[Crítica] Festival de Lima: «El canto de las mariposas», de Núria Frigola

La mirada hacia el espacio innato, la evocación a los recuerdos de familia y la contemplación de la naturaleza e historia como inspiración artística. Son estos los principios abordados por Núria Frigola Torrent en su ópera prima, «El canto de las mariposas»

Rember Yarhuarcani, un artista natal de la etnia uitoto, comunidad perteneciente a la Amazonía peruana, trabaja en su taller, alrededor de las impasibles calles del centro de Lima. El retrato solitario del autor en un lugar de aspecto frío y hosco contrasta con su obra, frondosa y de calidez en sus colores. Conociendo este íntimo espacio, comprendemos que él no está solo, en sus cuadros recuerda y dibuja el imaginario de su abuela, Martha López. Por medio de los cánticos y narraciones que Martha le recitaba sobre el misticismo de la selva, él crea seres zoomórficos y una flora con esplendor propio, elementos que logran revestir su obra. Las imágenes cobran vida, el diseño sonoro nos invita a escuchar a aquellas criaturas multicolor y el vibrar de la flora y fauna representada.

El protagonista ahora busca explorar el horror acaecido durante la fiebre del caucho, impulsada por la explotación de la actividad económica basada en la extracción de árboles caucheros, periodo que perduró hasta mediados del siglo XX; y que llevó a las comunidades indígenas de toda la región al borde de la extinción, entre ellas la comunidad uitoto. A pesar de tener presente el testimonio familiar, no consigue enlazar la voz de su abuela como herramienta inmediata de creación.

Rember iniciará un viaje a su natal Loreto para buscar nuevos lirismos visuales y voces hogareñas que fortalezcan su proceso creativo. Tras su llegada, reconocemos en sus padres la relación artística que los une, la construcción de la identidad cultural a través de las artes plásticas y la oralidad para que su legado no sea olvidado. El siguiente destino del artista será la selva colombiana, La Chorrera, lugar que alberga las memorias de los pueblos indígenas y la conexión con sus antepasados quienes fueron condenados a la opresión y el dolor.

La cámara registra, por medio de planos generales, la sosegada imponencia de la naturaleza y cómo interactúa en armonía con la comunidad, el trabajo de la tierra, la danza y la comunicación generacional. El tratamiento visual sobreimprime registro fotográfico con los parajes naturales y, junto a las fábulas de Martha, se convierten en guías de introspección para el espectador. 

«El canto de las mariposas» consolida la experiencia del volver, la conciencia de las interrelaciones del pasado con el presente y el ánimo de reminiscencia del creador ante el propio cuestionamiento del propósito de la obra. Rember Yarhuarcani dialoga con sus raíces y toma el encargo de las mujeres y hombres del clan para dar a conocer sus historias de vida y que estas jamás vuelvan a ser aplacadas.

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