Entrevista: “Pájaros de verano”, la película candidata de Colombia para el Oscar

Los colombianos Cristina Gallego y Ciro Guerra se llevaron el premio a la mejor dirección por “Pájaros de verano” en la 22ª edición del Festival de Cine de Lima. Recientemente la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas anunció que esta producción representará a su país en la carrera por el Oscar a la mejor película extranjera.

Durante el pasado Festival de Lima, pudimos conversar con la codirectora Cristina Gallego, quien nos contó sobre el proceso de investigación y escritura de esta película que muestra cómo el narcotráfico corrompe las tradiciones de una comunidad wayú, hablamos también sobre el trabajo con los actores y el estreno en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes.

Además, conversamos sobre su labor como productora del documental “Yo no me llamo Rubén Blades”, que fue la película de apertura en el Festival de Lima y que ingresará a la cartelera peruana el 13 de setiembre.

La dirección de “Pájaros de verano”

La película está ambientada en la década de 1970 y muestra a una comunidad wayú. ¿Cómo fue el proceso de investigación?
El acercamiento a la comunidad wayú fue desde lo cinematográfico, en un inicio. Partimos de la idea de conocer la historia de la bonanza marimbera, así como el sistema de honor y de duelos de los wayú y de preguntarnos cómo era posible que todo esto no hubiera sido contado en una gran película de gangsters. A medida que empezábamos a entrar más en el mundo wayú e intentamos decodificarlo, nos dimos cuenta que la obra de García Márquez estaba escrita en código wayú. La película también bebe de la idea de la tragedia griega, en la que todo está anunciado; entonces eso lo vinculamos con la obra de “Cien años de soledad” y empezamos a encontrar vasos comunicantes entre la sociedad wayú y esta obra, pero también con el mundo de los sueños, lo mágico y lo intuitivo. Es una investigación desde ese lugar, más que desde lo antropológico. Entonces cuando nos acercamos a la cultura wayú, la decodificamos desde el interés por el psicoanálisis y el mundo del inconsciente. Sin embargo, en el proceso de escritura, la guionista también hizo un trabajo de investigación para informarse de todos sus ritos y costumbres, para construir este caldo de cultivo.

El guion toca temas como el narcotráfico, las tradiciones ancestrales de una comunidad indígena y las tensiones al interior de una familia. ¿Cómo manejaron el balance entre estos temas?
El balance estaba en generar el centro de esa historia. Y para mí ese centro es el personaje de Úrsula y la forma en la que ella plantea los pilares básicos de su mundo y de su familia, es decir, los códigos de valor de la película. Esta es una historia coral que avanza y se rompe en la medida en la que estos principios que ella ha establecido avanzan o se rompen. Para mí mantener ese equilibrio justamente tenía que ver con contar estas historias, pero siempre pensando en qué generaba en ese personaje, porque ella es una protagonista invisible. Si buscamos que esta película sea una metáfora del rompimiento de una familia, pero también una metáfora del rompimiento de una sociedad, entonces había que sentir a ese personaje y la forma más desgarradora de hacerlo era mostrar cómo esta madre lo pierde todo y sus principios se ven rotos también. Sus principios son absolutamente humanos: mantener unida a su familia y mantener las tradiciones de su comunidad, pero todo eso se rompe. Entonces es un destino trágico del cual los personajes no pueden salir, solamente están allí navegando y por más augurios y oráculos que haya, nada les va a salir bien. Todo este choque entre lo real y lo intuitivo era algo que también flotaba alrededor.

El filme muestra un clan familiar en el que los hombres toman las riendas del negocio, pero en contrapeso está la matriarca que lidera su comunidad. ¿Les interesaba poner sobre el tapete el tema de la igualdad de poder entre los géneros?
Yo creo que no de una forma consciente, pero sí desde lo que necesitábamos desde el espíritu. Es muy fuerte conocer esta historia de la bonanza marimbera que nos ha sido contada siempre en un mundo masculino, un mundo de gangsters y de duelos, pero parece que las mujeres no tuvieran ninguna vinculación. Entonces la pregunta que nos planteamos fue dónde están esas historias que no nos están contando. Lo que hicimos fue pasar de la sala donde nos recibían los hombres a contarnos sus cosas, a conversar luego con las mujeres para saber qué había pasado realmente. Quisimos saber qué pasaba con las mujeres en esta sociedad wayú, la cual es una sociedad regida por la línea de sangre de las mujeres y donde son ellas las que traen el dinero a la comunidad con la venta de sus artesanías. Por eso nos preguntamos: “¿Por qué no sabemos nada de la historia a partir de estas mujeres?”. Entonces era una búsqueda de la voz de ellas, porque llega un momento en que somos muy fuertes en el nivel privado, pero somos muy ausentes en el nivel público.

¿El elenco incluye tanto actores profesionales como no profesionales? ¿Cómo fue el proceso de casting?
Sí, incluye ambos. Para la familia hicimos un casting profundo en todas las comunidades, pero rápidamente nos dimos cuenta que el arco por el que debían transitar estos personajes requería de actores profesionales. Encontramos actores que tenían en su mayoría relación con la costa o con el mundo wayú, pero que no tenían idea del lenguaje. Entonces hubo un largo proceso de preparación, de coach y de aprendizaje, para que los actores naturales se integran con los profesionales y ambos aprendan en ese proceso. Los profesionales aprendieron las tradiciones, el lenguaje y las formas de ser. Los actores naturales aprendieron sobre la repetición, la concreción y cómo seguir las guías para el rodaje.

Dirigiste la cinta junto a Ciro Guerra. ¿Cómo fue el trabajo en equipo y cómo se distribuyeron las funciones?
Nosotros no nos distribuimos las funciones. Hay cosas en las que él se siente más fuerte y hay otras en las que yo me siento más fuerte, así que cada uno toma la vocería en determinado momento. Realmente es la primera vez que yo dirijo, pero particularmente desde “El abrazo de la serpiente” hemos tenido un trabajo en un nivel igualitario de aporte creativo. En esa película, yo fui productora y también me involucré en el desarrollo del guion y en el montaje.

“Pájaros de verano” abrió la Quincena de Realizadores en el Festival de Cannes. ¿Cómo fue la experiencia de tener el estreno mundial de tu primera película en ese Festival?
Casi me muero del susto. Veníamos trabajando en esta película durante los últimos cuatro años, buscando justamente salir de lo privado a lo público. Cuando el año pasado empezó a pasar todo el fenómeno de “Me Too”, yo dije: “Esto el próximo año va a ser una cosa bestial”. Entonces, cuando nos invitaron a participar en la Quincena de Realizadores de Cannes, fue increíble. Este año el afiche era dedicado a las mujeres heroínas, era algo muy fuerte. Estaba super nerviosa por lo que nos tocaba, obviamente porque era mi primera película, pero fue muy bonito todo, la forma en que fue recibida la película para la crítica y para el mercado. Siento que el mundo está buscando otras narrativas y está chévere meterse en estas ideas tan fuertes y traerlas a la pantalla.

¿Cuál crees que fue el principal aprendizaje de estar en una vitrina como Cannes?
Todo el tiempo estamos en procesos de aprendizaje. Arrancamos una carrera hace 20 años produciendo películas en un momento en el que no había ni ley de cine y hoy estamos muy distantes de eso, estamos más cercanos al mercado que nos interesa para poder darle continuidad a la producción y a la actividad cinematográfica. Yo siento que siempre estamos en el proceso de aprender qué nos traen los nuevos caminos y “Pájaros de verano” está abriendo un camino muy amplio que ojalá nos permita la continuidad. Siempre pienso en la continuidad de lo que hacemos.

¿Cuál es el contexto de la cinematografía colombiana en este momento?
Pienso que estamos en una etapa de adolescencia, donde se están abriendo muchas cosas. Por ejemplo, se publicó otra Ley de Cine para que lleguen filmaciones extranjeras y me parece muy bueno. Mucha gente quería hacer cine, pero no sabía muy bien qué contar. Esta ley le permite a mucha gente vivir en el negocio de las series y del cine. Siento que el cine colombiano necesita continuidad porque hay muchas primeras películas, hay películas fallidas, que no se comunican, que no encuentran ni público ni festivales y cuyas experiencias no se capitalizan. Creo que lo que está pasando es que hay poco espacio para tener la posibilidad de cometer errores y repetir y crecer. Entonces, es complicado porque no se genera crecimiento ni evolución. El cine es un lenguaje y es una técnica que se va desarrollando, por lo que es muy difícil cuando las experiencias para la mayoría de la gente son tan distanciadas.

La producción de “Yo no me llamo Rubén Blades”

Viniste al Festival de Lima también para presentar el documental “Yo no me llamo Rubén Blades”, que fue la película de apertura y de la cual eres productora.
Sí, es un documental dirigido por Abner Benaim. Él lo estaba produciendo con Gema Juárez y estaban buscando un coproductor, así que acepté de inmediato. Rubén Blades es un músico y cantante al que tengo en el ADN y en Colombia tiene un gran público. Me parece un personaje muy interesante. Pudimos coproducir el documental con el equipo con el que hago las películas, trabajamos toda la parte de mezcla de sonido y rodamos algunas cosas. Poder tener la cercanía con este personaje tan icónico fue una experiencia super bonita.

¿Cuál es el principal ángulo o aporte que quiere generar este documental sobre Rubén Blades?
Este documental es como un retrato, o más bien un autorretrato, de un personaje que es muy cercano para todos desde su obra, pero muy distante como persona. Entonces, como fan yo me siento muy agradecida de ver esa luz y sombra del personaje. Abner hizo lo que debía y podía hacer desde su ética y desde el espacio que le permitió Rubén para acercarse. Creo que lo más chévere del cine es poder ver estos personajes complejos.

Rubén Blades menciona durante la película: “Este es mi testamento”.
Claro, Rubén siempre ha sido muy cerrado y muy distante, pero a él lo marcaron mucho la muerte de Prince y de Michael Jackson. Él siente que son de la misma generación y ellos fueron sus amigos, fueron cercanos y de repente se murieron. Entonces en un momento Rubén dice “Quisiera hablar. Nunca he hablado, nunca me he abierto a ningún medio”. Él quería hacer la película y Abner también, entonces se juntaron las dos cosas y obviamente Abner entró hasta donde pudo entrar.

Hay un momento del documental en el que Rubén deja entrar las cámaras a su casa y dice que nunca nadie ha entrado allí. ¿Cómo lograron acceder a ese nivel?
Es un trabajo muy largo acceder a su espacio, a su intimidad, a que se abra y cuente sus historias, a pasar de sus rituales musicales a esos espacios más privados. Es algo que hicieron muy de cerca Abner y Gema. Digamos que es una relación de confianza entre Rubén y Abner básicamente.

¿Cuáles son tus siguientes proyectos?
Tengo algunos proyectos para dirección y para producción. Hay varias cosas que queremos hacer con Ciro Guerra en codirección. Además, estoy trabajando como productora con Laura Mora, la directora de “Matar a Jesús”. Estos meses estoy concentrada en varios lanzamientos de películas que coproduje y no pude estrenar en Colombia. Entre ellas está “Yo no me llamo Rubén Blades” y está “Wajib”, que es la primera coproducción de Colombia con Palestina y que ganó varios premios en diferentes festivales, así que voy a estar concentrada en estrenos y desarrollos de nuevos proyectos.

Entrevista realizada por Juan Carlos Ugarelli y Laslo Rojas, en San Isidro el 4 de agosto de 2018.
Fotos de la entrevista: Alberto Venero Torres.

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1 comentario

  1. 13 de septiembre de 2018 at 18:39 — Responder

    Gracias por tan maravillosa pàgina ,los felicito ,trabajo con cine en el aula y ha sido una maravillosa herramienta para mis clases.

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