[Crítica] «Armageddon Time» (2022), de James Gray


Un regreso a los años 80 carente de nostalgia. Eso es algo que no se ve todo los días. “Armageddon Time”, de James Gray, es una suerte de homenaje a su niñez, el cual felizmente se quita los anteojos rosa para mostrarnos una realidad un poquito más cruda de lo que uno esperaría. No se trata de una experiencia cómoda y relajante, sino más bien de la historia de un niño incomprendido, que tiene que tratar de sobrevivir en un contexto lleno tanto de privilegios como de discriminación. Es una propuesta interesante que, sin llegar a ser particularmente potente, igual trae consigo momentos suficientemente emotivos.

La película se lleva a cabo en Queens (Nueva York), y tiene como protagonista a Paul Graff (Banks Repata), un chico de familia judía que está pasando al sexto grado en una escuela pública. Es ahí donde se hace amigo de Johnny Davis (Jaylin Webb), el único chico afroamericano de la clase, quien es llamado y reprochado constantemente por el profesor, el Sr. Turkeltaub (Andrew Polk), un hombre severo y aparentemente racista. Entre los dos, causan todo tipo de problemas, razón por la que Paul es eventualmente cambiado a una escuela privada.

Lo cual, evidentemente, hace que las cosas se tornen más duras en casa. La madre de Paul, Esther (Anne Hathaway) no mantiene una relación particularmente cercana con su hijo. Su padre, Irving (Jeremy Strong) es inteligente y bondadoso, pero también puede llegar a ser muy violento cuando se molesta, y no cree en los sueños de Paul de convertirse en artista. Y su hermano mayor, Ted (Ryan Sell) no hace más que fastidiarlo todo el santo día. El único que realmente lo entiende es su abuelo, Aaron (Anthony Hopkins), quien siempre parece tener una frase o consejo sabio a la mano, y que sabe que su nieto tiene el potencial de convertirse en alguien interesante. Sin embargo, parece que ni la cercana relación que Paul mantiene con su abuelo es suficiente como para mantenerlo lejos de los problemas.

Mientras que otras películas dedicadas a historias de la infancia o la niñez se enfocan en lo bonito de aquellas épocas —el primer amor, los juegos, las fantasías—, “Armageddon Time” se siente como una propuesta más verosímil, que no tiene miedo de mostrarnos los momentos más difíciles de la vida de Paul. Sí, viene de una familia privilegiada —pero de orígenes humildes—, y sí, claramente no la pasa tan mal como su amigo Johnny, pero igual resulta emotivo ver cómo es constantemente subestimado por un sistema que no puede ayudarlo. Paul es calificado varias veces como un chico “lento” —lo cual claramente no es verdad. Simplemente tiene sensibilidades distintas a lo que los colegios consideran como “útil”.

Pero es a través de la historia de Johnny que “Armageddon Time” realmente logra transmitir la manera en que el sistema educativo americano ha fallado constantemente a incontables generaciones de niños. No solo es que sea constantemente discriminado —incluso por los padres de Paul, quienes no son “malas” personas, necesariamente. Si Paul, un niño blanco judío, tiene problemas para alcanzar sus sueños, entonces Johnny prácticamente no puede darse el lujo de soñar. Consideren, sino, el momento en que revisa sus coleccionables de la NASA en el subterráneo de Nueva York; un chico afroamericano se le acerca, y le dice que la NASA no lo dejaría entrar ni por la puerta trasera. Si a Paul nadie parece poder entenderlo, a Johnny nadie parece siquiera querer entenderlo.

Es todo muy angustioso, lo cual no resulta en la experiencia más “feel-good” del mundo. No obstante, “Armageddon Time” igual cuenta con algunos momentos de ligereza, en donde uno siente que quizás hay esperanzas para Paul. Por ejemplo los momentos que comparte con su abuelo —especialmente una escena en el parque, en donde finalmente logran lanzar un cohete espacial de juguete. O el momento en que la profesora de arte destaca un dibujo hecho por Paul, para luego exhibirlo en uno de los pasillos del colegio. Esto nos muestra que si el chico es escuchado, si es considerado por gente que no lo trate de encasillar, podría llegar muy lejos.

Banks Repata hace un buen trabajo como Paul, desarrollándolo como un chico algo berrinchudo y engreído —lo cual podría hacer que ciertos miembros del público no lleguen a empatizar del todo con él. Pero lo que me parece hace la película es, justamente, explicar por qué es así —lo cual, además, contrasta con la manera en que se comporta cuando está con su abuelo. Y de hecho, Anthony Hopkins, previsiblemente, resalta como el abuelo Aaron, una figura importante y carismática en la vida de Paul. Jaylin Webb es creíble como Johnny, Anne Hathaway da una actuación sutil como Esther, y Jeremy Strong logra otorgarle algo de humanidad a un personaje potencialmente estereotípico.

Al parecer, “Armageddon Time” fue estrenada con la esperanza de que, eventualmente, pueda ser voceada para premios como el Óscar. Desgraciadamente, eso nunca pasó, y habiendo visto la película, no es difícil entender por qué. No es que sea una experiencia terrible, pero tampoco llega a conectar del todo con el espectador, siendo demasiado sutil por momentos, y bastante deprimente en otros. La caracterización de Paul ciertamente no ayuda, y aunque Hathaway y Hopkins están bien, tampoco es que estén dando las mejores actuaciones de sus respectivas carreras. Pero fuera de eso, “Armageddon Time” logra convertirse en un filme imprevisible y refrescantemente poco nostálgico. No es “Los Fabelman”, pero tampoco tenía por qué serlo. 

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