En un territorio donde el calor no solo se siente, sino que define la manera de habitar el mundo, Heat (2026) de la suiza Jacqueline Zünd se instala como una observación sobre la desigualdad desde lo climático. Más que registrar temperaturas extremas, el documental propone observar cómo estas se distribuyen de forma desigual entre quienes pueden resguardarse y quienes deben enfrentarlas directamente, convirtiendo al Golfo Pérsico en un escenario donde sobrevivir no significa lo mismo para todos. Es en esa diferencia donde la película encuentra su eje, mientras apuesta por un ritmo contemplativo y sensorial que se construye a partir del agotamiento de sus personajes y del propio clima.
En su búsqueda de este relato de una ciudad consumida por el calor, Zünd recurre a una serie de testimonios que evidencian cómo el privilegio permite amortiguar las condiciones climáticas, mientras que otros —desde repartidores y trabajadores migrantes— deben adaptarse a escenarios mucho más hostiles. La inclusión de estas voces amplía el panorama del documental, no solo centrándose en habitantes originarios, sino también en quienes llegan al lugar obligados a convivir con estas temperaturas en contextos laborales exigentes. La propuesta del lenguaje audiovisual se acopla a buscar estos caminos extensos y arduos en los protagonistas.

A la par, la directora introduce una sensibilidad particular al observar gestos de empatía en medio de esta lógica de supervivencia. Esta mirada no se limita a las relaciones humanas, sino que también se extiende hacia los animales, sugiriendo una convivencia compartida dentro de un entorno que está abandonado en gran parte por la gestión del Estado y donde sus propios pobladores buscan los medios para subsistir. Sin embargo, luego de quedar claro este contraste entre varios testimonios, el documental tiende a repetirse mientras sigue buscando esta sensación de austeridad y abandono del gobierno.
Desde lo formal, Heat adopta un tono contemplativo que refuerza su carácter observacional. Sin embargo, si bien el punto central —las distintas formas de experimentar el calor según la condición social— se establece con claridad, la insistencia sobre esta idea termina volviéndose algo reiterativa. La película logra transmitir su intención, pero en su desarrollo pierde algo de fuerza al no expandir o complejizar más allá de su premisa inicial.



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