[Netflix] Conversamos con Gaspar Antillo, director de «Nadie sabe que estoy aquí»

Uno de los estrenos de mayor interés que encontramos durante estas semanas en Netflix ha sido la película chilena «Nadie sabe que estoy aquí», una de las producciones originales que el gigante del streaming ha realizado en nuestra región.

«Nobody Knows I’m Here» (su título internacional) es la ópera prima del realizador chileno Gaspar Antillo (Santiago, 1983) y puede llamar la atención del gran público pues tiene como protagonista al reconocido actor Jorge García. Estadounidense, de madre cubana y padre chileno, García se hizo muy popular por su papel en la serie ‘Lost’ el 2004.

En este largometraje García interpreta a Memo, un hombre ensimismado y retraído, que vive con su tío alejado de la sociedad, en un paraje aislado al sur de Chile. Su pasado lo atormenta: siendo niño, un evento dramático durante un concurso musical de televisión lo cambió para siempre, impidiéndole desarrollar su vida como adulto.

En este su primer protagónico en el cine, Jorge García es bien acompañado por un reparto de renombrados actores chilenos, entre ellos Luis Gnecco, Alejandro Goic y Millaray Lobos, además del argentino Gaston Pauls.

«Nadie sabe que estoy aquí» tuvo su estreno durante las primeras semanas de la pandemia mundial, a fines de abril, en el Festival de Tribeca, aunque ahí solo lo vió el jurado de manera online. En este festival se llevó el premio a Mejor Nuevo Director. (La película chilena compitió en una sección del festival neoyorkino con la película peruana «Contactado» de Marité Ugas).

Con motivo de su estreno online, conversamos a continuación con el director Gaspar Antillo:

Laslo Rojas: Gaspar, estrenaste tu película en unas condiciones muy inusuales en el Festival de Tribeca, y a continuación en Netflix. ¿Cómo ha sido la experiencia de mostrar tu película al público por primera vez este contexto?

Gaspar Antillo. Ha sido interesante, la película estaba destinada para ir a salas, y tener el clásico circuito que tienen las películas. Pero finalmente estrenamos de manera online, en Tribeca y Netflix. Ha sido muy especial la repercusión que ha tenido la película, porque ha sido un estreno mundial. Podemos escuchar comentarios desde la India, México, Rusia, Perú… es muy extraño. Se pierde la instancia de la proyección pero se abre un espectro que es muy nuevo y uno lo va asimilando a medida que va avanzando. Además, como el mundo se encuentra en un estado de estar como recogidos en nuestros hogares, la película cobra ahí otro sentido también, por lo que le pasa al personaje principal en comparación a lo que nos pasa a todos hoy.

El director Gaspar Antillo (izq.) conversa con la actriz Millaray Lobos, durante el rodaje de «Nadie sabe que estoy aquí». El protagonista Jorge García (der.) los acompaña.

Juan Carlos Ugarelli: Escribiste el guion junto a Enrique Videla y Josefina Fernández. ¿Cómo fue el proceso para crear esta historia y darle forma entre los tres? 

GA: Yo partí con Enrique trabajando en el proyecto, y fuimos dándole forma, siempre manejando la idea de una historia que iba a ser sobre un artista, contar el tras bambalinas, casi como la historia de una canción. Cómo esa canción nace, y cómo muere.
Luego entró Josefina para ayudarnos con la estructura, a entender al personaje, a limpiar ciertas cosas y afinar otras que le iban a hacer justicia al relato y a Memo [el protagonista]. El proceso fue largo, casi dos años trabajando en el guion, buscando lograr un texto lo más competente posible, porque luego solo tendríamos 23 días para filmar.

JCU: Los productores de la película son los hermanos Larraín, de Fábula, y también tienen el aporte de Netflix. ¿Cómo se dio este trabajo en colaboración con ellos?

GA: Por el lado de los hermanos Larraín, ellos estuvieron desde el inicio. Yo trabajo en Fábula como director, llegué ahí con la idea de hacer esta película, conversé con ellos antes de llegar a Fábula, a ellos les interesó y me ayudaron desde la génesis del proyecto. Cuando tuvimos el guion final, se lo presenté a Netflix, y ellos nos apoyaron desde antes de empezar a filmar. Creyeron en el proyecto, y en lo que estábamos haciendo, también confiaban en el respaldo que nos daba Fábula.

LR: ¿Y cómo se logra esa conexión con Netflix, para poder hacerles llegar el guion?

GA: El contacto con ellos llega por las relaciones que tienen con Fábula. Esto tiene que ver con el trabajo que hacen Juan de Dios y Pablo Larraín, quienes se encargan de buscar estas redes que a veces no están solo en tu país. Netflix tiene un área para Latinoamérica, que está produciendo series y películas. Cada vez se está abriendo más la ventana para poder hacer producciones originales, de manera que ellos intervienen desde la producción de la película, no solamente comprándolas luego que pasen por un festival.

Jorge García y Millaray Lobos, en «Nadie sabe que estoy aquí».

JCU: ¿Cómo se da la participación de Jorge García en el proyecto? ¿Uds. escribieron el guion pensando en él?

GA: No, él entró con el proyecto ya avanzado, le enviamos el guion final. Fue más como una epifanía cuando vimos en YouTube a Jorge cantando con Weezer en la serie «Hawaii Five O», y escuchar que tenía una voz increíble, me abrió los ojos. Me dije: «¿Qué pasa si elegimos a Jorge?». Él es de padre chileno, el personaje vivió en Miami en los 80, que era como la tierra prometida desde el mundo de la televisión. Entonces le mandamos el guion y quedó muy contento con la historia. Desde ahí empezamos a hablar y a afinar ciertas cosas para el personaje, y acomodar la historia alrededor de Jorge, para que él pudiera darle vida a Memo de la mejor manera.

JCU: El personaje Memo es de pocas palabras, puede expresarse más a través del canto. ¿Tuvieron algún referente de cine o música para construir a Memo, su forma de ser o de cantar?

GA: Conversando con Jorge vimos que él tiene una admiración por el cine de monstruos, por el Frankenstein de James Whale, El jorobado de Notre Dame, El fantasma de la ópera. En esas películas había un cariño por los monstruos, y ahí también había algo de la construcción que empezamos a tomar. Esa es la historia, el personaje que está abandonado, en un castillo aislado. Es un poco lo que pasa también con «El joven manos de tijera». Criaturas que cuando se presentan a la sociedad tienen cierta torpeza, por haber estado ausentes de nosotros.
Empezamos a explorar en base a eso, a personajes que no tienen la capacidad de comunicarse, o la habilidad social tan desarollada. Encontramos en esas historias pequeñas cosas que nos ayudaron a inspirarnos en cierta manera.   

LR: Al ver tu película, pensaba también en «The Shape of Water», de Guillermo del Toro, por la relación que existe entre este ‘monstruo’ y el personaje femenino. En tu película incluso eliges una actriz que tiene un parecido físico con Sally Hawkins. Creo que hay una resonancia ahí también, ¿no crees?

GA: Sí, hay algo de eso, absolutamente. Cuando uno se pone a revisar historias que tienen este tipo personajes totalmente outsiders, empieza a aparecer ese cariño, y las historias empiezan a tener estos pequeños lugares comunes que el cine ha recorrido muchas veces. Uno ve estas historias de monstruos que tienen esa fijación por conectar con alguien, pasa con King Kong por ejemplo. Tienen una torpeza y una ternura, que generan relaciones humanas y profundas de gente que no puede expresarse de otra manera. Entonces, claramente hay una fijación por ese género, en una versión un poco más romántica del cine de terror, más teatral y grandilocuente de las relaciones humanas. A mí y a Jorge nos gustaba mucho ese camino narrativo.

JCU: ¿Cómo fue el trabajo entre los dos actores principales? Para lograr que haya una empatía entre sus personajes, a pesar de que él no habla mucho y ella tiene el mayor peso de diálogos en sus escenas.

GA: Decidimos empezar filmando las escenas de ellos dos, para generar esa relación. Y ella se presenta un poco como el público, hace las preguntas que se hace el espectador: «¿Por qué no hablas?, ¿qué te pasa?». Ella trata de entrar en su mundo de una manera algo abrupta al inicio.

La química entre los dos actores fue genial. Y fue como un balance, ella le entregaba algo, y él a ella, que cuando uno veía la escena, pasaban cosas que no estaban escritas. De hecho, muchas cosas salieron por la química que tenían ellos dos, por tener una guía que era una base y a partir de la cual ellos podían explayarse. Yo me demoraba mucho en decir «corte» porque seguían pasando cosas entre ellos dos que sentía que eran muy genuinas, miradas, expresiones corporales. Fue un complemento y un balance muy lindo, que le hizo muy bien a la historia.

JCU: La escena final es justamente un ejemplo de esa expresión sutil a través del cuerpo. Hay un gesto muy especial en esa caricia con el pie que se da la pareja. ¿Puedes contarnos un poco cómo se dio ese momento?

GA: Yo imaginé la escena, a los actores, las luces, las cámaras. Uno tiene una conversación previa, sin decirles qué hacer, sino conversar sobre qué les pasa a ellos dos en ese momento. Lo que se ve es totalmente crédito de Jorge y de Millaray, esa sinergia que se generó entre ellos dos, fue cómo agarrar la historia y resumirla: «de esto se trata esta relación, no hay mucho más que te pueda decir sino que puedo acogerte o puedo sentirte de esta manera». Fue un momento que todos los que estábamos detrás de cámaras, cuando se acaba la escena se hace un silencio y dijimos: ¡listo, ya estamos, gracias!

Por otro lado, con Enrique el guionista, somos muy fánaticos de «Totoro», de Miyazaki, donde también hay ciertos códigos de encuentros entre personajes que tienen de repente unas salidas muy fuertes que representan la naturaleza, y otros momentos muy silenciosos. Dentro de la relación de Memo y Marta pienso que había también una cierta magia en la narrativa que hablaba en esa frecuencia, esa que encontramos en las películas de Miyazaki, que son de personajes poco comunes y tienen fijaciones por la naturaleza. Así uno puede ir entendiendo cómo se construye la relación de ellos.

LR: Tu película tiene también algunos momentos en que el protagonista recurre a escapes oníricos, secuencias musicales, fuera de la realidad. ¿Cómo surgieron estos momentos dentro de la historia?

GA: Esos momentos nacen por la necesidad de expresar lo que le pasa al personaje, y que no es explicable con palabras. Memo no va ser una persona que te va a dar respuestas tangibles y concretas. Entonces, la manera de representar el corazón, el alma o los anhelos que tenía era a través de estos escapes de la realidad. Era muy importante que esas preguntas que iba a generar el personaje, tuvieran una respuesta onírica, y no con la realidad. Porque él, en la realidad, no encaja del todo. Es ese lado de uno que es un poco privado, que tenemos cuando somos niños, que nos ponemos a conversar con nosotros mismos, generamos nuestras propias historias. Era tratar de darle ese balance al personaje para que pudiera respirar también, no todo podía ser encierro sino era necesario que hubieran estos escapes donde puedo ser yo, y es mi alma la que se está manifestando.

LR: Memo es una persona que busca ser escuchada, a través de su canto, y al mismo tiempo quiere que lo dejen solo, que no lo molesten más. Hay una imagen recurrente de él, con el sobretodo amarillo al que acude siempre que debe enfrentarse a algún extraño que visita la isla. Es una suerte de capa con la que busca protegerse y ocultarse. Pero al mismo tiempo, por el color que tiene esa capa, lo hace destacar y sobresalir. Me parece que ese elemento grafica muy bien la dualidad que vive el personaje.

GA: Es super aceptable lo que dices. Eso fue algo que no estaba en el guion y nosotros fuimos conversándolo con Jorge, de encontrar cierta manera de tener un objeto al que te puedas agarrar para poder pasar desapercibido, pero claramente tiene un color que te hace decir, «ah, ahí está él». Es como que te hace destacar. De hecho, esa chaqueta siempre estaba cuando el tenía que salir al exterior, estaba colgada en algún lado y él tenía que ponérsela. Eso también fue una herramienta que tenía Jorge para poder marcar la salida del interior al exterior. Era como salir protegido.

LR: ¿Jorge ya vio la película? ¿Te dio algún comentario?

GA: Sí, la vio un screening que le mandó Netflix antes del estreno y quedó muy contento. De hecho la vio dos veces y volvimos a discutir la segunda vez que la vio. Lo que me decía él es que cuando es un trabajo que realiza uno y la ve por primera vez, está tratando de juzgar la actuación para ver cómo fue su trabajo. Pero después Jorge pudo verla un poco más como espectador, dentro de lo que se puede cuando uno se está viendo a sí mismo todo el rato en la pantalla, y quedó muy contento. Nosotros nos seguimos mandando mensajes, porque la canción también ha tenido mucha repercusión, entonces hemos ido conversando sobre todos estos fenómenos que se han ido dando. Él está muy orgulloso del trabajo que hicimos porque también se siente parte de las decisiones que se tomaron. Que el protagonista se haya sentido a gusto con el resultado es una maravilla.

JCU: La película transcurre en la Región de los Lagos, en Chile. ¿Por qué elegiste esa locación para contar este relato?

GA: Filmamos al borde del Lago Llanquihue, al lado del pueblo Puerto Octay. Anteriormente había ido a filmar ahí, yo tengo familia que vive por ahí y el lugar prestaba todos los espacios que necesitaba la película, no estaban todos juntos, pero sí estaban a un par de kilómetros de distancia. Cuando fuimos a visitar la locación, encontramos los distintos puntos que nos fueron ayudando a construir la historia. Fue perfecto, porque la locación que encontramos tenía el taller justo abajo, la casa arriba, luego el muelle y el pueblo al frente. Entonces con una toma tú podías entender que hay vida al frente, pero el protagonista está totalmente retirado en este lugar que es grandilocuente.

La decisión se dio también porque hay gente muy profesional trabajando en Puerto Varas y Llanquihue, que nos podían ayudar con los temas de la producción. 

JCU: La fotografía de Sergio Armstrong aprovecha los espacios naturales y muestra a Memo siempre al centro del encuadre. Cuéntanos cómo definieron el estilo visual de la película.

GA: Sergio es un maestro y una muy buena persona. Se ha convertido en un buen amigo en todo el proceso. Con él tratamos de encontrar una manera que le haga justicia a la historia, porque uno puede encontrar maneras fotográficas bonitas de filmar otras películas, pero decíamos: “¿Cómo mostramos esto para que le haga justicia a la historia de Memo?”. Y eso tenía que ver con la paradoja del personaje: “Me ven, pero no me ven”. Entonces está el uso del zoom, el uso de la naturaleza y que él, por ser una persona totalmente retraída, pueda mimetizarse en este espacio. Eso se da por la luz y la sombra, porque el interior es un poco más oscuro, porque el bosque es gigante y él viste de verde. Tiene que ver con la metáfora de qué es lo que le está pasando a él y cómo se va camuflando en los espacios que habita.

De ahí vino el trabajo que hicimos con Estefanía Larraín, la directora de arte. Se fueron complementando factores como la paleta de colores, el tipo de lente que íbamos a usar (filmamos con anamórfico y también con un zoom), cómo íbamos a ir mezclando eso en los movimientos que iban a ser siempre motivados por el personaje, excepto los zoom, y que íbamos a seguirlo con una steadycam, para ir respirando y caminando con él al mismo tiempo. Siempre la conversación que tuvimos fue cómo hacerle justicia a él y qué lentes usar para ir desarrollando la historia, para que los espectadores puedan ir acercándonos cada vez más al personaje, ir entrando de a poco, al ritmo que tenía él.

LR: Este es tu primer largometraje como director. ¿Cuáles han sido las mayores dificultades, retos o aprendizajes en esta experiencia?

GA: La experiencia fue muy buena, porque pude rodearme de gente que tenía mucho conocimiento. Cuando uno trabaja con profesionales que están dispuestos a entregar su talento, a generar una discusión y a hacer un equipo de trabajo, ellos te dan la confianza. Eso de cierta manera te entrega una seguridad para poder desenvolverte honestamente, tratando de tener una visión particular y creer en lo que uno tiene que mostrar.

Hubo buena onda y buena energía en el rodaje, entre los actores y todo el equipo técnico, vivimos juntos una experiencia durante más de 20 días que fue de mucho compañerismo, entrega y colaboración. Uno termina sorprendido y agradecido del proceso. Fue un trabajo maravilloso y colaborativo. Uno está a cargo del proyecto, pero lo que tiene que hacer es tratar de dejar que entren todas las influencias de los distintos departamentos para que la película sea de todos. Y es ahí cuando llegan las mejores sugerencias, cuando abres esa puerta para que la gente pueda opinar y podamos crear algo de lo que todos nos sintamos parte y orgullosos.

LR: Hay una ola de cine chileno que sigue creciendo y ganando repercusión a nivel mundial. ¿Cómo sientes que tu película se instala dentro de esa movida?

GA: Es un honor sacar una película que venga desde Chile y entrar en la lista de películas que han salido desde mi país. Yo estoy orgulloso de lo que ha pasado con el cine chileno en los últimos quince años. Ha habido un cambio generacional y una ola de nuevas voces. Ha sido lindo de ver lo que han hecho Dominga Sotomayor, Pablo Larraín, Sebastián Silva, Sebastián Lelio, Marialy Rivas. Han pasado cosas muy lindas y ser parte de eso es un orgullo. 

Y creo que eso se traspasa, como que se han roto las barreras y en Latinoamérica también ha estado pasando algo así, se cuentan historias un poco más mágicas, hay un cine que tiene otra propuesta. Es una sucesión de eventos que van hablando de quiénes somos.

LR: Pensaba en «Lima de Lima», una coproducción chileno–peruana, protagonizada por Magaly Solier. Así como Memo, el personaje de Magaly también es una persona introvertida, una forastera en un lugar ajeno, y ella también vive escapes de ensoñaciones musicales. Me pareció curioso que estas dos películas chilenas tengan esos elementos en común.

GA: Yo creo que eso ha estado pasando en general y no es algo que uno lo premedite, sino creo que todo lo que ha pasado en la vida de una generación tiene que influir en uno. Hay cosas que se empiezan a parecer y son como chispazos que vienen de lugares distintos, pero quizás de personas que están sintiendo cosas parecidas. Eso pasa también en la literatura y en la música, que empiezan a haber estos pequeños atisbos de magia, por así decirlo. Y creo que ahora en el cine también está sucediendo eso y uno se da cuenta que ve películas que no hablan desde la pura y dura realidad, sino que hablan con una capa un poco más fantástica para ayudar a esa misma realidad. Encuentro bonito que pase eso.

LR: Sí, el cine chileno sigue mirando hacia los años de dictadura, pero películas como “Nadie sabe que estoy aquí” y “Lina de Lima” escapan a tener esa dura realidad presente en primer plano y de repente es más un eco que suena detrás.

GA: Sí, son otras maneras de abarcar esos temas porque al final esas cosas pasaron y es necesario que sigan siendo exploradas, porque es la única manera que tenemos de entender y mirar desde un lado artístico procesos que fueron muy duros para la historia de Chile. Yo creo que quizá son otras las vueltas con las que uno llega a esos temas. Y tal como dijiste, son ecos, son como fantasmas que también nutren la historia y nuestra creatividad. Ha habido producciones maravillosas en base al tema, ya sea desde documentales hasta ficción. Creo que uno asume otra perspectiva, pero igual está un eco que de alguna manera llega a influir porque es la historia que nos pasó. En esa época, yo tenía seis años y veía televisión, de alguna u otra manera te tiene que llegar, tus padres estaban conectados con esa realidad, después uno crece y entiende lo que pasó. Quizá la manera de abarcarlo es desde ese niño que en esa época estaba viendo “Sábado Gigante”, un concurso musical en la tele. Es tal vez una respuesta un poco inconsciente a eso.

JCU: Después del estreno en Tribeca y este lanzamiento en Netflix, ¿es posible que la película participe en otros festivales?

GA: No tengo aún la respuesta a eso, no sé lo que va a pasar de aquí en adelante. Estamos tratando de asimilar lo que está sucediendo en el mundo, lo que va a pasar con los festivales y con los cines, tratando de entender cuál va a ser el futuro de lo que a nosotros nos dedicamos. Ojalá la película se siga viendo y siga teniendo vida propia. El sistema de streaming está funcionando hoy más que nunca, estamos todos aprovechando los catálogos de las distintas plataformas para ver películas. Es el lugar donde le toca estar ahora a la película, lo que venga más adelante no lo sé, pero ojalá que pueda seguir rotando. 

Lo que más pena me da es no haberla proyectado en cines. Nosotros vimos la copia que teníamos justo antes que empezara la pandemia, vimos el DCP en la sala y fue maravilloso. De ahí tuvimos que guardar esa copia. Así que estoy esperando que algún día pueda reunirme con el equipo y  hacer algo simbólico de proyectarla y ver el trabajo en la pantalla grande.

JCU: Para cerrar, ¿estás trabajando en algún proyecto para cine u otros medios?

GA: En cine en estos momentos estoy todavía esbozando algunas ideas, pero es una etapa demasiado incipiente. Estoy trabajando en otros proyectos con Carlos Cabezas, que fue el compositor del score y de la canción de “Nadie sabe que estoy aquí”. También estoy trabajando en videoclips de «Terapia familiar», una banda chilena de rock independiente.

Entrevista realizada por Laslo Rojas y Juan Carlos Ugarelli, el 15 de julio del 2020, via Zoom.

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