[Festival de Lenguas Originarias 2023] «Pakucha» (2021)

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“Pakucha”, de Tito Catacora, es un documental en el sentido cinematográfico más estricto del término: una representación, con carácter informativo o didáctico, de hechos, escenas, etc., tomadas de la realidad. En este caso, la cámara sigue con cierta distancia a una familia alpaquera aymara que celebra un ritual milenario, el “Uywa ch’uwa”, mediante el cual se invoca a la “pakucha”, el alma de la alpaca, un apu protector y benefactor de importancia vital para la vida de la familia y la comunidad a la que esta pertenece. 

El director ha optado por exponer el ritual, enfocándose en el funcionamiento de la familia como colectivo, prescindiendo de voces individuales o de una voz en off que explique o contextualice lo que ocurre y el sentido de cada una de las etapas del rito. A cambio, ha trasladado esa narración a la voz colectiva, a las conversaciones que sostienen los miembros de la familia en su propio idioma, mientras pastorean, cocinan o participan del banquete del “pecho de oro”. Y también a las imágenes panorámicas de la naturaleza, y a los sonidos del agua, del viento, de las alpacas, de la familia, y cómo convergen tanto en la cotidianidad como en los ritos más elaborados.

La opción de dejar al espectador como un observador directo, sin intermediarios que procesen o dirijan su percepción, en el caso de aquel que es ajeno al contexto narrado, lo fuerza a una inmersión para deducir el significado profundo del ritual y, en general, los engranajes de una cosmovisión tan compleja como milenaria. En algunos casos, esta opción generará una relación como la del antropólogo con su objeto de estudio; pero en otros, se corre el riesgo de solo aportarle una comprensión superficial de una realidad difícil de asimilar sin experiencia previa o conocimientos especiales, o dejarlo solo en la expectación de los paisajes y los contenidos culturales distintos. 

Pakucha poster

Además, es claro que lo observado no se encuentra en estado natural y que, por tanto, no estamos ante una observación directa. Los diálogos de los integrantes de la familia explican demasiado explícitamente aquello que una voz en off no puede aportar, y exponen con crudeza una puesta en escena que a ratos hace perder verosimilitud a lo que estamos viendo. Es una concesión necesaria, en todo caso, para darle un contenido más claro a las imágenes logradas con una fotografía cuidada, de encuadres amplios y que invitan a la contemplación, como si se estuviese frente a una pintura fija en un museo. En ese sentido, el trabajo del director de fotografía, Oscar Catacora, fallecido tempranamente, es de factura mayor. Pero, por sí mismas, es muy probable que estas imágenes no tengan la suficiente fuerza para transmitir sentimientos, idiosincrasias, creencias, moralidades, cosmovisiones, que si bien son comunitarias, también tienen un lado de individualidad, que la película renuncia a ver. 

Estamos de acuerdo en que lo colectivo es central en la cultura indígena, pero perder de vista cómo la individualidad es, a la vez, reforzada y limitada por esa colectividad, puede convertirse en una traba para que el documental cumpla una función más allá de celebrar la persistencia del ritual y de preservarlo en la memoria nacional, sobre todo cuando existe un alto riesgo de que se pierda.

Por supuesto, valoramos que el cine peruano, especialmente el regional, se esfuerce en darle voz a los pueblos indígenas, en revalorar su cultura, y en preservarla. Si solo ese fuese el objetivo de esta obra, pues en este caso lo cumple con creces, y la película no necesita más, aunque corra el riesgo de reducir su alcance a los espacios académicos, los museos y la memoria colectiva indígena. Por sí misma, estamos ante una obra que puede ser considerada de arte. Pero si se desea un alcance mayor, como atraer a públicos no indígenas más amplios, hacer que estas cosmovisiones conversen con otras, tal vez, más citadinas, y que sean reconocidas y respetadas por todos y todas, entonces tal vez deba echarse mano de otras estrategias. 

El cine de temática y autoría indígena está en proceso de progresivo crecimiento y fortalecimiento en nuestro país. Es una buena noticia, de la que “Pakucha” forma parte, y que nos alegra, pero que también debiera motivarnos a pensar y repensar en cómo seguir abriéndole caminos cada vez más efectivos.  



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