[Entrevista] «Yutupis», de Luis Pizarro: Un viaje al corazón de la selva

Hasta ahora, la palabra «Yutupis» carecía de mayor significado para muchos de nosotros, pero ya no. Un nuevo documental peruano toma como título ese topónimo y es como si respondiera a la frase de Steiner («Lo que no se nombra, no existe»). Yutupis, el pueblo de nuestra selva y el documental, se presentan en sociedad en este Festival de Cine de Lima 2019 para reclamar un espacio en el panorama nacional. Luis Pizarro, director de la película se inicia de esta manera en el mundo cinematográfico y tuvo la gentileza de responder nuestras preguntas.

Yutupis es el nombre de la película pero también es el lugar donde se realizó el documental. Ubícanos en el mapa ¿Dónde está ubicado Yutupis? ¿Cómo son las personas que habitan esta comunidad y cuál es la manera de llegar hasta esta zona de la selva?
Luis Pizarro. Yutupis es un pueblo ubicado a la orilla del Río Santiago, Provincia de Condorcanqui, Amazonas. A cuatro horas en lancha desde Santa María de Nieva. El lugar es habitado por familias aguarunas y en menor grado por familias de mestizos. Con las personas que traté siempre fueron amables conmigo. Algunos me invitaban a sus casas para compartir un desayuno, un almuerzo o una cena. En estas interacciones yo les contaba mi historia (de dónde venía, qué es lo que hacía en mi vida y para qué estaba en el pueblo) y ellos compartían la suya. Escuché historias dramáticas, amorosas, fantásticas y humorísticas. Les gustaba hablar y escuchar. No todos los pobladores de ‘Yutupis’ hablaban español de modo que los pobladores bilingües, en su tiempo libre, nos ayudaban con las traducciones.

¿Cómo nace tu interés por contar esta historia? ¿Cuánto tiempo te llevó realizar la película?
En 2009 fue mi primera vez en el pueblo, junto a cuatro amigas. Fuimos como voluntarios a una casa hogar. Esa experiencia marcó de algún modo mi conciencia en aspectos filosóficos, sociales y artísticos. Después de eso, el amor hizo que cruce el océano Atlántico y vaya a parar a Bélgica. Allá estudié cine y en agosto del 2016 regresé a Perú para filmar ‘Yutupis’, que fue parte de mi maestría. En total me llevó 3 años terminar el documental.

¿Dirías que se trata de un documental antropológico o etnográfico? En todo caso ¿Cómo definirías este trabajo documental?
Diría que es un documental con un discurso semi- autobiográfico por el hecho de que las imágenes las considero reflejos de mis recuerdos de niñez, pero con otros personajes y un escenario diferente. Te explico: no nací en la Selva. Crecí en Lima, en una familia citadina pero con abuelos que descienden del campo. Ellos conservaron algunas costumbres en la capital y otras se perdieron. De las que me acuerdo, mi ojo reconoció algunas situaciones en ‘Yutupis’ y me dediqué a filmarlas. No niego que tiene una mirada antropológica pero para mi el cine va mas allá. El cine nos llega al alma, nos la remueve y la deja inconsciente sobre la butaca. Así me siento cuando veo una buena película. ¿Qué film no es antropológico teniendo al humano como personaje principal? En el cine independiente diría que es la mayoría. El cine es el medio para conocernos mejor, mostrarnos como somos y cuestionarnos la vida. Un ejemplo de ello es el film de Ben Rivers, Two years at sea y otro un poco más experimental: Leviathan de Lucien Castaing-Taylor.
A todo esto estoy curioso de los comentarios que pueda producir el visionado de ‘Yutupis’. Lamentablemente no voy a estar presente para el festival de cine de Lima pero ya habrá otra oportunidad.

¿Cómo se dio el proceso de registro? ¿Cómo se logró tener esta cercanía con las personas de la comunidad?
Llegue a ‘Yutupis’ y me recibió Mauro Petsa, un amigo. Al día siguiente tuve una reunión con el Apu del pueblo y los jefes de barrio. Esta era la manera de informar el por qué de mi visita. Les dije que iba hacer un retrato del pueblo. Después de una larga charla de dos horas, ellos aceptaron. Tingyao (cámara) y yo caminamos cada día con cámara en mano y grabadora de sonido. Los dos meses de rodaje se componen de días que iniciaban a las cinco de la mañana hasta las nueve, eso porque el sol de las diez era insoportable. Volvíamos a rodar desde las cuatro de la tarde hasta el anochecer. Nuestra manera de filmar fue estar flexibles a los horarios de los pobladores. Seguirlos cuando ellos se iban a la chacra, observar, vivir con ellos, festejar con ellos. Fue un viaje místico y una grata experiencia. De alguna manera la barrera de la desconfianza se rompió y estábamos dentro de sus casas, hablando de la vida, comiendo Suri y tomando masato.

Hay momentos que reflejan la vida espiritual de la comunidad, de hecho la película comienza con un rito que te muestra a ti mismo, luego se ven interacciones con iglesias cristianas ¿Cómo se da esta mixtura de creencias al interior de la comunidad?
Lo que puedo rescatar, después de hablar con los pobladores, es que algunos seguidores evangélicos aún tenían duda de estar en la Iglesia. Estos jóvenes y adultos aún no dejaban de lado sus costumbres ancestrales: como la toma de Ayahuasca o el Toe. Del mismo modo iban a misa dos veces por semana. También estaban los ‘fieles’ (como es costumbre de llamarlos en cada religión) los cuales abandonaron estas costumbres por el hecho de que no son bien vistas dentro de la iglesia. Queda en las manos de los pobladores documentar o no una parte de su historia.

En la misma línea de lo anterior, se ven momentos de ritos indígenas y por otro lado las chicas y chicos de la comunidad practican un baile icónico de Michael Jackson ¿Este contraste trata de mostrar las múltiples caras de una comunidad indígena en la actualidad?
Claro. Son las múltiples caras de la modernidad y la globalización. El internet que es casi escaso en el pueblo también influye en los jóvenes. Ven hacia el mundo y quieren salir a descubrirlo. Es normal. La mayoría de jóvenes quiere irse a estudiar a la capital pero no todos tienen la oportunidad o las herramientas para lograrlo. Sus padres trabajan en la chacra por los alimentos pero no existe aún un negocio rentable con el cual puedan empezar ahorrar e invertir en la educación de sus hijos. En el 2016, ellos estaban cosechando cacao pero no les pagaban como se debía, debido al alto costo del transporte.

¿Quiénes conformaron el equipo técnico? ¿Qué equipos usaron?
Tingyao Zhou (cámara). La primera semana nos acompañaron Hugo Alejos y Oscar Ayala quienes nos apoyaron en la producción. Matthias Peynshaert, también productor de ‘Yutupis’. Fabian Salas y Raf Enckels en la mezcla y diseño de sonido. Sandra Mendoza nos apoyo a distancia con los subtítulos, junto a Lenin Impi. Virginia Tales, asesora del proyecto y amiga. Por último, yo hice el sonido directo, la edición y dirección. Igualmente agradezco a todas las personas que me apoyaron y ahora no puedo citarlas por ser una larga lista pero ya verán sus nombres en los créditos. Filmamos con una Blackmagic Pocket y unos lentes Carl Zeiss Distagon de los años sesentas, para sensores de 16mm. Estoy contento con el resultado.

¿Cómo financiaron la realización de la película?
Trabajé un año entero en diferentes bares de la ciudad de Gante, en Bélgica, así fue que ahorré una parte del dinero que necesitaba para este documental. La otra parte fueron las becas belgas de organizaciones estudiantiles, sector audiovisual, préstamo de dinero que hice de familiares y amigos. La pasión de hacer cine fue tan grande que no podía esperar a la burocracia de los papeleos, me refiero a las oportunidades que la DAFO o VAF (en Bélgica) dan a la realización de filmes. No estoy contra ello, solamente que hace tres años no podía esperar todo ese trámite. Va ser diferente para mi siguiente largometraje.

La película apenas si tiene música, pero hacia el final escuchamos un tema de Yma Sumac ¿Cómo así decidieron incluir este tema?
Cuando filmé el último shot de la película en la selva, ya sabía que era el final. Pero faltaba un elemento más. Eso era la música. No que fortalezca la imagen o la lleve a otro estado sino mas bien que acompañe, que se complementen. Que vayan de la mano en la creación de emociones. Así que inicié a escuchar diferentes compositores e interpretes peruanos. Entre estos estaba el álbum completo de Yma sumac, lo escuché mientras me duchaba. No sabes cómo el inicio de Ataypura me guiaba la mente hacia la última imagen de la película. Era como estar flotando entre los fuegos artificiales. Y luego los contrastes de las voces en el cambio del ritmo, era lo que conectaba con la selva o lo ceremonial. Además esta pieza musical tiene esa mixtura cultural que el documental trata.

La película está dedicada a la memoria de Dawai Petsa ¿Nos puedes contar un poco más de quién es?
Fue el hijo de mi amigo Mauro Petsa, un niño de 5 años aproximadamente, vivíamos con él en la misma casa, Tingyao (cámara) y yo dormíamos en su cocina, sobre nuestras hamacas. Dawai nos despertaba con sus palabras en aguaruna y con su curiosa mirada de niño travieso. El murió después de seis meses que nos fuimos del pueblo, a causa de una enfermedad estomacal. Las enfermeras del centro de salud no pudieron ayudarlo ya que en Yutupis no se cuenta con las medicinas necesarias. En el 2016, cuando estaba rodando la película, no había ni un doctor en todo el pueblo. El más cercano estaba a una hora en lancha.

¿Las personas de la comunidad en Yutupis ya vieron la película?
Aun no la ven. Tengo muchas ganas de proyectar el documental en la comunidad y escuchar sus comentarios. Lo tienen que ver como se debe, en un cine abierto en plena selva. Espero lograr eso para ellos.

¿Tienes en mente nuevos proyectos?
Ahora ando escribiendo mi siguiente largo, en el cual descarto los géneros fílmicos y me enfoco en la narrativa experimental de un híbrido. No te puedo contar mucho, pero si te prometo que vas a utilizar tu mente para completar la historia.

YUTUPIS  (2019)

Ficha técnica
Duración: 46 min.
Dirección y guion: Luis Pizarro Pérez
Fotografía: Tingyao Zhou
Edición: Luis Pizarro Pérez
Sonido: Luis Pizarro Pérez, Fabian Salas, Raf Enckels
Producción: Matthias Peynshaert, Luis Pizarro Pérez
Intérpretes: Pobladores de Yutupis

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