[Crítica] «Extraña forma de vida», de Pedro Almodóvar

extraña forma de vida

Al ser un mediometraje de media hora, “Extraña forma de vida” nos deja con ganas de más. Con ganas de quedarnos por más tiempo en este mundo, con ganas de ver a estos personajes por más tiempo, y hasta con ganas de ver qué es lo que sucederá con ellos posteriormente. Curiosamente, esto último es explicado por el mismísimo Pedro Almodóvar en una (larga) entrevista que se proyecta luego de la película. Evidentemente no quiero entrar en territorio de spoilers, por lo que solo diré que la explicación de Almodóvar no hizo más que fortalecer mis ganas de saber qué es lo que pasa con los protagonistas del film luego de su abrupto desenlace. Entiendo que el filme fue concebido, desde un inicio, como una película corta, pero no puedo dejar de sentir que se hubiese visto beneficiado por una mayor duración.

En todo caso, es mejor una historia que nos deje con ganas de ver más, que una que se sienta innecesariamente estirada. Lo que tenemos en “Extraña forma de vida” es la historia de dos vaqueros enamorados; como dijo Almodóvar en algún momento, una variación muy propia de “Secreto en la montaña”, pero no realmente. El corto de Almodóvar es más gentil y está más interesado en las amorosas interacciones entre el Jake de Ethan Hawke y el Silva de Pedro Pascal. Además, no estamos hablando de personajes que recién se conocen. Más bien, son dos hombres que comparten todo un historial, y que tienen que enfrentarse el uno al otro después de muchos años de separación, mezclando todo tipo de sensaciones y sentimientos extremadamente intensos.

Al comenzar “Extraña forma de vida”, vemos a Silva entrar al pueblo donde el antes forajido Jake ahora es sheriff. Luego de verse por primera vez en años, pasan una noche juntos, y es al día siguiente que el primero le revela al segundo que no ha cruzado el desierto solo para verlo. De hecho, le preocupa el futuro de su hijo, Joe (George Steane), quien acaba de asesinar a alguien. Evidentemente, Silva le pide a Jake que tenga piedad, pero este es ahora un hombre de ley. No importa que todavía sienta atracción hacia Silva; se niega a ceder. Este conflicto resulta en un enfrentamiento violento, que termina por cementar la relación complicada entre ambos, y los deja en una situación de futuro incierto (o si debemos creer en el resumen de la supuesta secuela por parte de Almodóvar, en una situación de futuro trágico).

La relación entre Silva y Jake es desarrollada de manera irregular. El trabajo de Hawke y Pascal es creíble, dejando en claro que sus personajes se conocen desde hace años. Miradas, movimiento corporal, acciones específicas mientras acomodan sus cosas en la habitación de Jake… ambos actores utilizan varios recursos para transmitir el amor (o al menos la atracción) que sienten el uno por el otro, y la imposibilidad de seguir juntos. Hasta cierto punto, la historia de Jake y Silva es una tragedia; dos hombres viviendo en un mundo machista y agresivo, que quieren estar juntos —por más de que uno de ellos se rehuse a admitirlo— pero que simplemente no pueden hacerlo. Súmenle a eso el rol de Joe, un chico violento y sexista, y la cuestión se termina de complicar.

Y sin embargo, algo le falta a “Extraña forma de vida”. Se puede deber a la poca duración de la película, como se mencionó líneas arriba, que le impide a Almodóvar desarrollar a profundidad el anhelo que uno siente por el otro. Pero también hay ciertos momentos de supuesta emotividad potente, que no son transmitidos con la intensidad que uno esperaría. Jake y Silva deberían encender la pantalla con la pasión de su romance prohibido, y sin embargo eso no sucede. De hecho, dicha pasión es transmitida con mayor efectividad durante un flashback protagonizado por versiones jóvenes de los vaqueros, en el que los vemos bañarse en vino y emborracharse juntos luego de divertirse con un grupo de prostitutas.

No obstante, no se puede negar que “Extraña forma de vida” es una interpretación bien de Almodóvar de un western. A pesar de tratarse de una coproducción con Yves Saint Laurent, el filme nunca se llega a sentir como material promocional, ni como un comercial. El vestuario del diseñador Anthony Vaccarello complementa la caracterización de nuestros protagonistas —hasta la chaqueta verde de Silva se siente apropiada para el contexto que ha desarrollado Almodóvar para la historia. Tal y como uno se imaginaría, el cineasta español utiliza las características propias del western para darles una vuelta y desarrollar una historia íntima y colorida, que no se siente similar ni a los clásicos de John Ford, ni a los spaghetti westerns de Sergio Leone. Es algo distinto, casi de ensueño.

Este mundo construido por Almodóvar y compañía, sin embargo, se esfuma muy rápido. Cuando el espectador está más metido en este contexto, cuando está más preocupado por estos personajes y por lo que les está a punto de pasar… el filme termina. Se trata de un desenlace abrupto que, nuevamente, lo deja a uno con ganas de más, y que termina por dar la sensación de que “Extraña forma de vida” muy fácilmente pudo haber sido un largometraje. Este Almodóvar se siente limitado por el formato y duración de su película, como si hubiese querido escapar un poco de estas restricciones —dándole una interesante historia de trasfondo a sus protagonistas, construyendo un mundo palpable—, pero sin lograrlo del todo. Al final, da gusto ver algo como “Extraña forma de vida” en cines, pero también lo deja a uno con ganas de ver una historia completa por parte de Almodóvar. Espero que su siguiente proyecto le permita ir más allá de la superficie. 

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