al respecto?
Oscar: Por parte de nuestra productora “La Tropilla de Obrajeros”, estamos preparando un par de proyectos de largometraje.

Robert: Por mi lado, no estoy trabajando en un nuevo proyecto de cine. Estamos abocados a este y todo lo que nos pueda ofrecer dentro de los concursos y su distribución. Por ahora no hay planes en conjunto al respecto. “Mataindios” fue ocho años de nuestras vidas, y como toda gran experiencia te impulsa a buscar otras experiencias, otros caminos. Estoy profundamente agradecido con el ‘Chato’ Oscar Sánchez por todo lo vivido y lo que aún vivimos con el Festial de Cine de Lima, y los posibles festivales que se presenten. Sin él no estaría haciendo esta entrevista.

Por último, ¿cómo ven el estado del que podríamos llamar “cine independiente peruano”, el “cine no comercial”?
Robert: “Mataindios” no es un cine independiente. Como tampoco lo son aquellas producciones que dependen de una institución para hacer cine. El cine independiente es un cine que la gran mayoría no conoce. Es aquel grupo de amigos que coge su cámara DSLR o incluso su teléfono móvil, y deciden grabar movidos por su impulso de hacer cine; y que a pesar del ideal de producción cinematográfica, siguen persistiendo en construir sus historias a su estilo. Hay una gran diferencia entre el cine independiente y el cine no comercial.

Definitivamente son importantes los fondos económicos promovidos por el Estado, llegar a más producciones y apoyar a más cineastas que si bien pueden dejar de ser independientes en la producción de sus películas, puedan seguir siendo independientes en sus ideas y visión para crear. Digo esto porque creo en el gran valor estético y cultural del cine independiente, que por lo menos debería dejar de ser minimizado y creer que son sólo el punto de partida para un cine más “profesional”.

Oscar: Lo que realiza la DAFO es increíblemente aspicioso, sin estos fondos concursables el cine peruano sería, en su mayoría, de modelos de televisión, de bailarinas, de “combatientes”, todos muy bien publicitados y comercializados, todos condescendientes, todos cómodos con la canchita. Los fondos concursables de DAFO son posibilidades para cualquier realizador que presente niveles de rigurosidad en sus propuestas, por tanto, se genera el espacio para un cine más exigente, más interpelativo, necesario en una sociedad pluri como la nuestra (así lo entiendo). La ley es urgente, pues crea una plataforma de soporte para la existencia de un cine que se va a convertir en memoria. Necesitamos mejorar nuestras relaciones con los distribuidores, pero también con nuestros gobiernos y empresas regionales, provinciales y distritales.

Entrevista: Alberto Venero Torres
Edición y textos: Laslo Rojas

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